sábado, 8 de abril de 2023

La guerra México-EE. UU. La colonización de Texas. Entrega No. 2

 


Por Luis Villanueva

Si desea usted leer la primera entrega, puede acceder a ella en la siguiente liga:
1.- Entrega No. 1: Aquí

Stephen Fuller Austin. La colonización de Texas. Una Síntesis
    Desde un año antes de la muerte de su padre, Stephen F. Austin mostró algo de vacilación para entrar en la empresa texana. En una carta escrita a su cuñado en abril de 1820, expresó sus planes de permanecer en Arkansas durante el verano, “y después de esto, es incierto a donde iré”. En una segunda misiva escrita en junio, le pidió que, si viera a su padre, Moses, le dijera sus planes de ir a vivir a la desembocadura del río Blanco;[1] pero si esto no fuera posible, entonces bajaría por el Mississippi en busca de empleo. En julio, Austin aceptó una oferta del gobernador de Arkansas para ocupar un escaño en el tribunal judicial de ese mismo estado; pero apenas había tomado posesión cuando renunció, y a fines de agosto ya se encontraba en Luisiana. A inicios de diciembre, un envío expresaba la esperanza de Stephen Austin de establecerse permanentemente en este último lugar. En enero 20 de 1821, escribió a su madre que desconocía por completo sobre los proyectos de su padre, aunque estaba en el entendido que en febrero estaría en camino de vuelta a Natchitoches. Mientras tanto, Stephen viajó a Nueva Orleans en busca de trabajo, en donde se ofreció, entre otras funciones, como empleado o supervisor, Es en este momento cuando conoció a Joseph H. Hawkins, un abogado que su hermano había tratado en Lexington y quien le ofreció enseñarle leyes, hospedarlo y prestarle libros y dinero para ropa. “Una oferta tan generosa [dijo Austin] y de un hombre que dos meses antes me era completamente desconocido, casi ha hecho cambiar mi opinión de la raza humana…He determinado aceptar el ofrecimiento de Hawking.” Entre tanto, Stephen estuvo desempeñándose como asistente de editor del Louisiana Advertiser.[2]
    Este plan cambió con el éxito de su padre, Moses Austin, en Texas. Hay una carta del 22 de mayo que indica que hubo correspondencia previa con Stephen, pero ninguna ha sobrevivido al tiempo. Sin embargo, es evidente que había entendimiento entre ellos y que esto fue el motivo por el cual el viejo Austin incluyó a Hawking dentro de la empresa texana. Una misiva de su madre con fecha del 8 de junio, le informó de la desesperada enfermedad de su padre y otra más de James Bryan[3], le repite los ruegos de Moses para que lleve a cabo el contrato de colonización[4]. Austin partió a Natchitoches el 18 de junio para encontrarse con la escolta que el gobernador de Texas, coronel Antonio María Martínez, había enviado para acompañar a Moses Austin de vuelta a San Antonio de Béjar. Que Stephen estuvo preparándose para ello, lo demuestra el hecho que en Nuevo Orleans consiguió entre ocho y diez hombres para reconocer el territorio. También, anticipando la muerte de su padre, Stephen acordó con Hawkins que abriera su correspondencia y  le notificarla por mensajero especial cuando esto pasara.[5]
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    Entre tanto, en las Cortes españolas surgió el reparto de tierras como una cuestión de importancia, por lo cual se presentó un proyecto de ley que buscaba fomentar y reglamentar la colonización, con nacionales y extranjeros, en las despobladas tierras al Norte de la Nueva España. Entre las observaciones surgidas a esta ley por algunos diputados mexicanos, estuvo la insistencia de que debería tenerse precaución con los ciudadanos estadounidenses que se establecían en las zonas fronterizas como Texas, algo que resultaría a la postre premonitorio. Después de algunas enmiendas, el proyecto fue aprobado el 28 de junio de 1821 y nombrado una comisión para presentar el documento y lo firmase el rey.[6]
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Austin llegó a Natchitoches el 26, encontrándose con los enviados de Martínez, don Erasmo Seguín[7] y don Juan Berramendi, entre otros españoles más. El 4 de julio le escribió a su padre, enviándole una traducción del permiso otorgado por el comandante general, Joaquín de Arredondo, para colonizar Texas (17 de enero de 1821). El 7 dejó a Seguín para continuar hasta un campo cerca de la casa de McGuffin, en donde se unió a su grupo y permaneció hasta el 9 debido a la pérdida de algunos animales. Al romper el alba del día 10, supo de la muerte de su padre, pero continuó hasta el poblado de Sabine, en donde estuvo todo el 11, retornando a Natchitoches el 12. Escribió a su madre que él continuaría con la empresa iniciada por su padre. Abandonó ese poblado el 14, adelantándose Seguín y retorna a Sabine el 15. En su diario da detalles de su itinerario y observaciones sobre el territorio que atravesaba. En el poblado de Nacogdoches, 36 de sus habitantes se sumaron al escuchar a Seguín entregar las órdenes del gobierno y nombraron temporalmente a James Dill[8] como cabeza de ese asentamiento, aunque varias familias de allí accedieron a moverse dentro de la concesión de Austin. El grupo dejó Nacogdoches el 21 de julio, después de retrasos en su salida debido a enfermedades y a la búsqueda de un hombre que se perdió en el bosque, llegando a San Antonio de Béjar el 12 de agosto. Seguín escribió al gobernador Martínez el 10 desde la zona del río Guadalupe, el grupo de Austin estaba compuesto por 16 personas y que Stephen era un hombre con el cual el gobernador podía obtener buenos resultados. También le sugirió que preparara cuartos confortables para este a su llegada. Por otra parte, en una carta escrita por Félix Trudeau, cónsul español en Natchitoches, igualmente le expresó una opinión muy favorable sobre el colonizador.[9] [10] [11]

    Martínez recibió muy cordialmente a Austin en San Antonio de Béjar, reconociéndole sin demora como heredero de la concesión de su padre el 14, para luego entrar en arreglos detallados con respecto al establecimiento de la colonia, autorizándole explorar las tierras del Colorado y el cauce de este río hasta la desembocadura; y también para introducir provisiones, herramientas e implementos de granja libre de impuestos a través del puerto de San Bernardo, exención que había sido legalizada por el comandante general. Por su parte, Austin tenía bajo su responsabilidad el buen comportamiento de los inmigrantes, no admitiendo a nadie sin cartas de recomendación de sus respectivos sitios de residencia; y hasta que el gobierno pudiera organizar la administración local, ellos “deben ser gobernados por y estar subordinados a” Austin. El 18, Stephen presentó el memorándum de un plan para la distribución de tierras entre los colonos, el cual, tras ligeras modificaciones hechas por el gobernador Martínez, fue formalmente aprobado al día siguiente. Cabe mencionar que, por aquellos años, el territorio de Texas era inhóspito y despoblado, en donde solo existían algunos asentamientos, misiones y presidios como los de San Antonio de Béjar y Nuestra Señora de Loreto de la Bahía (conocida como “La Bahía”). También existían grupos de indios que estaban en pie de lucha y que se mostraban hostiles a las nuevas fundaciones. El 21, Austin reanudó el camino siguiendo la ruta a lo largo del río San Antonio, escoltado un tiempo por el gobernador, el Barón de Bastrop y Berramendi. El primer día, el grupo llegó a la misión de San Juan Capistrano, en donde el colonizador detalló en su diario sobre las misiones y sus sistemas de riego. Posteriormente, llegaron a La Bahía el domingo 26, en donde al día siguiente presentó sus credenciales al alcalde y solicitó guías, como había sido instruido hacer por el gobernador. El alcalde le dijo que solo había dos soldados competentes para ser guías, pero que no podía prescindir de ellos sin una orden especial del gobernador. Austin decidió esperar hasta que el alcalde recibiera instrucciones a ese respecto, y dedicó el tiempo de espera en escribir cartas y preparando a seis de sus acompañantes para que volvieran a los EE. UU., con los caballos y mulas que sobraban, (alrededor de 60), lo que indica que posiblemente contaba también con alguna licencia de comercio. El 1 de septiembre, el mensajero retornó con la noticia de que el gobernador no tenía elementos para sustituir al par de soldados guías, por lo que a recomendación del alcalde, Austin se valió, por un peso diario, de Manuel Becerra, uno de los regidores del pueblo, además de contratar dos indios Jaraname[12]como pilotos”.[13] [14] [15] [16]
    Partieron el 3 siguiendo, durante 16 millas el camino a Opelousas hasta el arroyo Coleto, en donde el grupo giró hacia abajo hasta el río Guadalupe y siguieron su cauce hasta alcanzar la bahía de San Antonio. El 7, Austin pidió al guía ir a la vieja misión y presidio de La Bahía. Entonces, Becerra tomó rumbo al Este, aunque el sitio que estaba buscando se encontraba cerca de la desembocadura del arroyo Garcitas, casi al Noroeste. Después de andar 15 millas, subieron por la orilla de una de las ensenadas de la bahía Lavaca, para luego deambular varios días por la costa occidental de este mismo sitio. Austin se dio cuenta que el guía no conocía el territorio y lo despidió. Esto último se desprende del reporte de Becerra en su retorno al poblado de Goliad (La Bahía); sin embargo, su aparente ignorancia se originaba en el hecho que, mientras el permiso de Austin solo le autorizaba a explorar el Colorado, estuvo mapeando cuidadosamente el valle del río Guadalupe y parte de la costa. Se movieron entonces hacia el noreste, hasta llegar al río Colorado entre los actuales pueblos de Columbus y Wharton. Siguieron río abajo alrededor de treinta millas y giraron nuevamente hacia el noreste, hasta llegar al río Brazos[17] el 20 de septiembre, cerca de San Felipe, lugar donde más tarde establecería su capital. En este sitio dividió al grupo para explorar ambos lados del Brazos, partiendo el 22 hacia Natchitoches, a donde llegaron el 1 de octubre. En su viaje a San Antonio y en subsecuentes exploraciones, Austin atravesó una región ahora ocupada por 23 condados, obteniendo una impresión muy certera del curso bajo de los ríos San Antonio, Guadalupe y Brazos. Cabe señalar que en esta vasta región solo había dos villas, con una población total, según el gobernador, de 2 516 almas. Estos eran San Antonio de Béjar y La Bahía o Goliad. Nacogdoches había sido, antes de la revolución y de las expediciones filibusteras que iniciaron en 1812, un poblado con cerca de mil personas, pero la guerra y la rapiña dispersaron a sus habitantes y cuando Moses Austin pasó por ella a fines de 1820, se encontraba abandonada. Unos cuantos rezagados e ilegales americanos de los alrededores fueron acogidos por Seguín, a los cuales se les dio una organización local durante el verano, tal y como se detalló párrafos arriba. La población en general se encontraba dispersa aquí y allá a lo largo de los ríos Sabine y Rojo; y de cuatro misiones cercanas a San Antonio, una estaba abandonada y tres se encontraban ocupadas con la tierra cultivada por las familias del poblado, pero todas casi en ruinas. Las dos misiones cercanas a La Bahía se mantenían, pero los sacerdotes no tenían autoridad y los indios iban y venían a su antojo. En ese sitio también había algunos soldados y en San Antonio contaba con una guarnición fuerte, pero el Ayuntamiento se quejaba de que estaban sin monturas, mal uniformados y sin suministros; que eran inútiles en el campo y una molestia en las barracas, de donde se veían obligados a salir y obtener algo para subsistir robando a los ciudadanos. Por otra parte, el gobernador aparentemente veía con buenos ojos la ocasional partida de caballos y mulas a Natchitoches, y era ciego cuando los audaces aventureros llegaban con esos animales cargados con tabaco, harina, ropa, zapatos, entre otros productos. Austin observó que había circulante suficiente en La Bahía debido al comercio entre Natchitoches y la costa, pero el poblado estaba en ruinas y la gente vivía muy pobremente, teniendo un poco de ganado y caballos que habían escapado de los indios y cosechando algo de maíz. En sus casas no había muebles o los tenían contadamente. Tampoco había cuchillos, por lo que comían con tenedores, cucharas o con los dedos. El gobernador Martínez comentaba que era absolutamente necesario para la nación hacer esfuerzos para poblar la provincia, y que esto sería más fácil y menos caro si se ofrecían incentivos que atrajeran extranjeros rápidamente al país. De allí su bienvenida a Austin.[18]
    Desde Natchitoches, Austin envió a Martínez un reporte de su reconocimiento, delineando las fronteras que deseaba para su colonia y su plan final para para la distribución de tierra entre los colonos. Aunque tenía planeado distribuir los asentamientos en el valle entre el Colorado y el Brazos, el área solicitada ahora era mucho más grande: desde la desembocadura del río Lavaca hasta su nacimiento, de allí a lo largo de la cuenca entre los ríos Guadalupe y Colorado hasta un punto situado seis leguas por arriba del camino Béjar-Nacogdoches, para seguir paralelo al camino hasta la cuenca de los río Brazos-San Jacinto, bajando hasta el mar y a lo largo de la costa hasta el punto de inicio. Por su parte, cincuenta familias de los alrededores de Nacogdoches se habían agregado a la empresa entre noviembre y diciembre, pero como Austin no podría estar allí para recibirlos, envió a un agente como supervisor para prevenir que se sobrepusieran ubicaciones. También envió a Josiah H. Bell, uno de sus anteriores asociados en Arkansas, para ejercer temporalmente en el asentamiento las labores de justicia y paz. En Natchitoches encontró cerca de cien cartas de Misuri, Kentucky y otros estados del occidente y se convenció que podría establecer mil quinientas familias tan fácil como las trescientas consideradas inicialmente. Desde que Martínez decidió la rápida colonización de la provincia, Austin propuso un plan con el cual podría lograr esto: dejó al gobernador que nombrara un comisionado o superintendente de inmigración, que conociera las condiciones en los Estados Unidos y el carácter de sus habitantes tan tan bien como la calidad y situación de las tierras en Texas (él mismo en corto) y un agrimensor general, el cual, independientemente del comisionado, podría actuar solo en los certificados emitidos por él y dejar a ambos oficiales la administración de las regularizaciones de colonización que el gobierno deseara prescribir. Por otra parte, la distancia a San Antonio, lo caro del viaje, la incertidumbre y dificultad de hacer frente a un gobierno en un idioma que no entendían podría disuadir al mejor tipo de inmigrantes a arriesgarse en la aventura. Martínez aprobó el plan y recomendó a su superior su adopción y el nombramiento de Austin, “porque es un sujeto que sabe y quien durante su estancia en esta ciudad dio la impresión de ser un hombre de honor, de escrupuloso respeto por la formalidad y de querer aprender a desempeñar los deberes propuestos por su difunto padre. Con todo, la recomendación fue rechazada.[19]
Fragmento del “Map of Texas. With Parts of the Adjuining States. Completed by Stephen F. Austin” (1836), en donde se aprecia la colonia Austin. Los límites som muy semejantes a los planteados inicialmente por el colonizador en 1821.

      Pero Austin no era el único que por esos años buscaba conseguir tierras y colonizar. Un filibustero angloamericano, James Long, porfiaba en crear una república en Texas. En 1819 hizo un primer intento, cuando este territorio aun pertenecía a la corona española. Sus fuerzas navegaron por el río Sabines, capturando Nacogdoches el 8 de junio, en donde estableció un gobierno independiente con él como presidente y comandante en jefe. Sin embargo, fue expulsado por las tropas españolas acuarteladas en San Antonio de Béjar, logrando escapar a Natchitoches. Durante 1820, Long estuvo recaudando recursos para una segunda expedición, misma que realizó el 19 de septiembre de 1821, ya con México independizado de España. En esta ocasión navegó hasta la bahía Magdalena, desembarcando en el río Colorado con 51 de sus hombres. El 4 de octubre capturó el presidio de la Bahía del Espíritu Santo, intentando reestablecer su república. Pero Long se vio obligado a las fuerzas del teniente coronel Ignacio Pérez cuatro días más tarde, perdiendo armas, pertrechos y los dos buques en que arribó con sus hombres. El filibustero fue entonces enviado a Monterrey, en donde estuvo encarcelado por algún tiempo y luego a la capital del imperio en marzo de 1822. Allí buscó exponer su caso ante Iturbide, pero fue asesinado por un centinela el 14 de mayo de ese año, a la puerta del edificio de la Inquisición, sitio que era utilizado como prisión.[20] [21] [22]

    El 10 de noviembre, Austin regresó a Nueva Orleans para hacer algunos arreglos de último momento. También compró un pequeño barco, la goleta Lively, de 30 ton., a un costo de $600 y cuya mayor parte fue cubierto por Edward Lovelace, uno de los hombres que lo acompañó en su exploración del verano pasado. Hawkins lo equipó y la nave zarpó a fines de noviembre con provisiones, herramientas, semillas y entre 17 y 18 inmigrantes con instrucciones de seguir la línea de costa desde la isla de Galveston hasta el río Guadalupe, desembarcar en la boca del río Colorado, levantar una estacada, sembrar y cultivar cinco acres[23] de maíz y permanecer al servicio de Austin hasta diciembre de 1822, fecha en que él les daría a cada uno de ellos 40 acres de tierra y la mitad del rendimiento de la cosecha. Entre tanto, este había accedido a proporcionarles herramientas y animales de trabajo, además de pagar sus gastos de manutención mientras estuvieron a su servicio. Austin firmó con Hawkins un contrato para formalizar su acuerdo previo, por el cual el segundo comprometió $4 000 para inaugurar la colonia y el primero daría a Hawkins la mitad de la tierra y otros beneficios derivados de la empresa. Desde agosto, Austin había escrito en Goliad los términos que proponía para la colonización, los cuales aparecieron publicados en los periódicos del valle del Misisipi, levantando gran interés. Stephen había dado su oferta definitiva: los colonos recibirían la cantidad de tierra indicada en su carta al gobernador Martínez desde Natchitoches -Mecánicos y hombres de capital se les daría tierra adicional y privilegios “en acuerdo a su capacidad para ser útil”. Por su parte, los colonos debían hacer juramento de lealtad al recién establecido gobierno mexicano, pagar a Austin 20.5 centavos por acre de tierra, la cual quedaría libre de cualquier otro honorario y gastos; y colonizar y cultivar una parte de la tierra concesionada para enero de 1823. Además, nadie sería admitido si no “da satisfactoria evidencia de ser un ciudadano moral, sobrio e industrioso”. Finalmente, y de acuerdo con las instrucciones de Martínez, Austin firmó como “Comandante Civil de la Colonia”.[24]

    Los detalles sobre su retorno a Texas se han perdido, pero probablemente Austin dejó Nueva Orleans el 25 de noviembre. El 7 de diciembre estaba de vuelta en Nacogdoches, de donde, sin dudarlo, partió al interior. Durante su ausencia, pocas de las “cincuenta o más” familias de las cuales había escrito a Martínez desde Nacogdoches, se habían mudado. No obstante, durante enero y febrero de 1822 el movimiento hacia la colonia fue más activo. Era de entenderse, pues para los colonos fue necesario dejar los EE. UU. después de recogida su cosecha y llegar a Texas a tiempo para sembrar la siguiente. Mientras tanto, Austin empleó ese par de meses para buscar al grupo que el Lively debió haber desembarcado en la boca del Colorado. Como no los encontró allí, fue a San Antonio para notificarlo al gobernador Martínez. Por varios meses el destino del Lively fue motivo de ansiedad para Stephen, corriendo el rumor entre los primeros colonos y más tarde en la tradición, que el barco se había perdido sin que se supiera nada más de él. La realidad es que la nave, después de partir de Nueva Orleans el 3 de diciembre, navegó más allá de la desembocadura del río Brazos; el 23 regresó a ese sitio y desembarcó su carga y a los colonos creyendo que era la boca del río Colorado. Se desconoce qué fue lo que sucedió en la goleta durante esos 20 días, pero la nave navegó hacia el Sur para hacer sondeos y algunos de los colonos que quedaron atrás, esperaron que regresara, pero no volvieron a verlo más. No obstante, el barco navegó hasta Nueva Orleans, donde arribó en algún momento antes del 6 de febrero. Tomó más carga y pasajeros y zarpó hacia Texas en mayo o junio, pero naufragó en la costa occidental de la isla de Galveston, con la consiguiente pérdida de toda su carga. Los pasajeros fueron rescatados de la isla por la goleta John Motley y dejados en la boca del Colorado. Entre tanto, el grupo en la desembocadura del río Brazos, decepcionados por no haber encontrado a Austin, se dividió en dos grupos dirigidos por un par de colonos que conocían algo de la zona por haber participado en la exploración del verano pasado. Mientras uno de ellos llevó vanamente a su grupo corriente arriba en búsqueda de un sitio para asentarse, el otro permaneció abajo para vigilar una casa grande que habían construido cerca de una pequeña cascada. Cuando volvieron a reunirse, se mantuvieron a la ventura, tratando de levantar una cosecha de maíz debido a que sus reservas de alimento prácticamente se habían consumido. La severa sequía de 1822 dio al traste con sus esfuerzos y finalmente todos los colonos, salvo dos o tres, regresaron a los Estados Unidos. [25] [26]
    En San Antonio de Béjar, reciente la decepción en la desembocadura del río Colorado, una nueva sacudida esperaba a Stephen Austin: El gobernador Martínez había actuado sin consultar a su superior para reconocerlo como el sucesor de su padre. Aparte y a sabiendas de la condición desértica de Texas, de las dificultades de comunicación y del viaje, y de que los colonos deben tener subsidios permanentes para que puedan construir refugios para sus familias y sembrar, aprovechó los planes de Austin para distribuir la tierra y además, respaldó su sugerencia de que se nombrara un comisionado de inmigración. Por otro lado, en Monterrey, cien leguas al Sur, el comandante general y la diputación no tenían el conocimiento de aquellos problemas prácticos, ni tampoco compartían el anhelo del gobernador texano de colonizar el territorio. Ellos respondieron al reporte de Martínez de que Austin no debía “distribuir tierras, nombrar jueces o asumir cualquier autoridad”, pero que en todos los casos él podría hacer saber sus deseos al gobernador superior (ellos mismos), y esperar sus decisiones. Y mientras tanto, los inmigrantes podían ser ubicados provisionalmente en algún sitio designado por el ayuntamiento más cercano. Por ese tiempo, el gobierno mexicano había iniciado una política de colonización en Texas y las californias y a sabiendas de este cambio en la política migratoria y que podría ser demorada la resolución sobre la concesión de Austin, Martínez le aconsejó que fuera a la Ciudad de México a tratar de que se lo confirmasen. Esta fue una contingencia completamente inesperada y estresante para el colonizador, pues tenía la responsabilidad con los inmigrantes que habían traído a Texas, quienes corrían el riesgo de sufrir una gran demora en obtener sus tierras[27].

Stephen Fuller Austin (1793-1836)

Imagen de encabezado: "A New Map of Texas, with the Contiguous American & Mexican States . . . 1836". BLR. Barry Lawrence Ruderman. Antique Maps Inc. https://www.raremaps.com/gallery/detail/91525/a-new-map-of-texas-with-the-contiguous-american-mexican-s-mitchell-young 

[1] Este río atraviesa Arkansas y Misuri. Desemboca en el río Misisipi.

[2] Eugene C. Barker, The life of Stephen F. Austin, USA, Cokesbury Press, 1925, p. 32-33

[3] James Bryan fue un minero emprendedor. Casado con Emily Margaret Brown Austin, fue cuñado de Stephen F. Austin.

[4] Para mayores detalles, leer la primera entrega de esta serie.

[5] Baker, op.cit., p. 33-34

[6] Nettie Lee Benson (coord..), México y las Cortes españolas, México, Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, 2014, p.  275 https://www.te.gob.mx/publicaciones/sites/default/files//archivos_libros/mexico_cortes_espanolas_0.pdf

[7] Juan José María Erasmo de Jesús Seguín (26 de mayo, 1782-30 de octubre de 1857). Fue firmante del Acta Constitutiva de la Federación Mexicana, diputado por Texas en el Congreso mexicano, donde apoyó la inmigración de anglosajones a ese territorio. Combatió en la guerra de Texas, sin tener la certeza si apoyó abiertamente la creación de la República de Texas y su anexión a EE. UU.  Por los inmigrantes sajones, ya que fue varias veces señalado como conspirador para que Texas se reincorporara a México federalista como era el espíritu original de la guerra texana.” Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Erasmo_Segu%C3%ADn 

[8] Dill, James (1766 ca – 1825). Fue uno de los primeros comerciantes indios. Vivió junto con su familia en Nacogdoches desde 1799 hasta 1813, retornando a este poblado en 1820 por invitación de Erasmo Seguín. Fue elegido alcalde de Nacogdoches en 1821 (quizá sea este nombramiento al que hace referencia Baker en su libro). https://www.tshaonline.org/handbook/entries/dill-james

[9] Baker, op.cit., p. 34-35

[10] The Portal to Texas History, “Transcrip of letter from Josef Erasmo Seguín to Antonio María Martínez, August 10, 1820”, https://texashistory.unt.edu/ark:/67531/metapth216412/m1/1/  (consultado el 8 de abril de 2023)

[11] Eugene C. Baker, Annual Report of the American Historical Association, for the year 1922. The Austin papers (V. II), United States, Goverrment Printing Office, 1928, p. 60

[12] Los Anaramas eran un pueblo indígena que vivían a lo largo de los ríos San Antonio y Guadalupe en el actual Texas, cerca de la costa del Golfo. Todos los Anaramas eran designados con un solo nombre: “Jaraname”. https://scholarworks.sfasu.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1521&context=ita (con información de Wikipedia).

[13] Baker, op.cit., p. 35-36

[14] The Portal to Texas History, “Transcripto of letter from Antonio María Martínez to Stephen F. Austin, August 21, 1821”, https://texashistory.unt.edu/ark:/67531/metapth216434/m1/1/ (consultado el 8 de abril de 2023)

[15]  The Texas General Land Office, “Letter, Martínez to Austin, Aug. 14, 1821”, https://www.glo.texas.gov/save-texas-history/pdf/martinez_to_sfa.pdf (consultado el 8 de abril de 2023)

[16] Eugene C. Baker, Annual report of te American Historical Association for the year 1919. Volumen II. The Austin Papers. Part 1, United States, Goverrment Printing Office,1919, p. 417

[17] Originalmente conocido como “Brazos de Dios”. Fuente: “Spanish dominions in North América. Northern part (1811)”. https://www.raremaps.com/gallery/detail/88717/spanish-dominions-in-north-america-northern-part-texas-me-pinkerton

[18] Baker, op.cit., p. 36-38

[19] Baker, op.cit., p. 38-40

[20] Lucas Alamán, Historia de Méjico: desde los primeros movimientos que prepararon su independencia en el año de 1808 hasta la época presente. Parte segunda. Tomo V, Méjico, Imprenta de J. M. Lara, 1852, p. 479

[21] “Bahía del Espíritu Santo”, en Gaceta imperial de México, 3 de noviembre de 1821, T. I, Núm. 19, p. 129-132

[22] Galis Gaylord Warren, “Long, james”, en TSHA. Texas State Historical Association, https://www.tshaonline.org/handbook/entries/long-james, (consultado 8 de enero de 2025) 

[23] Dos hectáreas.

[24] Baker, op.cit., p. 40-42

[25] Baker, op.cit., p. 42-44

[26]TSHA, “Texas State Historical Asociation”. Lively, https://www.tshaonline.org/handbook/entries/lively (consultado el 8 de abril de 2023)

[27] Baker, op.cit., p. 45

Bibliografía:

  • Barker, Eugene C. The life of Stephen F. Austin, USA, Cokesbury Press, 1925
  • Baker, Eugene TSHA, “Texas State Historical Asociation”. Lively, https://www.tshaonline.org/handbook/entries/livelyC. Annual Report of the American Historical Association, for the year 1922. The Austin papers (V. II), United States, Goverrment Printing Office, 1928, p. 60

martes, 21 de marzo de 2023

La guerra México-EE. UU. La colonización de Texas. Entrega No. 1

 

Por Luis Villanueva

Antecedentes de la colonización de Texas
Una síntesis y un preámbulo
    La expansión española en las región Noreste de lo que hoy es Estados Unidos de Norteamérica, tiene su antecedente más lejano con Álvar Núñez Cabeza de Vaca (1527-1537); seguido por Francisco Vázquez Coronado (1540-1542), Francisco Sánchez Chamuscado (1581-1582), Antonio Espejo (1582-1583) y Juan de Oñate (1598), entre otros. En principio, esta colonización fue lenta en parte debido a la resistencia de los indios y al poco rendimiento económico de la zona. Sin embargo, aún con sus vicisitudes, estas exploraciones lograron adelantar la frontera española hasta el río Rojo (hoy frontera entre los estados de Texas y Arkansas), a causa de la llegada de los franceses al oeste del río Misisipi, pues aceleró la exploración y colonización de este territorio con incursiones llevadas a cabo por Alonso de León (1690), Martín de Alarcón (1718. También fundó el presidio de San Antoni de Béjar, hoy San Antonio, Texas)Pedro Rábago y Terán (1740) y el Marqués de Aguayo, fundador del Presidio de Nuestra Señora del Pilar de los Aedes (1721). Este último fue levantado para controlar la expansión francesa en el Oriente texano y se mantuvo en funciones hasta que fue abandonado en 1773, cuando se ordenó dejar la misión del Este de Texas, después de adquirida la Luisiana por España con el tratado secreto de Fontainebleau (1762). [1] [2] [3] [4]
    El 22 de febrero de 1819, a través del Tratado de amistad, arreglo de diferencias y límites entre S.M.C. y los Estados Unidos de América (Tratado Adams-Onis) y a raíz de la cesión de la Florida por España a los EE. UU., se acordó que todas aquellas personas que quisieran trasladarse a los dominios españoles desde los territorios cedidos, “se les permitirá la venta o extracción de sus efectos en cualquier tiempo, sin que pueda exigírseles en uno ni en otro caso derecho alguno”.[5]

Moses y Stephen F. Austin
    Moses Austin fue un comerciante minero que en 1789 (o quizá un poco antes), arrendó o adquirido minas de plomo en New River, al sudoeste del estado de Virginia, sitio a donde se mudó en 1791. En 1796, ante la falta de éxito en sus negocios, migró hacia el sudeste de Missouri (conocido entonces como Alta Luisiana o Illinois), a sabiendas de los ricos yacimientos de plomo que allí existían. Su intención era reconocer el territorio, hacer inspecciones y de ser posible, adquirir una concesión, como finalmente lo hizo.  Por aquellos años, la política española de donaciones generosas de tierra a los colonos (en contraste con la pobre iniciativa estadounidense en este rubro), era un gran atractivo. Además, Francisco Luis Héctor de Carondelet, gobernador español de Luisiana y la Florida Occidental, también incentivó la migración ofreciendo utensilios de agricultura y provisiones por un año a los colonos. Carondelet lo hizo con la intención de establecer estadounidenses para formar una barrera contra los británicos canadienses y así ganar para España todo el valle del Mississippi. En enero de 1797, Austin llegó a San Luis Missouri, en donde presentó al teniente gobernador y comandante general, cartas del cónsul español en Louisville (Kentucky), quien a su vez extendió otras para el comandante François Vallé, en Santa Genoveva, poblado situado en la Luisiana española y a donde partió de inmediato. En este sitio fue apoyado por Vallé para que visitara unas minas situadas más al Este. Reconociendo Austin el favorable potencial minero de la zona, averiguó que las vetas, aun bajo el dominio real español, estaban en posibilidad de ser concesionadas. El 26 de ese mismo mes, Austin solicitó se le concesionara un vasto terreno de cuatro leguas cuadradas alrededor de las minas, al tiempo que formó una sociedad con John Rice Jones, Vallé y Pierre de Hault de Lassus de Luziere, para explorarlas si su solicitud era aprobada. Obvio, la función de estos oficiales era la de influir a su favor con el gobernador. Moses retornó a su casa en marzo, después de haber “recorrido dos mil millas, de las cuales 960 fueron en zona salvaje y muchas de las veces, con nieve de dos pies de profundidad”. Carondelet aprobó la concesión en mayo de aquel año y finalmente, el 8 de junio de 1798, partieron a Santa Genoveva Moses Austin y su familia, formada por su esposa Mary, su hijo Stephen F. Austin, entonces de cinco años (nació en Virginia, el 3 de noviembre de 1793), y su hija Emily M. B. Austin; además de otras cuarenta personas de raza negra y blanca; nueve vagones de carga, una diligencia y cuatro caballos. De las 17 personas que el 8 de septiembre lograron llegar a Kaskaskia (punto situado en el margen de un afluente del río Mississippi de igual nombre y a poco kilómetros de Santa Genoveva), 15 estuvieron demasiado enfermos o débiles para caminar. Pasados estos incidentes y una vez que Austin, en una sencilla ceremonia, juró lealtad para convertirse en súbdito español, él con su familia se establecieron en Santa Genoveva.[6]

Ubicación de Kaskaskia y Santa Genoveva
(1778)
    Aunque al inicio fue complicado, los negocios de Moses Austin prosperaron mientras estuvo bajo el dominio español, por lo que la compra de Luisiana por los EE. UU. no fue una buena noticia, pues trajo con ello impuestos, deberes militares y un sistema meticulosamente rígido con respecto a la posesión de la tierra. No obstante, la transferencia estimuló la inmigración a Missouri, permitiendo la expansión de considerables negocios. Austin pareció prosperar. Al cumplir su hijo Stephen 11 años en 1804, su padre lo envió con unos amigos a Connecticut, con instrucciones de que fuera inscrito en una buena escuela. Posteriormente cruzó las montañas y entró a la Universidad de Transilvania en Lexington, Kentucky, en 1810, En este sitio estuvo dos cursos y medio, pero no continuó estudiando, quizá debido a la falta de recursos económicos, pues sus siguientes dos hermanos ya venían detrás. Retornó a Missouri a los 16 para echarle una mano a su padre en sus dispersos intereses. Desafortunadamente, la situación económica se derrumbó con la guerra angloestadounidense de 1812, que paralizó todo el comercio y la industria, lo que, aunado a la depresión de 1818-1819, dio como resultado que en este último año Moses Austin cayera en bancarrota. Entre tanto, Stephen inició en 1814 una carrera legislativa cuando fue elegido para la Casa de los Representantes, sitio donde mantuvo tras ganar varias reelecciones, hasta que Missouri fue admitido en la Unión en 1820. Es importante resaltar esta etapa legislativa del joven Austin, pues es probable que durante este tiempo haya adquirido experiencia y conocimiento para su futuro en la práctica gubernamental de un estado fronterizo. [7]
Moses Austin 
(Octubre 4, 1761 – Junio 10, 1821)
Texas
    La idea de la empresa texana había revoloteado en la mente del viejo Austin por lo menos desde 1819, cuando habló de ese tema con su hijo Stephen poco después de la cesión de Florida a los Estados Unidos, en febrero de ese año. En septiembre, Moses contempló un viaje a San Antonio, pues aparentemente habría ideado algún tipo de operación comercial en el “país español”. Por ese motivo, en enero de 1820 solicitó a un amigo en Washington una copia del pasaporte que llevó a Missouri en 1797. Durante el verano de aquel año, acordaron padre e hijo que el primero viajaría a la capital de Texas, para solicitar a las autoridades españolas un permiso de establecer una colonia, mientras que Stephen se trasladaría a Nueva Orleans para preparar la salida de los colonos por si la petición era aprobada. En noviembre, Austin padre partió a San Antonio de Béjar con un caballo, una mula, un negro y 50 dólares en efectivo. Llegó a este sitio el 23 de diciembre con su sirviente y dos acompañantes (uno de ellos llamado James Kirkham), que se les habían unido en el camino. Austin fue “recibido” por el coronel y gobernador de Texas Antonio María Martínez quien, sin tomarse la molestia de mirar sus papeles, le ordenó “dejar Béjar de inmediato y abandonar la provincia lo más pronto posible”. A pesar del recibimiento, aquel día Moses corrió con suerte, pues se encontró con Felipe Enrique Neri, Barón de Bastrop, un viejo conocido de sus años en Luisiana, quien intercedió por él con el gobernador. Entonces se llevó a cabo una segundo encuentro, en donde Austin fue sometido al escrutinio de las autoridades españolas. En el interrogatorio declaró tener 53 años, católico y ser un antiguo súbdito del Rey de España, cosa que probó con su pasaporte de 1797; que deseaba establecerse junto con su familia en Texas para cultivar algodón, azúcar y maíz. Que no traía consigo bienes para comerciar y que solo llevaba una escopeta, una pistola, dos caballos, algo de ropa para su uso personal y fondos necesarios para el viaje. Agregó que era originario de Connecticut y residente en Missouri; que se trasladó al saber del restablecimiento de la constitución liberal en España para solicitar permiso de establecerse en el territorio. Que representaba a trescientas familias con el mismo objetivo y como español que era, buscaba cumplir la orden del Rey de permitir que sus súbditos se trasladaran a cualquier parte de sus dominios tras la venta de la Luisiana. Después de la indagación, el ayuntamiento fue consultado y tras tres días de liberación, Martínez accedió remitir su solicitud y recomendar su aprobación al comandante general Joaquín de Arredondo, quien la concedió el 17 de enero de 1821.[8] [9]
    Por su parte, y mientras esperaba la autorización, Moses Austin regresó a los Estados Unidos; pero su retorno fue complicado, pues descubrió que Kirkham era una persona temeraria y deshonesta. Desde su salida de Béjar, este hombre le dijo que algunos españoles deseaban viajar con ellos. En San Marcos, un poblado situado 50 millas hacia el Este, Moses supo que ese grupo podría unírseles en Colorado con una recua de mulas y caballos, algunos robados del corral real, pues Kirkham les había prometido que se los compraría. Ante la protesta de Austin de que dicho negocio era contrario a las leyes españolas, aquel respondió “que no había hecho nada que los molestara o dicho algo que pudiera inducirlos a llevar las mulas, exceptuando que, si ellos así lo hacían, él podría comprárselos”. Esto puso muy nervioso a Moses, pues temió que el gobernador pudiera tenerlo como cómplice en la trama. No está muy claro si, como dice la tradición, Kirkham abandona a Austin y a su sirviente en el trayecto de regreso, dejándolos además sin provisiones y animales. Joseph F. Austin aclara en una carta que Kirkham había dañado la pólvora antes de huir, obligando a su padre a subsistir ocho días de la jornada viviendo solo de bellotas y raíces. También agrega que Moses llegó muy enfermo por las penurias del viaje a la casa de Hugh McGuffin, una amistad, en donde permaneció en cama por tres semanas. Por su parte, Moses escribió sobre su vivencia: “He vuelto de San Antonio, en la provincia de Texas…después de sufrir todo menos las muerte”, pero en ningún momento menciona la deserción de Kirkham. Finalmente, Moses logra llegar a su hogar en Natchitoches, Luisiana, el 23 de marzo de 1821.  En una carta a su hijo James, Austin explicó que el gobernador le había autorizado a establecer 300 familias en una superficie de 200 mil acres en la boca del río Colorado. Para ello, primero quiso inspeccionar la zona antes de repartirla entre las familias, por lo que planeó enviar de inmediato a Texas 25 hombres a cambio de transporte y manutención hasta el 1 enero de enero de 1822. Durante el tiempo que durara este convenio, la avanzada debía construir una casa, cercado, empalizada, hacer una bloquera, sembrar maíz y cosecharlo, así como almacenarlo en un granero. Cada colono podría armarse con una buena carabina española para su defensa y prometer lealtad al Rey y a la Constitución española. Moses podría, además, proporcionar herramientas de labranza, mulas y bueyes y al final de su servicio, darle a cada hombre 640 acres de tierra y cinco busheles[10] de maíz de los almacenes. Oto de sus planes fue fundar en la desembocadura del río Colorado el pueblo de Austina, del cual pensó que podría, en pocos años, ser igual a Nueva Orleans “en resultados si no es que en riqueza”. Durante abril y mayo, Moses Austin trabajó fervientemente en arreglar sus enredados asuntos. A fines de ese último mes, escribió a su hijo Stephen que esperaba terminar sus asuntos en uno o dos días más, y le daba instrucciones de en lo posible, conseguir un barco y prepararlo sin demora para el viaje a Colorado. Sin embargo, él nunca se recuperó de las penurias y esfuerzos que vivió en su regreso de Texas. Pocos días después de haber escrito esta carta, enfermó de neumonía y aunque mejoró tras haber sido tratado médicamente, finalmente falleció el 10 de junio de 1821, no sin antes rogar a su esposa que hiciera saber a su hijo Stephen, que tomara su lugar y llevara a cabo sus planes de cumplir el contrato de colonización en Texas. [11]
Stephen F. Austin
(Nov. 3, 1793 – Dic. 27, 1836)

[1] Real Academia de la Historia, DB~e. https://dbe.rah.es/ (consultado el 5 de febrero de 2023)

[2] TSHA, “Texas State Historical Asociation”. Nuestra Señora del Pilar de los Adaes Presidio, https://www.tshaonline.org/handbook/entries/nuestra-senora-del-pilar-de-los-adaes-presidio (consultado el 5 de febrero de 2023)

[3] Solano Acosta Fernando, “Las fronteras Hispano-Norteamericanas”, en Cuadernos de Investigación: Geografía e Historia, tomo II, Fasc. 1, 1976, p. 37-50

[4] “Treaty of Fontainebleau (1762)”, Wikipedia. The Free Encycolpedia (sitio web), 31 de enero de 2022, consultada el el 5 de febrero de 2023, https://en.wikipedia.org/wiki/Treaty_of_Fontainebleau_(1762)  

[5] Tratados y convenciones concluidos y ratificados por la República Mexicana. Edición Oficial. México, Imprenta de Gonzalo A. Esteva, 1878, p. 138. http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080041837/1080041837_MA.PDF

[6] Eugene C. Barker, The life of Stephen F. Austin, USA, Cokesbury Press, 1925, pp. 5-14

[7] Baker, op.cit., p. 15-23

[8] Baker, op.cit., p. 24-27

[9] The Portal to Texas History, “Transcript of letter from Governador Antonio María Martínez to Moses Austin , February 8, 1820”, https://texashistory.unt.edu/ark:/67531/metapth216421/m1/1/ (consultado el 5 de marzo de 2023)

[10] Unidad de medida de capacidad inglesa para granos, harina y otros productos homólogos. Para el caso del maíz, equivalía a 56 lb o 25.40 kg.

[11] Baker, op.cit., p. 28-31

Bibliografía:

·     Barker, Eugene C. The life of Stephen F. Austin, USA, Cokesbury Press, 1925, pp. 5-14

·    Real Academia de la Historia, DB~e. https://dbe.rah.es/ (consultado el 5 de febrero de 2023)

·   Solano Acosta, Fernando, “Las fronteras Hispano-Norteamericanas”, en Cuadernos de Investigación: Geografía e Historia, tomo II, Fasc. 1, 1976, p. 37-50

·    Tratados y convenciones concluidos y ratificados por la República Mexicana. Edición Oficial. México, Imprenta de Gonzalo A. Esteva, 1878, p. 138. http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080041837/1080041837_MA.PDF

·   The Portal to Texas History, “Transcript of letter from Governador Antonio María Martínez to Moses Austin, February 8, 1820”, https://texashistory.unt.edu/ark:/67531/metapth216421/m1/1/ (consultado el 5 de marzo de 2023)

·   Treaty of Fontainebleau (1762)”, Wikipedia. The Free Encycolpedia (sitio web), 31 de enero de 2022, consultada el 5 de febrero de 2023, https://en.wikipedia.org/wiki/Treaty_of_Fontainebleau_(1762)

· TSHA, “Texas State Historical Asociation”. Nuestra Señora del Pilar de los Adaes Presidio, https://www.tshaonline.org/handbook/entries/nuestra-senora-del-pilar-de-los-adaes-presidio (consultado el 5 de febrero de 2023)

viernes, 20 de enero de 2023

El hundimiento del bergantín USS Somers. Rada de Veracruz (1846)

 

Por Luis Villanueva

Antecedentes
    El USS Somers fue un bergantín norteamericano con dos mástiles y velas cuadradas que según se relataba, era muy rápido. Fue botado el 16 de abril de 1842 para la Marina de Guerra de los Estados Unidos; contaba con un desplazamiento de 259 toneladas de peso, 100 pies (30 m) de eslora, palo mayor de 25 pies (7.6 m), una dotación de 120 marinos y dotado con 10 carronadas de 32 libras. Su casco estaba recxubierto con placas de cobre que protegía la madera de los organismos marinos que se alimentaban de ella.
    El 26 de noviembre de 1842, el bergantín estuvo envuelto en un escándalo, cuando el capitán Alexander Slidell Mackenzie arrestó y mandó a ahorcar en alta mar al guardiamarina Philip Spencer, hijo del secretario de Guerra de los Estados Unidos y a dos compinches, pues al parecer buscaban ganarse la tripulación para utilizar la nave en actividades de piratería. A consecuencia de lo anterior, el Somers adquirió una mala fama entre los marinos, pues decían que en el navío se aparecían los fantasmas de los ajusticiados.
Litografía del USS Somers. Abajo de la bandera, dos de los ajusticiados por motín

Labores de bloqueo y el hundimiento
    El 13 de mayo de 1846, los Estados Unidos declararon la guerra a México, iniciando el 20 del mismo mes un bloqueo naval al puerto de Veracruz con varias unidades navales, entre ellas el Somers, que había arribado a esta rada desde el 8 de enero de ese mismo año. El 8 de diciembre, un Norte empezó a hacerse presente, por lo que el teniente comandante Raphael Semmes, al mando del USS Somers, decidió buscar refugio en el fondeadero de la isla Verde.
    Cuando el bergantín se aproximaba a la isla, divisaron un buque que aparentemente buscaba retirarse de Veracruz atravesando el canal entre la isla Verde y el arrecife de la blanquilla, con la supuesta intención de burlar el cerco[1]. Al ver esto, Semmes ordenó que su nave se hiciera a la vela para interceptar al posible evasor. Todavía en ese momento el viento del noreste no era muy fuertes, por lo que el teniente comandante buscó mantener su posición hasta que la nave sospechosa se aproximara lo suficiente para interceptarla.
    Luego de ubicarse en su trayectoria, el navío evasor viró hacia la isla Verde, por lo que el teniente Semmes ordenó regresar a su zona de atraque; pero viendo que no había la calma suficiente, decidió aproximarse al arrecife de Pájaros, en donde viró hasta quedar en la parte norte de la Isla Verde. Entretanto, la nave sospechosa retornó rápidamente al puerto sin mostrar bandera alguna. El reloj marcaba las 9:30 de la mañana.
    Intempestivamente, una poderosa racha de viento se hizo presente, inclinando peligrosamente al bergantín hacia estribor. Semmes inmediatamente se movió como pudo a través del vendaval y ordenó que la vela mayor fuera arriada, para enseguida gritar que la vela de capa fuera doblada y aferrada. La vela mayor alcanzó a ser plegada; no ocurriendo igual con la de capa, que no pudo ser asegurada del todo. Para complicar más las cosas, el timón se puso rígido y el viento ahora presionaba a la gavia principal, por lo que el oficial de cubierta ordenó cortarla para dejarla ir. Viendo que esto no daría el resultado esperado, el teniente ordenó dejar el timón, con la esperanza de que fuera llevada por el viento. Sin embargo, todo fue inútil. Finalmente, tras 45 días participando en el bloqueo, la furia de las rachas hizo volcar al Somers, hundiéndolo en menos de 10 minutos. La ligereza de la nave contribuyó también a su volcadura, pues llevaba a bordo únicamente 14 barriles con provisiones y unos 600 litros de agua.
    La mayor parte de los marinos y oficiales lograron subir al costado del navío que había quedado sobre el agua, aunque este se hundía con rapidez. Dirigidos por Semmes que acababa de salir del agua, estos hombres intentaron cortar con sus navajas, cuchillos o con lo que tuvieran a la mano, el aparejo principal, En ese momento un pequeño bote de salvamento fue liberado y abordado por diecisiete de los náufragos, los cuales recibieron la orden de dirigirse a la isla Verde, situada a media milla de donde se encontraban. Allí debían bajar a los náufragos y de ser posible, regresar inmediatamente para salvar más vidas. El teniente Semmes se negó a subir al bote y como el viento seguía soplando con gran fuerza, hubo momentos en que los marinos pensaron que no lograrían salvarse; sin embargo, lograron alcanzar la isla Verde 20 minutos más tarde.
Wreck of the American Brig "Somers" (Naufragio del bergantín americano "Somers")
Fuente: The Illustrated London News 23 January 1847

    Segundos después de la partida de la lancha, el teniente comandante sintió el casco del bergantín bajo sus pies y ordenó que todos los que estaban con él se sumergieran para buscar objetos que les permitiera seguir a flote. Algunos ya no emergieron más, mientras que otros que estaban sujetos a flotadores frágiles, quedaron a la derivada y fueron lanzados contra los arrecifes en donde se hicieron pedazos. Otros más fueron empujados mar adentro, delatándose solo por sus gritos que apenas sobresalían entre el rugir del viento y el mar embravecido. Estos finalmente se ahogaron o sufrieron una terrible muerte entre los dientes de los tiburones.
    Tan pronto como se supo del hundimiento, tomaron parte en la búsqueda de supervivientes las naves británicas de guerra HBM[2] Endymion, Alarm y el bergantín Daring; los bergantines franceses Pylade y Mercure y la corbeta española Luisa Fernanda, que se encontraban en el fondeadero de la isla de Sacrificios. Desafortunadamente poco pudieron hacer, debido pues la fuerza del norte hacía muy complicado y riesgoso mantener los botes de salvamento.
    Un par de horas más tarde, el aire había amainado lo suficiente para continuar con la búsqueda. Fue así como el Endymion pudo rescatar a las catorce personas que habían logrado llegar a la isla Verde y a una más en el arrecife de Pájaros, mientras que el Mercure rescató a diez más que se encontraban flotando aferrados a un mástil. En total, los cinco botes, que representaban a cada una de las naciones que participaron en la búsqueda, llevaron sanos y salvos a 23 marinos a la isla de Sacrificios. Del total de la tripulación (conformada por el capitán, siete oficiales, un guardia marina y 72 hombres), perecieron 37. Por otra parte, entre los supervivientes se encontraban siete marineros que llegaron a las playas al sur de la ciudad después de que permanecieron 21 horas asidos a un mastelero. Estos últimos fueron capturados por patrullas mexicanas y llevados a Veracruz como prisioneros de guerra.

Un poco de numismática
    El 3 de marzo de 1847, el Congreso norteamericano votó en favor de crear medallas de oro, plata y bronce para premiar a los oficiales y marinos españoles, franceses y británicos adscritos a las naves de sus respectivos países, que con peligro de sus vidas auxiliaron en el rescate de la tripulación del bergantín Somers.
    Las medallas en oro, plata y bronce, con un diámetro de 57.7 mm, y grabadas por Charles Cushing Wright (1796-1854), muestran en una de sus caras al bergantín Somers naufragando, con la leyenda en latín “Somers navis Americana” (Nave americana Somers) en semicírculo en su parte superior. Y en la parte inferior, “Ante Vera Cruz, Dec. 10th, 1846[3] (Enfrente de Vera Cruz. Dic. 10, 1846). En la otra cara se ilustran cuatro botes en el rescate, con la leyenda en semicírculo también en latín “Pro vitis americanorum conservatis” (Por salvar vidas americanas). Estas medallas fueron entregadas a 39 oficiales y tripulaciones de las naves que participaron en el evento.
Anverso y reverso de la medalla de plata, otorgada como premio a los marinos de la corbeta Luisa Fernanda que participaron en el rescate de la tripulación del USS Somers.

Año de 1986. Se descubren los restos del Somers
    140 años más tarde, durante el año de 1986, una expedición liderada por George Belcher, investigador y vendedor de arte de San Francisco, California, se descubrió cerca de los arrecifes que rodean a la isla Verde, los restos de un naufragio que prometía ser los del bergantín de guerra estadounidense.
    A inicios de noviembre de 1987 los periódicos Washington Post, Los Angeles Times y Kentuchy Edition Enquirer, dieron la noticia de que un grupo de buzos encabezados por Belcher, habrían descubierto los restos del USS Somers. Las notas también hicieron mención de que aquél había sido financiado por el entonces gobernador del estado de Veracruz, Agustín Acosta Lagunes, con 65 mil dólares. Según Belcher, el descubrimiento se mantuvo en secreto “para proteger el bien conservado naufragio del vandalismo”.
    “Belcher estaba trabajando como consultor de arte para el estado mexicano de Veracruz en 1985 —relata Los Angeles Times, cuando el gobernador Acosta Lagunes le pidió que realizara una investigación histórica de naufragios alrededor del puerto de Veracruz. Dijo que para descubrir el Somers usó equipo sofisticado de detección con la ayuda de su hermano Joel y del experto en magnetómetros Daniel Koaki Karell”.
    En el pecio se encontró armamento, porcelana china y cronómetros, entre otras cosas. En noviembre de 1987, los lancheros, buzos locales y negociantes del puerto de Veracruz, fueron testigos de cuando Belcher desembarcó varios baúles blancos de 400 litros de capacidad en el muelle del Club de Yates, en donde trasladaban materiales y objetos. A raíz de esto, Belcher fue acusado de estudiar el hundimiento sin permiso, de haber usado fondos del gobierno del estado de Veracruz, de saquear los restos del Somers y de comercializar un video submarino en donde se documenta su rescate.
    Belcher se defendió y juró que él no había saqueado el bergantín. Y explicó que a mediados de 1984 recibió una llamada del entonces gobernador de Veracruz, Agustín Acosta Lagunes, en donde le solicitaba su apoyo para conseguir piezas de coleccionistas privados para montar un museo en Veracruz. Fue entonces cuando Belcher le propuso que le permitiera explorar las costas del estado con el fin de conseguir más piezas para el incipiente museo.
    Apoyándose en un mapa naval estadounidense, en donde se señalaba con letra manuscrita “pérdida del US Brig Somers; dec. 8, 1846” en una zona cercana a la isla Verde, convenció a Acosta Lagunes de que le prestara un bote, mientras que el norteamericano lograba recaudar por medio de donaciones de amistades, 65 000 dólares a través de una empresa que llamó “U S Somers Project by George Belcher”.
    En marzo de 1986 se llevó a cabo sin éxito el reconocimiento de la zona marcada en el mapa. Regresaron al sitio dos meses después, en donde estuvieron explorando por 20 días hasta que el 2 de junio, durante una tormenta, detectaron una anomalía magnética a 110 pies de profundidad. George Belcher y Joel se sumergieron, descubriendo al bergantín de guerra norteamericano. Nadaron alrededor de la nave durante 20 minutos, “extrayendo solamente un jarrón de cerámica de color gris con pinturas de hojas en forma de corona”. El jarrón con una capacidad de 2 galones, tenías las siguientes inscripción impresa en su parte superior “B. C. Milburn. Alexandria. D.C.[4]. Este jarrón fue entregado al gobernador Acosta Lagunes para el museo de Jalapa.
    Belcher regresó al Somers en octubre de ese mismo año, en donde estuvo según él, solo 10 minutos sin tocar nada. En mayo de 1987 el buzo norteamericano retornó acompañado por el arqueólogo estadounidense James P. Delegado, quien era jefe de Historia Marítima y Arqueología Submarina del servicio Nacional de Parques, perteneciente al Departamento del Interior del gobierno de Estados Unidos. Este último llegó con el encargo de realizar una descripción oficial para aquel gobierno.
    Delgado detalló el descubrimiento de estufas, artículos de cocina, instrumentos de guerra, más cañones y el timón que incluía un cronómetro. Y fue en ese momento en que se grabó el anteriormente mencionado video. Belcher aprovechó para aclarar en los medios escritos que, en los baúles blancos, mencionados líneas arriba, solo había “cable, pues cuando uno va a filmar bajo la superficie del agua se necesitan muchos metros de cable para dar energía a todo el equipo de luces y de filmación. En los famosos baúles no había nada más que cables”. Algo que confirmó Delgado en una entrevista que se le realizó en septiembre de 1989.
    En aquella ocasión, Belcher fue acompañado también por un lanchero veracruzano de nombre Lucio, al que apodaban “El Tigre”. Siempre siguiendo la versión del estadounidense, algunos meses después se enteró de que el también buzo Baltazar Pazos había estado en el Somers. Belcher le pidió a Pazos que no volviera a bajar, pues le explicó que ya estaban iniciados los trámites legales para que los gobiernos de los Estados Unidos y México organizaran una investigación conjunta. Pazos, por su parte, le dijo que había descubierto al Somers accidentalmente mientras pescaba y que no se preocupara, pues nunca más bajaría al pecio.
    Sin embargo, Belcher siguió indagando y por amigos mutuos supo que Pazos había pagado a “El Tigre” para que le indicara el sitio del naufragio y que el buzo veracruzano había sacado muchas piezas con las que adornó su jardín. Sería hasta el año de 1995 cuando Pazos se defendió de las acusaciones en una entrevista en el mismo semanario en donde se había estado ventilando el asunto. En este, el también empresario radiofónico negó que en el jardín de su casa tuviera piezas extraídas del mar. “Yo no sé nada ¿Cuál jardín? Lo único que tengo son caracoles.” Contestó escueto. Con respecto al saqueo del Somers señalado por Belcher, agregó: “No sé nada. En lo absoluto. Sé que hubo un buque, La Esperanza, que no se le dio permiso y se fueron. Peter Trockmorton es un científico arqueólogo que estuvo en Veracruz, pero no se encontró nada”.

Dos países. Un estudio en conjunto
    A raíz de los hechos mencionados, los gobiernos de México y de los Estados Unidos intervinieron en el asunto. Sin embargo, ambos gobiernos mantuvieron puntos de vista encontrados con respecto al pecio, pues para México el barco “formaba parte de su patrimonio histórico, pues al haberse hundido en aguas territoriales mexicanas en el curso de una acción naval cuando México y Estados Unidos estaban en guerra, el Somers es, desde entonces propiedad mexicana. Para Estados Unidos, el Somers, al formar parte de su Marina de Guerra, es un buque de Estado, y como tal, continúa siendo de propiedad norteamericana, independientemente del lugar y circunstancias del naufragio. Además, por haberse hundido con parte de su tripulación a bordo, es considerado una “tumba de guerra”.
    Ninguno de los dos países cedió en su posición, pero ambos estuvieron de acuerdo en la importancia histórico-científica del pecio. Fue entonces que se acordó llevar a cabo un proyecto de investigación conjunta con arqueólogos subacuáticos del U.S. National Park Service y la Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH, con el fin de ubicar con precisión los restos del naufragio, hacer un registro fotográfico y de video y llevar a cabo un levantamiento detallado del bergantín sin excavar o extraer ningún objeto relacionado con la nave.
    Así, ambas dependencias a bordo del buque patrulla de la Armada de México “Margarita Maza de Juárez”, realizaron los estudios del 2 al 7 de julio de 1990, contando también con el apoyo del comando submarino de la Armada de México. Se localizó al Somers a 35 m de profundidad, en una depresión del lecho marino. El ´casco descansaba sobre su lado de estribor y se había conservado algo de su madera debido a que la corrosión de las planchas de cobre la había protegido.
    Desde entonces, la zona donde permanecen los restos del USS Somers, cerca de la isla Verde, es custodiada por la Armada de México. Así, el gobierno mexicano protege a esta nave, que además de una tumba de guerra, es un mudo testigo de la furia de los nortes y de una trascendental parte de la historia del puerto de Veracruz y de México.
Pecio del USS Somers. Fuente: El brig U.S.S. Somers Arqueología Mexicana [en línea]. 2010, Vol. 18, número 105 (sept.-oct).
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Imagen de encabezado: USS Somers (1842). Fuente: Wikipedia Commons https://commons.wikimedia.org/wiki/File:USS_Somers_(1842).jpg 

[1] Después se sabría que esta nave era el Abrasia, también de bandera norteamericana, que buscaba unirse con su escuadra, surta en Antón Lizardo.

[2] HBM: His Britannic Majesty.

[3] Hay error en la fecha del naufragio. El 10 de diciembre de 1846, el teniente Semmes da su parte sobre el naufragio al comodoro M. C. Perry.

[4] B. C. Milburn (Benedict Calvert Milburn), fue el más prolífico alfarero de cerámica de gres. Trabajó en Alexandría, Virginia desde la segunda década del siglo XIX hasta un poco después de mediados de ese siglo.

Fuentes:    

·   GARCÍA, Joaquín. El brig U.S.S. Somers Arqueología Mexicana [en línea]. 2010, Vol. 18, número 105 (sept.-oct). [fecha de consulta: 27 de marzo de 2016]

·   GARCÍA, Juan. La corbeta Luisa Fernanda al rescate del USS Somers [en línea]: documento de recurso electrónico en Internet. [fecha de consulta: 20 de enero de 2020]. Disponible en: https://bit.ly/3Wr5mo8

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·    Última hora. Bloqueo de Veracruz. (25 de mayo de 1846). El Republicano, pág. 4.

  •   Veracruz. (15 de Diciembre de 1838). El republicano, pág. 4.