El
jarocho.
¿Mestizo,
“pardo” o “moreno”?
La investigación hasta este momento ha arrojado que el jarocho histórico era de origen mestizo, descendiente de andaluces y no de afroamericanos, a quienes según las fuentes decimonónicas despreciaban e incluso los tenían como esclavos o auxiliares en la faena, principalmente ganadera; sin embargo, no puedo negar la posibilidad de que se haya dado también una mezcla del jarocho mestizo-andaluz con los afroamericanos.
Una temprana referencia sobre el jarocho afromestizo la da en 1844 el periódico El Siglo Diez y Nueve. En esta, el historiador y abogado Carlos María de Bustamante da un giro brusco a la idea del jarocho mestizo - andaluz, cuando narra el periplo que realizó el entonces recientemente finado lic. José Sotero Castañeda, secretario y asesor de Morelos; diputado en el congreso de Chilpancingo y ministro de la corte de justicia al momento de su deceso, cuando buscó ocultarse en Veracruz a raíz de la captura del Siervo de la Nación:
“...Pásose al Departamento de Veracruz; y casi estinguida allí la revolución, por la toma del fuerte de Palmillas, é infidelidad, ó sea volubilidad de los negros llamados jarochos, que obligaron al general Victoria á ocultarse antes que indultarse, hizo lo mismo el Sr. Castañeda, hasta el grito de Iguala”.1
Bustamante etiquetó a los jarochos como “negros”, lo que hace suponer que él tenía el concepto de que eran afroamericanos; aunque, como ya ha sido detallado a lo largo de este trabajo, por entonces estaban en boga las descripciones y relatos sobre el jarocho mestizo-andaluz.
Otro antecedente sobre el jarocho afrodescendiente lo da en 1862 el escritor y político de origen inglés Charles Lempriere, al narrar que:
“El estado de la ciudad [Veracruz] era lamentable. Todo tenía que ser importado por mar. Todas las puertas de tierra estaban herméticamente cerradas por los infatigables Jarochos(*).”
“(*)Los Jarochos son mulatos. Todos ellos montan magníficamente y son empleados como pastores en las vastas reservadas de ganado que cubren las Tierras Calientes. Ahora están organizados en guerrillas y, por su conocimiento del intrincado país, son verdaderamente formidables.”2
Recordemos que los mulatos, dentro del sistema de castas, eran el resultado de la unión de padres blancos y negros, por lo que su tono de piel podía ser más claro (aunque poco probable, incluso de piel blanca), que el de alguna persona de tez negra o morena (dentro de una situación semejante se encontraban los pardos, surgidos de la mezcla de sangre africana, indígena y blanca, para dar lugar a un grupo que no era ni mestizo ni mulato). Al momento de escribir sus impresiones, Lempriere se encontraba en una ciudad y puerto ocupadas por las fuerzas de la Alianza Tripartita, pero rodeados y constantemente acosados por las partidas guerrilleras jarochas, por lo que es probable que Lempriere hubiera notado la presencia de gente de piel oscura en estos grupos nacionalistas o incluso, que viera alguna célula guerrillera conformada mayoritariamente por gente de color, lo que habría llamado fuertemente su atención. Entonces cabría la posibilidad de que los hubiera clasificado de forma general como “mulatos”, cuando pudieran haber estado reunidos mestizos de tez morena y afrodescendientes. En lo que acertó fue que estos “mulatos” eran “pastores en las vastas reservadas de ganado que cubren las Tierras Calientes”, algo que también fue descrito por lo menos desde el primer cuarto del siglo XIX.
Es importante recalcar que los afroamericanos han estado presentes en diversas etapas históricas de la hoy república mexicana (se tiene documentada la participación de gente de color desde la conquista). Estas personas fueron conocidos antes de las reformas borbónicas como “mulatos y negros”, para posteriormente (mediados del siglo XVIII), ser “suavizados” estos términos cambiándolos por el de “pardos y morenos”. En este tenor, el doctor en Historia Jairo E. Jiménez se apoya en el también doctor David Brading, para explicar lo siguiente:
“En la Nueva España la posición de una persona dentro de la sociedad estaba determinada por la clase social y la calidad («raza» en palabras del autor). Algunos términos como español, indio, mestizos, pardos, morenos y demás calidades eran categorías dentro de las cuales se clasificaba a cada individuo al momento de bautizarlos y se referían a la calidad cívica, fiscal y jurídica de las personas, más que a sus antecedentes genéticos”.3
Durante el el periodo borbónico, la Corona observó que la primera línea defensiva de la Nueva España en el Golfo de México, podía darse con la población y la topografía de Veracruz. Esto dio lugar a que muchos afroamericanos fueran integrados durante el siglo XVIII a los cuerpos de milicianos libres en la Tierra Caliente de Veracruz y sus alrededores, amén de haberse creado milicias semejantes en otras partes del virreinato. La situación no era nueva, pues la existencia de estos cuerpos militares se remontan al siglo XVI, tras haber sido publicado el decreto real de 1540 en donde se estableció que los colonos españoles residentes en las Indias, debían ocuparse de su propia defensa. Así, durante la década de 1550 en Veracruz, los afrodescendientes libres operaron como auxiliares en las unidades regulares del ejército, y desde mediados del siglo XVI hasta las primeras décadas del siglo XVII poco a poco se fueron incorporando en la estructura de la defensa colonial.4
Hacia 1746 el cosmógrafo y contador del reino, José Antonio de Villaseñor y Sánchez, escribió que en Orizaba, cabecera principal de la jurisdicción de igual nombre, había cuatro compañías milicianas de 100 hombres cada una, de las cuales, una estaba conformada por mulatos. Estas compañías estaban liberadas de pagar el tributo (en la ciudad de Veracruz las primeras exenciones a estas castas se dieron en 1679),5 pues tenían la obligación de llegar a la Nueva Veracruz al término de 30 horas si la situación así lo requería.6 Por otra parte, en esta última ciudad había cuatro compañías, también de 100 hombres cada una: dos de mulatos libres y dos de negros, alistados con los vecinos de la plaza; mientras que con los ranchos a las orillas del río Jamapa, Cotaxtla, etc., en unión con los pueblos de Medellín, Tlalixcoyan y sus haciendas, había la capacidad para reunir de setecientos a ochocientos hombres de lanza, quienes con rapidez acudían con sus caballos a la ciudad si por alguna urgencia se requirieran.7 En 1760 se formaron en Nueva Veracruz dos compañías de pardos y morenos libres, que juntas sumaban cerca de 200 hombres.8 Se ha señalado que a diferencia de la tropa regular, estas milicias eran baratas para las cajas reales, pues solo había que pagarles y mantenerlas cuando estuvieran en servicio; estaban conformadas por personas más adaptadas al calor y a la fatiga por esta causa, al hambre y a la sed, conocían a la perfección el terreno donde habitaban y eran muy hábiles en el manejo del caballo, además de siempre estar armados (Características todas estas que permanecerían en los jarochos decimonónicos). Según el gobernador y comandante militar de Veracruz, Félix Berenguer de Marquina y Fitz-Gerald (1778), la gente de la zona era "de color quebrado, mulatos, chinos, muy pocos blancos, y negros de una robustez, de una estatura proporcionada" y que vestían muy sencillamente: "lienzo crudo en verano, y en invierno chamarreta de paño azul del reino y siempre descalzos de pie y pierna; el único abrigo que usan para la defensa de las aguas es un capisayo o manga de petate"9 (vestimenta y fisiología que también recuerdan las descripciones sobre el jarocho del siglo XIX). Entre octubre de 1764 y marzo de 1767, tiempo en que estuvo el comandante general Juan de Villalba y Ángulo constituyendo un cuerpo de tropas regulares en el virreinato, las milicias fueron organizadas y disciplinadas pues no estaban controladas por la Corona, logrando que fueran elogiadas las compañías de lanceros de los poblados alrededor de Veracruz. El 10 de julio de 1766 arribó a la Nueva Veracruz el virrey Marqués de Croix, plaza en donde permaneció alrededor de un mes. Entre otras cosas, pasó revista a las fuerzas regulares y de la milicia, reorganizando el batallón de lanceros de Veracruz en cinco escuadras: Tlalixcoyan, Medellín, Médanos de Veracruz, Jamapa y Boca del Río, haciendo hincapié en su efectividad para la defensa del virreinato. También impulsó a la antigua organización de las milicias urbanas, conformadas por compañías de pardos, morenos y blancos. Para conseguirlo, desde 1765 envió al mariscal Antonio Ricardos y al coronel Diego Panes a reconocer y formar las compañías milicianas de Orizaba, Córdoba, Paso del Obispo, Cotaxtla, Alvarado y Tlacotalpan. También en Xalapa, San Andrés, San Juan Coscomatepec, Quechula, Perote y poblados en sus alrededores.10 En la revista realizada en 1768 por el Inspector de Infantería de Nueva España, Felipe de Fonsdeviela y Ondiano, II Marqués de la Torre, certificó la presencia en Xalapa y Perote de “las compañías de Milicias Provinciales de Blancos y Pardos”, con cuatro compañías de blancos y una de pardos de 100 efectivos cada una.11 En 1772, la plaza de Veracruz contaba con cuatro compañías de milicianos (de 100 hombres cada una), de los cuales dos eran de infantería conformados exclusivamente por pardos y morenos; Orizaba con otras cuatro, siendo una de infantería parda y morena. Aunque no se especifica la casta, Alvarado contaba dos de infantería y una de caballería; Tlacotalpan con una de infantería y una de caballería; y Medellín-Tlalixcoyan con 800 milicianos de caballería. De estas últimas, puedo pensar que cierta cantidad de compañías podrían haber estado conformada exclusivamente por afroamericanos, tomando en consideración que las autoridades españolas habían ordenado que en “los batallones provinciales de blancos no se admitieran castas tributarias”; esto es, que debían conservar su etnia.12 Según el ingeniero e historiador, Manuel Rivera Cambas, durante 1767 se creó el cuerpo de caballería Lanceros de Veracruz.13 En 1776, en un comunicado enviado al virrey Antonio María de Bucareli, se informó que los cinco escuadrones que conformaban la compañía de lanceros estaban integrados y organizados de la siguiente manera: 1° de Veracruz (93 soldados), 2º de Tlalixcoyan (150), 3º de Medellín (115), 4º de Jamapa (119) y el 5º de Boca del Río (89), haciendo un total de 566 hombres a caballo.14 Por otra parte, en 1780 la oficialía real notó que era muy difícil la organización de las milicias locales debido a que la población era muy indisciplinada. Con todo y esto, los armaron con fusiles o carabinas para que defendieran sus tierras y cazaran, pues se les consideraba de importancia para la defensa debido a que siempre estaban armados, eran dueños de sus caballos y también eran buenos jinetes,15 características que se mantendrían en el jarocho histórico. A fines del siglo XVIII, se consolida la sustitución del término “mulato” por “pardo”, reflejándose este cambio en los libros de matrimonios de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de la ciudad de Veracruz, donde la mayoría de los individuos de ascendencia africana fueron clasificados como “pardos libres”, volviéndose secundario el uso de “mulato”.16 (En la Nueva Veracruz estos ajustes quedaron reflejados en los registros civiles, eclesiásticos y militares). En 1799 se realizó un censo en el centro de Veracruz, el cual, en conjunto con la organización territorial de las milicias, permitió conocer plenamente la cantidad de personas avecindadas en los pueblos, haciendas y ranchos en la zona. El cuerpo de lanceros fue entonces dividido en siete escuadras: Primera Escuadra del Cuerpo de Lanceros de Veracruz, 101 efectivos (1 alférez, 2 sargentos, 1 tambor, 4 cabos y 93 jinetes rasos) , con cabecera en el Campo del Santo Cristo, Arrabal de Veracruz; segunda, 152 efectivos (1 capitán, 1 alférez, 2 sargentos, 1 tambor, 4 cabos y 143 jinetes rasos), con cabecera en la Villa de Medellín; tercera, 152 efectivos (1 teniente, 1 alférez, 2 sargentos, 1 tambor, 4 cabos y 143 jinetes rasos), con cabecera en el poblado de Jamapa; cuarta y quinta, 152 efectivos en cada Escuadra (1 capitán, 1 alférez, 2 sargentos, 1 tambor, 4 cabos y 143 jinetes rasos, respectivamente), con cabeceras en Tlalixcoyan y La Estanzuela; sexta, 152 efectivos, (1 capitán, 1 alférez, 2 sargentos, 1 tambor, 4 cabos y 143 jinetes rasos), con cabecera en la ciudad de La Antigua; séptima, 152 efectivos, (1 teniente, 1 alférez, 2 sargentos, 1 tambor, 4 cabos y 143 jinetes rasos), no se indica cabecera.17 18 Con respeto al censo, es notorio el predominio de la población con ascendencia negra en el total de las escuadras (69.20% del total de los hombres con la posibilidad de tomar las armas), superando por mucho a los mestizos (20.44 %) y blancos (10.34 %). Ver la Tabla 1:
Tabla 1
Diseño de uniformes de las compañías de Milicias Urbanas de Blancos, Pardos y Morenos de Veracruz. Fuente: AGI, MP-UNIFORMES,95
Ahora bien, ¿podría el jarocho histórico haber sido clasificado como “pardo” dentro del sistema de castas? Para obtener una posible respuesta, repasemos las observaciones (muy pocas) con respecto a su tono del piel, reproducidas a lo largo de este trabajo:
Félix Berenguer de Marquina y Fitz-Gerald, gobernador de Veracruz (1778): “...de color quebrado, mulatos, chinos, muy pocos blancos, y negros de una robustez, de una estatura proporcionada”.
Louis-Eugène-Gabriel de Ferry de Bellemare, Gabriel Ferry, (entre 1831 y 1838): “Su cutis era de un moreno tan subido que resultaba en término medio entre el de negro y el de indio.” 19
Ángel Vélez (1844): “...y de un color [de tez] claro”.20
Ernest de Vigneaux (1855): “...y de tez morena tirando al amarillo”.21
Es de notarse que no hay coincidencia en el tono de piel del jarocho, pues este va del moreno oscuro al tendiente al amarillo, pasando por un tono claro. Como bien observó en 1855 el filibustero Ernest de Vigneaux, el jarocho “...es la mayoría de las veces un producto de tres razas reunidas”22, descripción esta última que encaja perfectamente con la definición de “pardo”. Entonces, puedo concluir que en el jarocho no solo corría sangre andaluza, sino también negra e indígena, de allí que su color de piel variara, predominando la tez oscura por la genética o debido al terrible sol de la Tierra Caliente.
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1Carlos María de Bustamante, “Necrología”, en El Siglo Diez y Nueve, 12 de noviembre de 1844, p. 2
2 Charles Lempriere, Notes in Mexico in 1861 and 1862.: Politically and socially considered, London, Spottiswoode and Co.,1862, p. 314
3 Jaime Eduardo Jiménez Sotero, “Pardos y morenos veracruzanos, siglo XVIII: blanquitud y diferencia colonial en las milicias novohispanas”, en Tabula Rasa, n. 45, enero-marzo, 2023, p. 133
4 Ben Vinson III, “Los milicianos pardos y la construcción de la raza en el México colonial”, en Signos Históricos, Vol. 2, n. 4, julio-diciembre, 2000, p. 90-91
5 Ibíd., p. 99
6José Antonio de Villaseñor y Sánchez, Theatro americano. Descripción general de los reynos y provincias de la Nueva-España y sus jurisdicciones, México, Imprenta de la viuda de D. Joseph Bernardo de Hogal, 1746, p. 259-260
7Ibíd., p. 274
8 Manuel Rivera Cambas, Historia antigua y moderna de Jalapa y de las revoluciones del Estado de Veracruz. Tomo I, México, Imprenta de I. Cumplido, 1869, p. 135
9 Juan Ortiz Escamilla, “Las compañías milicianas de Veracruz. Del "negro" al 'jarocho': la construcción histórica de una identidad”, Ulúa. Revista de Historia, Sociedad y Cultura, Año 4, n. 8, 2006, p. 10
10 Ibíd, p. 14
11 Jiménez Sotero, op, cit., p. 122
12 Ibíd, p. 16-17
13 Rivera Cambas, op, cit. p. 153
14 Jaime Eduardo Jiménez Sotero, “Afrodescendientes en la milicia de Veracruz. Defensa militar en el siglo XVIII novohispano”, en Revista Oficio de Historia e Interdisciplina, n. 20, enero-junio, 2025, p. 44
15 Ortiz Escamilla, op., cit., p. 15
16 INHERM, “#HistoriaAfrodescendiente”, 14 de noviembre de 2025, [actualización de estado en Facebook], recuperado de https://www.facebook.com/inehrm.fanpage/posts/historiaafrodescendientehacia-finales-del-siglo-xviii-en-el-puerto-de-veracruz-s/1278255417664832/, consultado 6 de enero de 2026
17 Juan Ortiz Escamilla, El teatro de la guerra. Veracruz, 1750-1825, Xalapa, UV-Editorial Ariles, 2024, p. 88-96
18 Mario Jesús Gaspar Covarrubias, “Historia de los lanceros de Veracruz y su cuartel en La Antigua”, Hoy Xalapa, 17 de marzo de 2023, consultado el 26 de diciembre de 2025, https://hoyxalapa.com/2023/03/17/historia-de-los-lanceros-de-veracruz-y-su-cuartel-en-la-antigua/
19 Luis de Bellemare, Escenas de la vida mexicana, Barcelona, Administración Nueva de San Francisco, p. 179-180
20 Ángel Vélez, “Trages y costumbres nacionales. El jarocho (Departamento de Veracruz)”, en El Museo Mexicano, 1 de enero de 1844, p. 62
21 Ernest de Vigneaux, Souvenirs d'un prisonnier de guerre, au Mexique 1854-1855, Paris, Librairie de L. Hachette et Cie, 1863, p. 541
22 Ibídem
Fuentes:
de Bellemare, Luis, Escenas de la vida mexicana, Barcelona, Administración Nueva de San Francisco, p. 179-180
de Bustamante, Carlos María, “Necrología”, en El Siglo Diez y Nueve, 12 de noviembre de 1844, p. 2
de Vigneaux, Ernest, Souvenirs d'un prisonnier de guerre, au Mexique 1854-1855, Paris, Librairie de L. Hachette et Cie, 1863, p. 541
de Villaseñor y Sánchez, José Antonio, Theatro americano. Descripción general de los reynos y provincias de la Nueva-España y sus jurisdicciones, México, Imprenta de la viuda de D. Joseph Bernardo de Hogal, 1746, p. 259-260
Gaspar Covarrubias, Mario Jesús, “Historia de los lanceros de Veracruz y su cuartel en La Antigua”, Hoy Xalapa, 17 de marzo de 2023, consultado el 26 de diciembre de 2025, https://hoyxalapa.com/2023/03/17/historia-de-los-lanceros-de-veracruz-y-su-cuartel-en-la-antigua/
INHERM, “#HistoriaAfrodescendiente”, 14 de noviembre de 2025, [actualización de estado en Facebook], recuperado de https://www.facebook.com/inehrm.fanpage/posts/historiaafrodescendientehacia-finales-del-siglo-xviii-en-el-puerto-de-veracruz-s/1278255417664832/, consultado 6 de enero de 2026
Jiménez Sotero, Jaime Eduardo, “Pardos y morenos veracruzanos, siglo XVIII: blanquitud y diferencia colonial en las milicias novohispanas”, en Tabula Rasa, n. 45, enero-marzo, 2023, p. 133
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Rivera Cambas, Manuel, Historia antigua y moderna de Jalapa y de las revoluciones del Estado de Veracruz. Tomo I, México, Imprenta de I. Cumplido, 1869, p. 135
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Vinson III, Ben, “Los milicianos pardos y la construcción de la raza en el México colonial”, en Signos Históricos, Vol. 2, n. 4, julio-diciembre, 2000, p. 90-91


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