sábado, 22 de agosto de 2026

“Los hombres de armas que hacían la guerra” - Santa Anna realista (1810 a 1823).

 

Retrato de Antonio López de Santa Anna. Por Carlos París. Óleo sobre tela
Mediados del siglo XIX (aproximadamente en la década de 1840 o 1850).
Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec.

Por Luis Villanueva

    Hablar de Antonio López de Santa Anna implica tratar con un personaje sui generis: patriota a modo, ambivalente, advenedizo e incluso arribista; pero poseedor de una carismática personalidad que ha trascendido el tiempo, cautivando no solo a la tropa y gente de su época, sino también a muchos estudiosos y curiosos de su persona durante los últimos doscientos años. Lo anterior a través de los acervos bibliográficos, hemerográficos y audiovisuales, físicos o digitales, que han permitido a más personas acercarse a su ser, misma que ha  provocado empatía, simpatía, discrepancia e incluso, rechazo hacia su persona. Y con ello, no pocos enfrentamientos entre quienes lo han apoyado (y aún en el presente, lo apoyan) y los que han disentido o disienten de él. Así, el que fuera apodado “el quince uñas” o llamado con el título que se adjudicó posteriormente: “Su Alteza Serenísima”, Santa Anna ha sido uno de los personajes de la historia de México más polémicos que a la fecha ha tenido este país.
    Con el fin de conocer, y con ello entender al personaje desde su contexto histórico, militar y político, en este trabajo se abordan las tres etapas iniciales por las cuáles transitó el otrora general durante sus primeros 13 años de vida castrense: la realista, la insurgente-imperialista y finalmente, su inicio como republicano. Todo basado en documentos contemporáneos al célebre personaje, disponibles en los diferentes acervos documentales digitales y algunos (los menos),  tangibles de actualidad. Debido a lo anterior, este trabajo queda corto para conocer a profundidad al personaje, pero sí puede servir de auxiliar para descubrir sus primeros pasos como militar, su meteórica ascendencia en este escalafón y su ambivalencia política, derribando en el trayecto, algunos mitos.
    Cabe mencionar que respeté la ortografía y redacción original empleado en los documentos consultados y en todos los casos, las negritas son mías. Deseando que el presente sea de interés para sus posibles lectores, quedo de todos ustedes.

El autor.

“Los hombres de armas que hacían la guerra”.

Antonio López de Santa Anna: realista, insurgente-imperialista y republicano.

(1810 a 1823)[1]

Por Luis Villanueva

Santa Anna, realista

(1810 a 1821).

    El 21 de febrero de 1794, en la entonces villa de Xalapa de la Intendencia de Veracruz, nació Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón, hijo legítimo del Lic. Don Antonio López Santa Anna y de Dña. Manuela Pérez Lebrón[2]. Inició la carrera de las armas desde muy joven, llevando a cabo las pruebas pertinentes de calidad social solicitadas en aquellos tiempos para obtener, el 6 de julio de 1810, el nombramiento de caballero cadete en el Regimiento de Infantería fijo de Veracruz [3][4]. Así, con 16 años de edad, Santa Anna dio inició a su trayectoria en el ejército realista de Nueva España, a la cual diligentemente sirvió por casi 21 años. Durante sus pininos, participó activamente en diferentes campañas militares que le fueron dando experiencia, al mismo tiempo que se forjaba su carácter y personalidad. Acciones como las llevadas a cabo contra las fuerzas insurgentes en la provincia de Nuevo Santander[5] por el coronel de infantería fijo de Veracruz, gobernador político y militar de la misma, Joaquín de Arredondo y Mioño. Tras las acciones victoriosas emprendidas el 9 de mayo de 1811 por el citado jefe realista sobre el insurrecto Fray Juan de Villerías, el agrupamiento al que pertenecía Santa Anna, dirigido por el teniente coronel Manuel de Iturbe, se encontró la mañana siguiente con un grupo de los recién vencidos, a los que persiguió y propinó un nuevo revés matando a algunos de ellos y capturando a otros más. En el parte militar de esta acción, se menciona lacónicamente que el cadete “Antonio López Santa Anna” se condujo “distinguidamente[6]. Casi cuatro meses más tarde, entre el 29 y 30 de agosto de ese año, el cadete participó nuevamente en otro enfrentamiento contra los alzados, pero ahora bajo las órdenes del capitán Josef Daicemberg. En este encuentro, fueron derrotadas las fuerzas del insurgente Desiderio Zárate, que logró escapar y del “indio Rafael”, que murió en el combate. Por esta acción el capitán “elogió señaladamente”, entre otros, a “D. Antonio López de Santa Ana” por “el espíritu que mostraron[7]. Ambas situaciones posiblemente influyeron para que el cadete caballero fuera nombrado teniente graduado por Su Excelencia[8] el 6 de febrero de 1812[9][10], junto con la distinción de portar un escudo de honor en su brazo izquierdo, concedido por el comandante general. Una vez finalizado su periodo de instrucción, obtuvo el 8 de octubre de ese mismo año el grado de subteniente.

Certificado de bautizo de Antonio de Padua María Severiano López Santa Anna Pérez Lebrón (n. 21 de febrero de 1794).

    Poco más de tres años permaneció en estas labores de pacificación, hasta que el 7 de julio de 1815 fue ascendido por real despacho a teniente de granaderos del segundo batallón residente en Veracruz, con una nota de “buen oficial[11][12]. El 13 de octubre de 1816, recibió del gobernador intendente de Veracruz mariscal de campo José Dávila, el mando de una división en Boca del Río compuesta de 192 hombres y un pequeño cañón, para que con parte de esta tropa más la que se le pudiera proporcionar de la guarnición de Veracruz y de San Juan de Ulúa, saliera a recorrer los alrededores y serranías, con el fin de “desbaratar las reuniones de bandidos, reducir a poblado las familias que estaban en los montes y escarmentar a los rebeldes…”. Siguiendo esas instrucciones, sostuvo contra los alzados sendos combates los días 20 y 21 de octubre, en los sitios de San Campus[13] y Cotaxtla, de donde retornó victorioso a Boca del Río[14]. Posteriormente, el 22 envió a una partida a reconocer una ranchería en los contornos de “Coyocuenda”, cuando fueron atacados por 40 rebeldes. Pero el piquete realista logró dispersar a los atacantes después de matar a dos de ellos. El día 24 llegaron a "Tlaliscoano", en donde el comandante de dicho punto solicitó su apoyo para recorrer los ranchos de Rincón Cuchara. Tras facilitarle 70 hombres de infantería y caballería a las órdenes de Manuel López de Santa Anna, se logró capturar a varios rebeldes con el apoyo de  algunos paisanos[15].    

    Estas acciones, en conjunto con otras más, dejaron satisfecho a Dávila, quien le otorgó para llevar en sus hombros las dos charreteras, “ensueño dorado de mi ardiente juventud”, escribiría Santa Anna posteriormente[16]. Por su parte, en diciembre de 1816 el Virrey Juan Ruiz de Apodaca lo ascendió al grado de capitán[17], por el buen resultado obtenido en dichas acciones en San Campus y Cotaxtla[18].

    Entre 1817 y 1818, el capitán y comandante extramuros López de Santa Anna, entonces de 24 años, continuó con sus incursiones en las cercanías de la amurallada Veracruz, como las llevadas a cabo contra el jefe rebelde Marcos Benavides, colaborador de Guadalupe Victoria. La noche del 30 de agosto de 1818, Santa Anna partió de su cuartel con una fuerza de 110 hombres de caballería e infantería a la zona de Venta Arriba (sitio que estuvo ubicado al oeste noroeste de Jamapa, en el margen derecho del río de igual nombre), con el fin de atacar al insurgente y luego, se dirigiría a Paso del Lagarto para sorprender a la infantería de Guadalupe Victoria. Sin embargo, la copiosa lluvia que cayó desde su partida, dio al traste con sus planes, pues los rebeldes lo vieron llegar durante el amanecer, recibiéndolo con un nutrido fuego que fue contestado de inmediato por los realistas. Después de algunos minutos de refriega, la balanza no se inclinó por alguno de los contendientes, contentándose los partidarios del gobierno con haber herido a algunos insurgentes, matado a otro más y a dos de sus caballos. Por su parte, solo hubo un herido de gravedad y una mula muerta. Las correrías y escaramuzas en la zona se dieron por cuatro días más, hasta que Santa Anna y su gente, agobiada por el hambre, empapados hasta los huesos por la incesante lluvia y las crecidas de los arroyos, que algunas veces les llegaba a la rodilla y otras hasta la cintura, se refugiaron en Paso de Ovejas, en donde recibieron el auxilio de víveres y municiones secas del teniente coronel José María Travesí. Desde este punto y tras una última intentona de capturar a otro jefe rebelde de nombre “Prisciliano”, sin que nuevamente la lluvia y la oscuridad lo permitieran, aunado al hecho de llevar consigo a 22 de sus hombres enfermos, el capitán decidió retirarse a Puente del Rey[19].

    El oficial realista volvió a ver acción unos días más tarde, pero esta vez el escenario era  otro: los arenales y médanos que rodeaban al recinto amurallado de Veracruz. Alrededor de las 10 de la mañana del 11 de septiembre de aquél año, la fuerza bajo su mando fue sorpresivamente atacada por 200 insurgentes a caballo dirigidos por los jefes rebeldes Valentín Guzmán y Marcos Benavides. Lo intempestivo del ataque obligó a Santa Anna a moverse rápidamente hacia su cuartel para reunir a más tropas, cuando observó que una veintena de rebeldes se llevaban el ganado que pastaba. Reunió lo más pronto posible a unos 15 soldados y los atacó “con decisión”, evitando que se llevaran las reses. En seguida ordenó toque de llamada, logrando así juntar a un grupo de 60 realistas armados y municionados con los que se dirigió a los alrededores de la capilla de San Sebastián, para atacar a otro grupo de insurgentes que también capturaba ganado y atacaba a las casas que sobresalían de la muralla. Después de un prolongado intercambio de fuego en donde murió uno de sus hombres, evitó nuevamente que se llevaran las reses, al tiempo que los obligó a replegarse hacia su reserva. Hecho lo anterior, el capitán y su gente se movieron a unos médanos altos, en donde los organizó con el fin de observar los movimientos insurgentes y acudir a donde fuera necesario; sin embargo, “la chusma”, confiada en su cantidad y la agilidad de sus caballos, formó una columna de unos seis de frente, y a todo galope contraatacaron con machete en mano. Santa Anna, viendo esta acción, ordenó armar la bayoneta y romper el fuego de inmediato, lo que hizo que los insurgentes contuvieran por momentos el ímpetu de su avance. Desafortunadamente, los realistas flaquearon, por lo que pronto el oficial xalapeño y sus soldados se vieron arrollados por la carga de caballería. Como pudo, logró reunir a una veintena de sus hombres con los que resistió los embates de esos “bárbaros”, pudiendo retirarse a la carnicería no sin pocos esfuerzos, haciéndose fuerte en sus pretiles. Allí resistieron a la gran cantidad de rebeldes que los rodeaba, hasta que intempestivamente se retiraron en desorden al no conseguir sus objetivos. Las pérdidas realistas fueron de ocho muertos (entre estos, el asistente de Santa Anna, que murió a machetazos cuando disparaba contra los que acometían a su capitán) y dos heridos leves. No se pudo saber cuántas bajas tuvieron los insurgentes[20], pues al retirarse cargaban con los muertos y heridos en sus caballos[21].

    Santa Anna continuó empeñándose en su labor. A inicios de diciembre del mismo 1818, marchaba a Vergara con 20 soldados de caballería, cuando recibió el aviso que la mayoría de los alzados en Venta Arriba había salido a vaquear con su comandante Marcos Benavides y que demorarán varios días en regresar, quedando como jefe en aquel sitio Francisco Asís con alguna gente. Santa Anna dudó en emprender acción alguna debido a la poca fuerza que llevaba, “...pero consultando al momento con los esfuerzos de mi pundonoroso corazón, este que sin cesar me compromete á no temer los lances mas arriesgado cuando media el servicio del Rey, el bien de la patria y el honor de mi empleo, me incitó á la egecución de un proyecto, de que solo pudo sacarme con felicidad mi buena suerte”, escribiría más tarde en su parte de guerra. Así, emprendió la marcha hacia Venta Arriba al anochecer, pero al llegar al paraje de Arroyo Moreno, fue percibido por una avanzada insurgente que estaba en vigilancia permanente en aquella zona. Sabido como estaba de esa eventualidad, ordenó responder “América” a la pregunta de “quién vive”, para que creyeran que eran de los suyos. Esta artimaña les permitió avanzar las siete leguas que mediaban, entre terrenos abruptos y quebrados pero sin ser descubiertos por los alzados, que de haber sabido de su presencia, los hubieran aniquilado. Finalmente, poco después de las once de la noche llegaron a los alrededores de mencionada venta, en donde Santa Anna dejó la mitad de sus hombres con el capitán José María Cerón, para que cuidaran los caballos de quienes lo acompañarían a pie hasta la casa de Asís. En su camino se encontró con una choza a la que ordenó rodear con sigilo, capturando en su interior a un insurgente que le confirmó las noticias que llevaba. Acto inmediato, el hombre empezó a suplicar por su vida con tal vehemencia, que Santa Anna aprovechó para que a cambio de esta, le entregara al cabecilla buscado y respondiera cuanta pregunta le hiciera. Asintiendo, el sujeto guió al capitán y a su piquete de soldados hasta el sitio en donde vivía el jefe rebelde, lugar que Santa Anna ordenó rodear como lo había hecho en la otra choza. Lo hicieron con tal silencio y celeridad, que cuando Asís los sintió, ya lo tenían bien asegurado en su cama junto con su asistente, que dormía a pierna suelta cerca del fogón. Después de hacer amarrar al primero “como se lo merecía”, propuso al otro salvar su vida si entregaba a más rebeldes y a la caballada que hubiera en el lugar. Así lo hizo de inmediato, llevándolos a varias casas que encontraron vacías, por haber descubierto sus habitantes la presencia realista con anticipación. Posteriormente, los llevó a donde estaban los caballos, pero fue tal el escándalo que hicieron los perros, que estos se asustaron y en estampida escaparon. Aún así, pudieron capturar 13 corceles y cinco mulas. Tras esto, Santa Anna observó que no era seguro continuar avanzando, por lo que decidió retornar a donde estaba el resto de sus hombres con los prisioneros, equinos y acémilas. Su regreso a la ciudad de Veracruz transcurrió en medio del constante acoso por  una docena de insurrectos, que solo se detuvo hasta que los realistas alcanzaron las inmediaciones de la plaza a eso de las cinco de la mañana. Santa Anna, después aclararía en su informe que el jefe rebelde Francisco de Asís, había matado con sus manos a un clarín de los realistas y era uno de los que dirigieron el ataque del 11 de septiembre pasado, disponiendo que allí mismo fuera fusilado tras confesarse primero. Satisfecho el virrey Apodaca “del buen comportamiento del comandante realista Antonio López Santa Anna y de su bizarra partida,...”, mandó le dieran las gracias a nombre del Rey[22].

    En su autobiografía, Santa Anna recordó detalles importantes de estas épocas:


    "Militar pundonoroso, me esmeré en corresponder lealmente á la confianza que se me dispensaba; obedeciendo á mi natural inclinación, valíame con frecuencia de la persuación más que de las armas, medio eficaz con que conseguí la presentación de los hombres de armas que hacían la guerra y que pasaban de dos mil armados y montados, sometiéndose á vivir en poblado y obedientes al gobierno"[23].

    

    Por momentos pensé que estás declaraciones eran exageraciones del general para enaltecer su persona. Exaltaciones que son constantes en él. No obstante, mi sorpresa fue grande al confirmar que en esta ocasión sus afirmaciones eran verídicas. En un oficio fechado el 18 de enero de 1819, el comandante general mariscal de campo Pascual de Liñán, informó al virrey conde del Venadito lo siguiente:


    1. Exmo sr.- El capitan don Antonio Lopez de Santa Ana me pasa el parte que original tengo el honor de acompañar á V. E., por el que se impondrá de haberse acogido a la Real gracia del indulto los tres cabecillas Manuel Salvador, Felix González y Mariano Cenobio con 230 hombres montados y armados, y de proseguir aquel bizarro oficial en la persecución del rebelde Guadalupe Victoria y demas gavillas que restan en la parte meridional de la provincia.”

“Espero la lista y medias filiaciones de estos individuos para extenderles los pasaportes y remitirla á V. E. á fin de que si lo tiene a bien se sirva mandar expedir las cédulas de confirmación de esta gracia.”

“Dios guarde a V.E. muchos años, Veracruz enero 18 de 1819.- Exmo. sr.- Pascual de Liñan.- Exmo. sr. virrey conde del Venadito”[24].


    Días antes, Santa Anna había salido de la ciudad de Veracruz con 90 jinetes en pos de los tres cabecillas mencionados. Durante cinco días recorrió los poblados de Rajabanderas, Tamarindo, Paso del Fierro, Soyolapa, Paso de Naranjo y sus inmediaciones, consiguiendo por la vía armada o diplomática y en días y parajes distintos, que se presentaran ante él para pedir la “Real gracia del indulto”, los tres jefes rebeldes con 160 de sus hombres montados y armados, mencionando que “se hallan sumamente arrepentidos de haber militado tanto tiempo en un partido tan detestable como injusto…” También se presentaron Fr. Francisco Mansilla, capellán de la compañía de Mariano Cenobio; y los Acosta, entre otros jefes, con 70 hombres más. Igualmente se apersonó Marcos Benavides con 64 de sus elementos, además de 200 familias. Félix González, el último rebelde que llegó con Santa Anna, de inmediato puso armas y hombres a las órdenes de los realistas, solicitando salir del paraje de Tamarindo donde se encontraban con 35 de su compañía, para batir al cabecilla Crisantemo y averiguar en donde se ocultaba Guadalupe Victoria. El capitán, viendo en él “bastante disposición y verdadero arrepentimiento”, le dio instrucciones para que la empresa fuera exitosa. Sobre los sucedido, Santa Anna no perdió la oportunidad de alardear, escribiendo lo que sigue en su parte militar del 16 de enero de aquél año:


    Me lisongeo de que muy breve tendré la grande satisfacción de participar a V. S. la completa pacificación de toda esta demarcación que se puso a mi cargo con este fin, y no descansaré hasta conseguirlo[25].


    Por su parte, el conde de Venadito dio las gracias en nombre de S. M. al capitán Santa Anna, sus subalternos y tropa[26].

*****

    El 26 de mayo de 1820, en una concurrida sala del palacio del gobernador de Veracruz, en donde el calor del ambiente se combinaba con el humano hasta hacer el aire irrespirable, Santa Anna se encontraba acompañando al mariscal de campo José Dávila. En ella, el júbilo y el entusiasmo eran manifiestos, pues acababan de jurar, contra la voluntad y resistencia del veterano mariscal, la restablecida Constitución de Cádiz de 1812. Fue entonces cuando Dávila, alzando la voz se dirigió a los españoles allí reunidos, comerciantes todos ellos y en quienes prevalecían las ideas liberales:


    “Señores, ya ustedes me han obligado a proclamar y jurar la constitución: esperen ustedes ahora la independencia, que es lo que va á ser el resultado de todo esto”[27].

    Seguramente estas palabras provocaron sorna aquellos que las escucharon, mientras que otros las tomaron como temores infundados de un viejo sumiso. Santa Anna, entonces de 26 años, fungió como testigo silente de todo esto, quizá simpatizando o acaso reprobando las ideas y acciones de ese gentío que prácticamente se impuso al gobernador para que actuara contra su voluntad.

*****

    El 28 de mayo del mismo año, Santa Anna hizo de su conocimiento al mariscal Pascual de Liñán, que había iniciado la construcción de una iglesia y curato en el caserío de San Diego. Y ahora, en su parte militar del 28 de junio, tenía la satisfacción de informarle que el 11 de de este mes había sido concluida y el 13, bendecida por fray Juan Bautista Luzoriaga. Ese día la gente se mostró muy alegre, pues aparte de la consagración, se solemnizó una función en el nuevo templo con la prédica de fray Juan Santiesteban. Asistieron al evento más de 500 personas, eligiendo como patrono a San Antonio de Padua a quien se dedicó todas las actividades, escuchándose entre la gente oraciones y gracias al Creador por las bendiciones recibidas después de seis años de haber estado perdidos. También, según el capitán, los habitantes “no se habían cansado de manifestar públicamente su reconocimiento hácia al Excmo. sr. virrey conde del Venadito, porque tan sabiamente supo dictar las más eficaces providencias para separarlos de unas sendas tan desconocidas, y haberles puesto un tan digno general que con su cordura y amabilidad natural ha sabido ganar las voluntades é inspirarles ideas muy favorables”. Santa Anna igualmente resaltó “el tesón y la constancia” con que la población participó en la construcción de 113 casas, una galera, un fortín y la iglesia, después de haber labrado sus tierras. Además de las fajinas que dejaron limpio un cuarto de legua (aproximadamente 1 km), a su alrededor, cuando tres meses antes estaba cubierto de un espeso bosque. Con “tales hechos…”, continuó notificando Santa Anna, “...aseguro á V. S. bajo mi responsabilidad, que puede vivir bien persuadido en que los habitantes de esta demarcación no volverán á incurrir en el detestable delito de traidores”. Liñán respondió que estaba bien que el pueblo hubiera elegido como patrón a San Antonio, pero sin cambiar el nombre del poblado si no era aprobado por el virrey. Finalmente, recomendó a Santa Anna por haber “contribuido tanto en el fomento y organización de este pueblo, como en otros”[28]

    Con su comportamiento en los anteriores pasajes, es posible elucubrar que el capitán López de Santa Anna aún estaba convencido de la causa realista. Misma a la que se entregó incondicionalmente, aún poniendo en riesgo su propia vida. Por otra parte, también es factible que durante este tiempo y debido a sus labores de pacificación, haya creado fuertes  lazos con esta gente de la Tierra Caliente en el barlovento veracruzano, lo que le permitió contar con ellos cuando decidió rebelarse contra el gobierno virreinal.

El 4 de julio de 1820, el capitán xalapeño hizo un recuentos de sus logros desde que fue nombrado por el brigadier Ciriaco de Llano, “comandante del cuerpo de realistas fieles de extramuros de Veracruz y el pueblo de Boca del Río”, con instrucciones para operar desde ambos sitios contra los insurgentes. Por esas fechas, de Llano fue sustituido por el mariscal Pascual de Liñán, quien ordenó a Santa Anna que formara algunos poblados con la gente pacificada. El comandante, después de haber ordenado talar montes y franquear complicaciones, formó Medellín, Jamapa, San Diego y Tamarindo, edificando en los tres últimos, iglesias con sus correspondientes casas curales, a un costo de mil pesos cada una. En San Diego también ordenó construir un fortín con figura octagonal y capacidad para 50 soldados. Esto, para proteger el camino de Veracruz al interior del virreinato. También construyó galeras para 100 hombres, sin perjudicar las habitaciones de los oficiales allí destacados. Igualmente obligó a que cada vecino construyera su casa, cocina y corral, proporcionando el terreno necesario para ello. Mientras que sus sembradíos se situaron en los alrededores de los poblados, quedando los más lejanos a una legua y media de distancia. A cada vecino dio las tierras necesarias para el pastoreo y siembra de maíz, frijol y arroz; además de contar con sus cañales, platanares y hortalizas. Por otra parte, indicó el número de familias que había en cada poblado: Medellín 112, Jamapa 140, San Diego 287 y Tamarindo 54. También tuvo el cuidado de poner un maestro de escuela en cada poblado, aclarando que “todo esto se debe a mi esmero, fatiga y vigilancia, sin que hasta ahora le haya costado al Erario un ochavo, como a V. S. le consta, ni aun para los gastos menores, porque algunos de estos los he sufrido yo de mi bolsillo, sin dispensarme fatiga, trabajo ni peligro por grave que fuere por grave que que fuese, como es notorio, con tal que yo lograra el ser útil a la Patria y fiel á las órdenes superiores que me dirigían, que ha sido todo mi conato sin esperar mas recompensas que el logrado de esta satisfacción que desde luego me prometo, bien seguro de que en todas mis operaciones no he tenido más objeto que el de llenar sus sabias intenciones y disposiciones[29].

*****

    Desde la jura de la constitución de Cádiz en la ciudad de Veracruz, hubo señales de  insubordinación en  las tropas de la guarnición de Xalapa, en donde siguiendo el ejemplo de la plaza costera, se juró la constitución el 28 de mayo de 1820[30]. En esta villa, al igual que en la ciudad costera,  predominaban las ideas liberales, en parte porque muchos de los comerciantes del puerto poseían casa de recreo en la villa, en donde habitaban parte del año.

    Casi un año más tarde, a inicios de marzo de 1821, llegó a Xalapa la noticia de la proclamación del Plan de Iguala, lo que causó no poca emoción entre los vecinos y la tropa. A partir de ese momento, la situación se desbordó: Una columna de granaderos salió de esta villa el 13 de marzo y al llegar al paraje de Banderilla el oficial al mando, teniente Celso de Iruela, arengó a la soldadera y se declaró a favor de la independencia, respondiendo la tropa con emocionados vivas a Iturbide y a la independencia. Enseguida marcharon a Perote para capturar la fortaleza de San Carlos, pero oportunamente avisado el comandante Agustín de Viña, encargado de dicha plaza, tuvo el tiempo para ponerla en estado de defensa y apuntar la artillería hacia el camino de Xalapa. Aunque Iruela invitó a de Viña a unirse a la insurrección, este se mantuvo fiel al gobierno. Con todo y esto, en el poblado de Perote se unieron a los independentistas los dragones de España, los urbanos del pueblo y un centenar del agrupamiento de la Sierra. No obstante, toda esta fuerza amenazaba con dispersarse por falta de un jefe, pues el grado militar de Iruela no daba la pauta para ser obedecido por la tropa, que tampoco aceptaba ser dirigida por alguno de sus iguales. Buscando a un oficial de más rango, Iruela recibió la noticia de que el boticario de Perote tenía el grado de teniente coronel y hacia allá se dirigieron. Esta persona era el ex realista José Joaquín Herrera, retirado a la vida privada después del sitio al fuerte de Jaujilla en Michoacán, entre diciembre de 1817 y marzo de 1818. Al principio, Herrera no aceptó ponerse al frente de la tropa, pero tras la insistencia de los jefes, terminó por aceptar bajo la condición de que todos deberían conducirse con la mayor disciplina y orden. Ya en el mando, una de las primeras cosas que hizo, con el apoyo del ayuntamiento de Perote, fue intimar nuevamente al comandante Viña a unírseles, pero este siguió negándose. Viendo el teniente coronel poco factible la captura de la fortaleza de San Carlos, aún con su poca defensa, se dirigió a con su tropa a Tepeyahualco, en donde se encontraba un destacamento de 58 hombres del Fijo de Puebla con un teniente al mando, mismo que rehusó junto con otros cinco soldados, a adherirse a los insurrectos. Sin embargo, con los nuevos elementos, la fuerza de Herrera ascendió a 680 infantes y 60 dragones de España. El 18 de marzo, cuando llegaron estas tropas a San Juan de los Llanos, Guanajuato, la columna de granaderos cambió su nombre por el de Granaderos Imperiales y los dragones de España, por el de Dragones de América. Iturbide aprobó dichos nombramientos cuando supo del movimiento, nombrando a Herrera teniente coronel efectivo de la división y a Iruela con igual grado, para comandar la columna de granaderos[31].

    Mientras tanto y por esas mismas fechas, en Actopan, lugar situado cerca de Xalapa, el cura José Martínez proclamó la independencia. Por tal motivo, el jefe realista José Rincón marchó con 40 hombres para sofocar la rebelión, pero tuvo que regresar a su cuartel debido a la deserción de 17 de sus hombres en el camino. Tras estos hechos, la insurrección se propagó rápidamente a las villas de Córdoba y Orizaba, obligando al gobernador Dávila a reforzar la guarnición de la segunda, enviando al capitán Antonio López de Santa Anna al frente de soldados del Fijo y lanceros. El 23 de marzo llegó a Orizaba el antiguo insurgente Francisco Miranda acompañado de José Martínez, quienes exhortaron a Santa Anna y al ayuntamiento a adherirse al Plan de Iguala. La reticencia de Santa Anna dio inicio a un nutrido intercambio de disparos, retirándose el capitán realista al convento del Carmen, en donde se fortificó y publicó un bando para que en el plazo de dos horas, se presentaran todos los vecinos que tuvieran caballo y armas. Alrededor de las cuatro de la mañana del 29, después de haber recibido un refuerzo de 20 infantes de Mallorca procedentes de Córdoba, Santa Anna atacó a los independentistas que descuidadamente dormían en la garita de la Angostura, matando a algunos y tomando caballos y equipamiento. Esta victoria fue celebrada a todo repique y salvas en el convento del Carmen, pues los religiosos estaban a favor del gobierno. Por su parte, el virrey premió a Santa Anna con el grado de teniente coronel y el diploma de la Cruz de la real y distinguida orden americana de Isabel la Católica. Esta sería la última acción a favor de los realistas que haría el recién ascendido, pues posteriormente a recibir el grado, defecciona uniéndose a Herrera y al Plan de Iguala[32][33].

(Continuará).

martes, 7 de abril de 2026

El jarocho. Una aproximación a la palabra y al personaje histórico - Parte V y final


Por Luis Villanueva


El Jarocho.
Origen y significado de la palabra.

    En la Parte IV de esta misma serie, se apuntó que posiblemente una de las primeras explicaciones sobre el significado de la palabra jarocho en la entonces Nueva España, la dio el oficial realista Modesto de la Torre en agosto de 1821: Jarocho, en Veracruz, es hombre del campo”.1 Por su parte, el también español Eugenio de Aviraneta, quizá haya sido el primero en dar una posible raíz a la palabra en 1825: ...y sus armas, que consisten en machetes, para su propia defensa ó para rozar las malezas en el monte, ó las Jaras, de donde deriba (sic) el nombre de Jarocho”,2 declaración esta última que ha perdurado hasta nuestros días. El siguiente en dar una razón, que a su vez respalda los dichos de Aviraneta, fue el francés Lucien Biert, que a mediados del siglo XIX escribió: “En estas expediciones, los conductores van armados con unas lanzas muy largas llamadas jarochas; de aquí el nombre familiar de jarochos que se les da en la meseta,...3 En otra parte de sus narraciones, este mismo autor aclara que era la gente de las zonas altas las que les nombraban de esa forma: “Nombre que dan los habitantes de las Tierras templadas á sus compatriotas de las Tierras calientes.4 No obstante, aun con estos antecedentes, el origen y significado de esta palabra aún presenta un origen incierto o descontextualizado. Curiosamente, aún siendo una palabra con orígenes en Oriente Medio y España, en los diversos diccionarios de la lengua castellana (incluyendo varios de la Real Academia Española), la entrada “jarocho(a)” no apareció hasta por lo menos 1847, específicamente en el Nuevo diccionario de la lengua castellana que comprende la última edición íntegra, muy rectificada y mejorada, del publicado por la Academia Española, editado en París:

+JAROCHO, CHA. m. p. Méj. CAMPESINO, el que anda siempre en el campo. Aplíquese también a los mulatos y á todos los de raza africana.”5 6

    Obsérvese cómo la definición hace hincapié en la acepción de campesino, coincidiendo con de la Torre, así como su uso para identificar a los afroamericanos y afromestizos (situación que se abordó también en el capítulo anterior). Es de mencionar que para esos años esta palabra era usual en México, razón por la cual en el significado se indica su empleo en la provincia del país. En posteriores diccionarios de la lengua castellana, la entrada ”jarocho” aparecería y desaparecería hasta volverse una entrada habitual ya en a década de los sesenta del siglo XIX.

    Entre 1880 y 1883, en el Primer diccionario etimológico de a lengua española editado en Madrid, apareció la entrada Jarocho, mismo que variaba muy poco en su definición con la dada en 1847 en el diccionario de la lengua castellana:

Jarocho, cha. Masculino y femenino americano, CAMPESINO. Aplícase también á los mulatos y á todos los de raza africana.”7 

Pero sobre su origen etimológico nada se escribió. En 1885, el filólogo y maestro cubano, José Miguel Macías, en su libro: Elementos latinos del español,...señaló una posible raíz árabe en la palabra:

B – Mejicano, v. g.: jarocho, proced. del arábigo. Véase al final.8

    Al dirigirse el lector al final de esa página, se encuentra con una misiva dirigida al autor por el “Dr. Cárlos Hehnemann”, como respuesta a una duda que le planteó Macías sobre la etimología de la palabra “jarocho”, misma que por su interés reproduzco íntegramente respetando la ortografía con la que fue publicada:

   Apropósito del vocablo jarocho, escribí al ilustrado Dr. Carlos Hehnemann:” 

  “En contestación á la pregunta de Vd. Acerca de la procedencia de la palabra jarocho, apunto lo siguiente: Para más cerciorarme de que no procedía del nahuatl, ó mejicano, registré el Diccionario de Alonso Molina y el Catálogo Razonado de Eufemio Mendoza, y a posteriori tengo ya el convencimiento de que jarocho no se origina de ninguna voz azteca. Con objeto de averiguar que decían del término en cuestion los autores de la localidad, hojié, aunque infructuosamente, el Diccionario Geográfico é Histórico de Manuel Orozco y Berra , los Apuntes Históricos de Veracruz de Miguel Lerdo de Tejada, las Revoluciones del Estado de Veracruz de Manuel Rivera Cambas y algunos otros libros, cuyo relato omito en obsequio de la brevedad.”

    En vista de que nadie se ha ocupado sobre el particular, y contando anticipadamente con la benevolencia de vd., voy á exponer una explicacion á la que sólo doy el carácter de hipotética. Suponiendo que la diccion jarocho no haya experimentado adulteracion alguna, tiene que proceder forzosamente de una de estas dos dicciones arabescas: jara, especie de arbusto del Levante, la saeta, ó dardo, y por extension la vara á guizá de aguijon, y jaro, color rojizo, ó cárdeno, de la familia porcina. Es probable que la dicción jara [del arábigo cha'ra, mata, ó breña9] sea la raíz de jaracho, porque usándose por estas comarcas la jara en sustitucion del pial [peal] de los pueblos arribeños, nada más natural que el haber llamado jaro al que manejaba la jara; sin embargo, pudiera proceder de jaro, color, porque si bien es verdad que hoy se nombra jarocho al campesino, en un principio se aplicó exclusiva mente la voz como denominacion genérica de los mulatos, chinos, zambos, ó lobos, y demas individuos de las razas etiópica y americana con mezcla de la cancásica [caucásica] de Blumenbach. Ocho es en mi concepto una "desinencia" peyorativa, ó despectiva, al igual de la que se advierte en pinocho, carrocho, birlocho , etc., lo cual quiere decir, que no debe confundirse con la "terminacion" ocho de bizcocho, sancocho, etc., equivalente al octo latino, en que solo la o es la inflexion desinencial, como se advierte en cocto, ablativo singular de coctus, cocido."10

    Si bien el dr. Hehnemann aclara que su explicación etimológica es con carácter de hipotético, no deja se de ser interesante su planteamiento sobre el origen árabe de la palabra “jarocho”, algo que no había sido bosquejado con anterioridad. Con respecto a su análisis, en donde hipotetiza que el término pudo haber surgido bajo dos dicciones: “jara, saeta o dardo (del arábigo cha'ra, mata, ó breña) y jaro, color rojizo o cárdeno (amoratado), de la familia porcina...En un principio se aplicó exclusivamente la voz como denominacion genérica de los mulatos...”, la primera tendrían razón de ser en la península ibérica, lugar en donde posiblemente surgió la palabra; pero no así la segunda posibilidad en México, en donde los afromestizos empezaron a ser asociados con los jarochos hacia mediados del siglo XIX y no antes, cuando aún se resaltaba su origen andaluz y se relegaba a los afroamericanos a un segundo término como esclavos o ayudantes de aquellos en las faenas ganaderas. En cuanto a la primera vertiente, sí fue una realidad el uso de la jara como herramienta defensiva/ofensiva o laboral, lo que podría haber dado lugar al término jarocho, tal y como lo señalaron es sus escritos Aviraneta y Biert.

     Pero aún quedaría la duda con respecto a la terminación -ocho:

    ...en español hay muy pocas palabras que terminan con estas letras, principalmente en adjetivos calificativos y adjetivos numerales o en verbos cuyo infinitivo termine en '-ochar' y que estén conjugados en primera persona del singular del presente del indicativo o en tercera persona del singular del pretérito perfecto simple.11

    Por el momento, no he encontrado en documentos información alguna que respalde el uso despectivo o peyorativo que “desde su concepto” quiso darle Hehnemann y que con el devenir de los años permearía en otros autores.

La vertiente jara en la palabra jarocho

    En 1895 apareció en el Diccionario de mejicanismos una interesante definición y etimología de la palabra jarocho:

Jarocho (Ver.), s. Ranchero, hombre del campo. El término jarocho significa peludo, greñudo; de jara, pelo, greña.” 12

    El significado del término jarocho como peludo, greñudo, no dejó de causar sorpresa a este escribidor e historiadorcillo, pues por vez primera leía que la palabra estaba relacionada etimológicamente con el cabello. Pero el maestro de origen cubano y autor de ese diccionario, Félix Ramos y Duarte, no estaba errado. Según el Diccionario de la lengua española:

jara”

Del ár. Hisp. šá‘ra, y este del ár. Clás. ša‘rā' 'tierra llena de vegetación' “.13

    Palabra que a su vez evolucionó del árabe al español (pasando por su relación con el cabello), de la forma siguiente:

Etimología de JARA”

JARA”

    La etimología de jara, como viene en la DRAE, es el árabe andalusí šaˁrā:ˀ, que en principio era en árabe clásico una forma típica del femenino de ciertos adjetivos que hacen el masculino y el femenino frecuentemente usados para calificativos de color o características físicas. En este caso el adjetivo estaría formado sobre una raíz {šˁr} que es la que indica 'pelo' (shaˁr) y esto le daba al adjetivo šaˁ: el significado de 'velludo, peludo, hirsuta'. Luego pasó a denominarse así a la tierra cubierta de vegetación y de ahí fue que se dijo šaˁrā a los matorrales, las breñas, que en el clima mediterráneo de al-Andalus se caracterizan por el predominio de las jaras del género Cistus, por lo que se le llaman 'jarales', de donde se dijo en árabe andalusí šaˁ: o šaˁrà a las jaras por antonomasia y de ahí salió el arabismo del castellano antiguo xara, que en el español moderno se ortografía jara y que los castellanos han pronunciado con una j fricativa sorda uvular que se asemeja al fonema que en árabe se escribe con (/h/), pero el resto de los hispanoparlantes pronunciamos como fricativa sorda pospalatal y algunos, como los gaditanos y los cubanos con una h aspirada tan tenue que hay quien no la oye. Pero esta jara no tiene relación con Guadalajara ni con la palabra...que en árabe suena خراء" (kharaa')14 (excremento).

    La aclaración final abre la pauta par pensar que la explicación sobre la raíz y uso de la palabra que da el jurista e historiador Leonardo Pasquel, podría no ser del todo válida: “Jarocho viene de la voz árabe xara, que significa excremento y la interjección ¡so!” Y que, la voz jaro era aplicada por los españoles de Andalucía, a lo largo del virreinato, a los puercos, marranos o cochinos, y jarocho al porquerizo o cuidador de aquellos.15

    Sobre este último aspecto aspecto, el Dictionary of Arabic and Allied Loanword...(2008), señala lo siguiente:

    jará 'filth' (Anl.): considering its isolation and only recent documentation, this item appear to be a contemporary borrowing from Mor. xra < Cl.Ar. xarāˀ “excrement”, matched by And. xará which had Rom. reflexes in haragán, jaryéntarse and jaryénto, q.v. Therefore, the reappearance of a repressed Mudejar or Morisco item of taboo language in Cs. spelling cannot be altogether excluded.”16

 “jará 'inmundicia' (Anl. Árabe Andalusí): considerando su aislamiento y solo por documentación reciente, esta palabra parece ser un préstamo contemporáneo del Mor. (Marroquí) xra. < (proviene o deriva de) Cl.Ar. (Árabe Clásico) xarāˀ (xárya) 'excremento', coincidente con el And (Andaluz). xará el cual se reflejó en el Rom. (Romance) haragán, jaryéntarse (ser comido por gusanos) y jaryénto (comido por gusanos), q.v. ('quod vide', 'véase'). Por consiguiente, no se puede excluir por completo la reaparición de una palabra Mudéjar o Morisca reprimida por formar parte del lenguaje tabú en la ortografía Cs. (Castellana).”

 Por lo anterior, la explicación de Pasquel para el significado de xara no es la correcta, pues todo parece señalar que hay coincidencia entre las palabras xarāˀ (excremento) y xará (haragán), y que nada tienen que ver con el vocablo šaˁ: o šaˁ (xara), misma que derivó en jara.

    Por otra parte, en el mismo diccionario, la entrada jaro arrojó lo siguiente:

    “jaro (Cs.) “Red-haired”, jaro and der. Jaramendado and jaramandero “white spotted animal” (Sal.) and jaro “slovenly; dirty, saffron yellow” (Anl.): to judge by standard Cs., which appears to be semantically most conservative, this adjective is the backformed masc. of jara, < And. záˁra, fem. Of azˁár, of the same meaning...”17

    “jaro (Cs. - Castellano) “pelirrojo”, jaro y der. (derivado) Jaramendado y jaramandero, “animal manchado de blanco” (Sal. - Salamantino) y jarodesaliñado; sucio, amarillo azafrán” (Anl. Árabe Andalusí): juzgar por el Cs. (Castellano), el cual parece ser semánticamente más conservador, este adjetivo es la derivación regresiva masculina de jara, < And (que procede del Andalusí) záˁra, fem. (femenino) de azˁár, del mismo significado...”

      Y para el vocablo jarocho:

     jarocho: see farota and arocho.”

    “farota: see arocho.”

    arocho 'wild boar smaller and more ferocius than the average' (Anz. and Anl.) and (j)arocho 'small deer with antlers larger than usual; slovenly person' (Anl.): might derive from an allomorph *har(r)új (of the hypocoristic pettern {1a/u22ū3}, not documented in this particular case, but frecuently used in every Neo-Ar., dialect, on account of its expressiveness), of And. ḥárij ´wrathful´, from a root much used in that sense. The same etymon would befit Malagan jarocho ´curt or insolent person´. Anl. arocha 'nanny goat whose milk is solid', Leo. farocho ´bungled', and faro/ucho 'bungler' (with the der. faruchar 'to botch'), farota (Cs. and pt., prob. borrowed from Cs.) 'bad-tempered woman', Cs. feroche ´bad-tempered' contaminated by feroz 'ferocius',...”18

    jarocho: ver farota y arocho.”

    farota: ver arocho.”

    “arocho ´el jabato más pequeño y más feroz que el promedio´ (Anz. y Anl. - Árabe Andalusí y Andalusí) y (j)arocho “cervatillo con las astas más grandes de lo habitual; persona descuidada (Anl. - Árabe Andalusí): puede derivar de un alomorfo *har(r)új (de un patrón hipocorístico {1a/u22ū3}, no documentado en este caso en particular, pero frecuentemente usado en cada dialecto Neo-Ar [Neo-Árabe], por su expresividad), del And. (Andalusí) árij 'colerico', de una raíz más utilizada en ese sentido. La misma raíz podría corresponder al malagueño jarocho 'persona brusca o insolente'. Anl. (Andalusí) arocha 'cabra cuya leche está cuajada', Leo (Leonés). farocho ´arruinar' y faro/ucho 'inepto' (con el der. faruchar 'arruinar', farota (Cs. and pt., prob. - Castellano y Portugués probablemente compartido del Cs. - Castellano) 'mujer con mal carácter', Cs. - Castellano - feroche 'mal carácter' viciado con feroz'...“

  Con respecto a esto, considero poco probable (dentro de su contexto histórico), que la raíz farota (“mujer con mal carácter” o en otras versiones, “mujer descarada y sin juicio”19), explique la etimología del jarocho de la Tierra Caliente veracruzana. Esta etimología es la misma que utiliza la Academia Mexicana de la Lengua en su página web, en donde se retoma la entrada para jarocho, jarocha dada en el Diccionario breve de mexicanismos, por Guido Gómez de Silva:

jarocho, jarocha.”

(Por último del español provincial jarocho ‘persona de modales bruscos y algo insolentes’, que, igual que farota ‘mujer descarada’, viene del árabe jaruta ‘mujer charlatana’.) 1. adj. Perteneciente o relativo a Veracruz (municipio del estado del mismo nombre).”20

    En cambio, las etimología para “jarocho” de “persona brusca e insolente” o incluso el de “feroz” dado por el Dictionary of Arabic..., encaja bien con el uso que se le daba a ese vocablo en el México decimonónico, tal y como se lee en el siguiente ejemplo:

Antes de concluir excitan á las autoridades para que tomen en consideración los riesgos que corren los agricultores obligados a vivir entre esa raza inculta y feroz que llaman jarochos, y la necesidad de poner entre ellos jueces que los refrenen &c.21

    Otra vertiente más moderna, relaciona al vocablo “jarocho” con el idioma ruso, algo que solo agrego como referencia, pero que descarto debido a la nula influencia de aquél país en el territorio veracruzano. De cualquier forma, no deja de ser interesante la sugerencia:

    Esta palabra es una evidencia más de la insuficiente atención que se ha puesto a las influencias del idioma ruso en vocablos usados en América Latina a partir del siglo diecinueve. Jarocho es el resultado de las transliteraciones del equivalente ruso de bien y sus variantes bueno, buena: jarosh, jarosho, jaroshy. Ciertas semejanzas entre la alegría fiestera rusa y la veracruzana pudieron motivar expresiones aprobatorias de parte de los inmigrantes rusos y su contacto con la animada y risueña gente buena de la costa de Veracruz.22

    Durante 2023, el doctor en Historia Contemporánea, Raúl Romero Ramírez, documentó una idea sobre el origen de la palabra “jarocho”, basándose más en la toponimia que en la etimología. En el documento, después de justificar la importancia de Sevilla y Sanlúcar de Barrameda como puerto y antepuerto, respectivamente, en las rutas comerciales de y hacia América durante el siglo XVI, el investigador explica que hay semejanza orográfica entre la playa de la Jara (situada entre Sanlúcar y Chipiona, en la provincia de Cádiz, Andalucía; nombrada de ese modo debido a las plantas del género Cistus que brotan de manera silvestre), y las playas entre Veracruz y Antón Lizardo. Esto último incluye a la isla “Piedra de Salmedina”, frente a Chipiona y a la “isla de Salmedina”, situada en Antón Lizardo, que además de tener nombres semejantes, fueron usadas para el contrabando. Igualmente menciona que hay similitud entre las flores de las jaras, y las margaritas, también silvestres, que crecen en las mencionadas playas al sur de la ciudad de Veracruz.

    Con respecto a la palabra “jarocho”, Romero cita al historiador español Luis Benítez Carrasco: “Muchos de estos marineros a los que ´se las habían dado con queso´, llegados a bordo de sus naves al Puerto de San Juan de Ulúa, junto a la Villarica de la Veracruz en la Nueva España, cuando podían, desertaban, y siguiendo por las Barracas, hacia Antón Luzardo y Alvarado, se asentaban en aquellas playas, (…) y allí, ellos y sus descendientes, se llamaron a sí mismos con el paso del tiempo 'jarochos' como procedentes de la playa de La Jara en España (jareños) y también allí, tienen por patronas a la Virgen del Rosario y a la Virgen del Rocío”.23

     Romero también acota que

...el topónimo de 'jareño', aunque no de uso común en Sanlúcar de Barrameda o Chipiona sí se aplica entre los 'fuereños' para distinguirlos de las ciudades que los limitan de acuerdo a Manuel Jesús Parodi Álvarez, originario de Sanlúcar; tal como lo emplea Luis Benítez Carrasco.”24

    Y continúa:

    “La denominación toponímica “jarocho”, como 'jareño' no aparece escrito en ningún lugar en los siglos XVI y XVII. Pero esto es razonable pues no parece haber sido de mayor interés puesto que no se ligaban a estos grupos con alguna actividad económica en particular. Se sospecha que el topónimo pudo haber sido creado en esos siglos como una tradición oral devenida, o bien, de una minoría lugareña marginada, de los habitantes intramuros, o de los visitantes a esta región para distinguirlos. Así, “jareño” es una denominación para distinguirlos de los habitantes de Sanlúcar y Chipiona, y para “jarocho” la de los habitantes extramuros cercanos al puerto de Veracruz, ambos asociados a pícaros habitantes de las playas que viven 'de lo que haya'. Sin embargo, hacia el siglo XVIII, los 'jareños' ya se distinguen por actividades como la pesca y las faenas en los fondeaderos, mientras que los 'jarochos' se distinguen como pastores y cuidadores de ganado cabrío y vacuno,eso sí, sin perder ambos su esencia picaresca.”25

    A reserva de analizar el texto completo en un escrito posterior (la “sospecha” y el “pudo”, entre otros detalles, no dan mucho margen para la certeza), lo comparto como una referencia más para el posible origen de la palabra “jarocho”.

*****

    La palabra “jarocho” es un arabismo llevado a Nueva España desde la península ibérica, misma que fue evolucionando en su uso y significado desde su surgimiento y posteriormente, durante los años de la ocupación musulmana a España (711-1492); entendiéndose que para llegar al significado moderno de la palabra, tuvieron que pasar siglos de evolución lingüística, tiempo durante el cual la connotación fue dándose según el contexto de la época en que se usaba. Así, en el caso del vocablo jara, su significado hace un milenio no era el mismo al de hoy en día, olvidándose incluso su pronunciación, acepciones y usos originales. Por ejemplo, si actualmente se empleara esta voz para señalar a alguien peludo, velludo o hirsuto, no se entendería. ¿Es factible entonces emplear el significado de un vocablo durante su evolución, aunque sea posiblemente correcta su etimología, para explicar su uso contemporáneo? Pasquel así lo vio, pues señala una supuesta actividad porcina (por el color rojizo de alguna raza de cerdos, supongo) en Andalucía y “a lo largo del virreinato” como origen de la palabra jarocho, sin considerar que la raíz y significado dados por él fueron muy diferentes a los que la palabra tuvo cuando llegó a Nueva España. ¿Cuándo sucedió esto último? Es difícil de determinar; sin embargo, desde el año de 1726 el término jarocho apareció en un diccionario bilingüe editado en Londres (que no así en el habla diaria, donde su uso seguramente es más antiguo), para posteriormente ser llevada a Nueva España, en donde tomó relevancia con los insurgentes del centro del país durante la primera etapa de la guerra de independencia (1810-1811) y una década más tarde, ya en la etapa final de este mismo periodo (1821-1825), con los alzados de la Tierra Caliente a los alrededores de la amurallada Veracruz. En esos años jarocho tenía la acepción de “pastor” o “campesino” y por antonomasia, el de “ignorante”, significados que se usaron como sinónimos cuando los jarochos resaltaban militarmente, siendo esa última acepción la preferida entre los partidarios de la corona por su carácter despectivo. Definición que no era errada, a sabiendas que la palabra tuvo un significado en Málaga (región de Andalucía), para calificar como “descuidada, brusca o insolente” a cualquier persona, lo que parecería confirmar este significado y uso cotidiano de la mencionada palabra, por lo menos en la región Andaluza, antes de haber sido llevada a Nueva España, donde continuó con las acepciones de campesino e ignorante hasta finalizar el periodo novohispano. Luego, durante la etapa independiente, pero aun dentro del siglo XIX, la palabra continuó siendo utilizada (sin perder del todo su carácter peyorativo), como un sinónimo de “ranchero”. La atribución en el área veracruzana al uso de las jaras (f. Palo de punta aguzada y endurecido al fuego, que se emplea como arma arrojadiza, según la RAE), por el jarocho arriero de ganado y con cuya versión concuerdan tanto el Dr. Carlos Hehnemann (Ca. 1885) como el antropólogo Fernando Winfield (1971), este último explica que: “El término 'jarocho' proviene de jara en el sentido de saeta, flecha o lanza, llamándose antiguamente 'jarocha' a la vara o garrocha con que los arrieros puyaban a los animales, y jarochos a los que usaban este instrumento; y a los milicianos negros integrados en los cuerpos o compañías de lanceros que custodiaban las costas26

    Por mi parte, pienso que el término pudo haberse dado de una forma fortuita y afortunada a la vez, pues siendo la actividad económica principal entre los jarochos la ganadería y una costumbre entre ellos la de emplear las garrochas para arriar el ganado, aunado al recuerdo de los lanceros afroamericanos que estuvieron presentes en la Tierra Caliente desde finales del siglo XVI, influyeron en definitiva para hacer pensar que el nombre provino de su costumbre de usar las lanzas (jaras). Esto, independientemente del origen etimológico de la palabra y dejando por momentos de lado la acepción de “campesino” o “pastor” usados tanto en la Península Ibérica como en el virreinato a inicios del siglo XIX. Las narraciones de los viajeros, en donde describen el origen del vocablo por el uso de la mencionada herramienta o arma (las jarochas de Lucien Biert27) y cuya versión pudo haber sido dada a conocer por los jarochos mismos, hicieron el resto.

Fig. 1. Posible ruta etimológica de la palabra jarocho. 

______________

1 Claudia Guarisco, Un militar realista en la independencia de México, Madrid, Casa de Velázquez, 2021, pp. 109-110

2 Eugenio de Aviraneta é Ibargoyen, Mis memorias íntimas. 1825-1829, Méjico, Moderna Librería Religiosa de José L. Vallejo, 1906, p. 14

3 Lucien Biart, La Terre Chaude. Scènes de meurs mexicaines, Paris, G. Charpentier, Éditeur, 1879, p. 8

4 Ibídem

5 Vicente Salvá, Nuevo diccionario de la lengua castellana, París, Librería de don Vicente Salvá, 1847, p. 632

6 La abreviatura “m” significa “sustantivo masculino” y “p. Méj.”, “provincial de Méjico”. “La cruz (+) puesta al principio de un artículo denota que todo él se ha aumentado en la presente edición”.

7 Roque Bárcia, Primer diccionario etimológico de la lengua española. Tomo tercero, Madrid, Establecimiento tipográfico de Álvarez hermanos, 1880-1883, p. 235

8 José Miguel Macías, Elementos latinos del español, sinopsis de las lecciones dadas en la “clase de raíces” del colegio preparatorio de Veracruz, Veracruz, Tipografía Veracruzana, 1885, p. 254

9 El Primer diccionario general etimológico de la lengua española, confirma esta versión: “ETIMOLOGÍA. Árabe cha'ra <<mata ó breña,>> en Pedro Alcalá. La antigua forma xara hace evidente esta etimología, puesto que el cha se convierte en xa con suma frecuencia.“ Bárcia, op. cit., p. 233

10 Macías, op. cit., 13 “Jara”, en Diccionario de la lengua española, Real Academia Española, consultada 17 de marzo de 2026, https://dle.rae.es/jara#MLlxGfip. 254-256

11 “50 ejemplos de palabras que terminan en -ocho”, en Enciclopedia de ejemploshttps://www.ejemplos.co/palabras-que-terminen-en-ocho/ (consultado el 16 de febrero de 2026)

12 Félix Ramos y Duarte, Diccionario de Mejicanismos, coleccion de locuciones i frases viciosas, con sus correspondientes criticas i correcciones fundadas en autoridades de la lengua; máximas, refranes, provincialismos i remoques populares de todos los Estados de la República Mejicana, Méjico, Imprenta de Eduardo Dublan, 1895, p. 320

13 “Jara”, en Diccionario de la lengua española, Real Academia Española, consultada 17 de marzo de 2026, https://dle.rae.es/jara#MLlxGfi

15 “Nematatlín Jarocho”, en Universidad Veracruzana, consultada 28 de febrero de 2026, https://www.uv.mx/veracruz/nematatlin/2013/01/20/nematatlin-jarocho/

16 Federico Corriente, HdO. Dictionary of Arabic and Allied Loanwords Spanish, Portuguese, Catalan, Gallician and Kindred Dialects, The Netherlands, Brill, 2008, p. 338, 340

17 Corriente, op. cit., p. 339

18 Corriente, op. cit., p. 191

19 “JARA”, en DECEL. Diccionario Etimológico Castellano en Línea, etimologías.deChile,net, consultada 22 de febrero de 2026, https://etimologias.dechile.net/?jara

20 “jarocho, jarocha”, en Academia Mexicana de la Lengua, consultada el 22 de febrero de 2026, https://academia.org.mx/consultas/obras-de-consulta-en-linea/diccionario-breve-de-mexicanismos-de-guido-gomez-de-silva/item/jarocho-jarocha

21 Sin título, en Diario de Gobierno de la República Mexicana, 21 de mayo de 1842, p. 83

22 “JAROCHO”, en DECEL. Diccionario Etimológico Castellano en Línea, etimologías.deChile,net, consultada 22 de febrero de 2026, https://etimologias.dechile.net/?jarocho

23 Raúl Romero Ramírez, “Lo jarocho, un origen geográfico-sociocultural en la creación del imaginario popular sobre la América y el trasplante de España a la Nueva España”, en Armando Alonso Navarrete y Guadalupe Sánchez Álvarez (coord.), Memoria y patrimonio. Imágenes y representaciones desde México y El Caribe, México, Universidad Autónoma Metropolitana, 2023, p. 115

24 Ibídem.

25 Ibídem.

26 bídem.

27 ¿Sería factible que Biert, de origen francés, hubiera entendido “jarochas” en lugar de “garrochas”? La semejanza es insinuante, máxime que según el Diccionario del español de México, “garrocha s. f. Vara muy larga, generalmente con una punta de metal en uno de sus extremos, que se utiliza para arriar animales”.


FUENTES:

Bárcia, Roque, Primer diccionario etimológico de la lengua española. Tomo tercero, Madrid, Establecimiento tipográfico de Álvarez hermanos, 1880-1883, p. 235

Biart, Lucien, La Terre Chaude. Scènes de meurs mexicaines, Paris, G. Charpentier, Éditeur, 1879, p. 8

Corriente, FedericoHdO. Dictionary of Arabic and Allied Loanwords Spanish, Portuguese, Catalan, Gallician and Kindred Dialects, The Netherlands, Brill, 2008, p. 338, 340

De Aviraneta é Ibargoyen, Eugenio, Mis memorias íntimas. 1825-1829, Méjico, Moderna Librería Religiosa de José L. Vallejo, 1906, p. 14

Guarisco, Claudia, Un militar realista en la independencia de México, Madrid, Casa de Velázquez, 2021, pp. 109-110

Macías, José Miguel, Elementos latinos del español, sinopsis de las lecciones dadas en la “clase de raíces” del colegio preparatorio de Veracruz, Veracruz, Tipografía Veracruzana, 1885, p. 254

Ramos y Duarte, Félix, Diccionario de Mejicanismos, coleccion de locuciones i frases viciosas, con sus correspondientes criticas i correcciones fundadas en autoridades de la lengua; máximas, refranes, provincialismos i remoques populares de todos los Estados de la República Mejicana, Méjico, Imprenta de Eduardo Dublan, 1895, p. 320

Romero Ramírez, Raúl, “Lo jarocho, un origen geográfico-sociocultural en la creación del imaginario popular sobre la América y el trasplante de España a la Nueva España”, en Armando Alonso Navarrete y Guadalupe Sánchez Álvarez (coord.), Memoria y patrimonio. Imágenes y representaciones desde México y El Caribe, México, Universidad Autónoma Metropolitana, 2023, p. 115

Salvá, Vicente, Nuevo diccionario de la lengua castellana, París, Librería de don Vicente Salvá, 1847, p. 632