lunes, 1 de agosto de 2022

La Guerra de los Pasteles - Entrega No. 1 - Preámbulo

Por Luis Villanueva

 Preámbulo:

Francia había entablado relaciones con la naciente nación mexicana desde el año de 1825; sin embargo, fue hasta el año de 1827 en que ambos países signaron un convenio previo que sentaría las bases para formar un tratado bilateral. Este convenio (conocido con el nombre de declaraciones provisionales), carecía de poder legal en México debido a que no fue aprobado ni publicado por el congreso general, según lo dictaminaba la Constitución de 1824. No obstante, los franceses residentes en el país disfrutaban de las mismas garantías concedidas a los súbditos de otros países que tenían tratados con la república, aunque en la práctica no existía un sustento legal para ser exigidas (Parte no oficial, 1838).

El convenio quedó sin ratificar por ambas naciones por mucho tiempo, lo que dio lugar a que se fueron acumulando en la legación francesa de S. M. el Rey de Francia, las reclamaciones por zaqueo, destrucción de propiedades y asesinatos de que habían sido víctimas los súbditos franceses. Esto inició un enojoso intercambio de correspondencia diplomática que deterioró las relaciones entre México y Francia, pues la legación gala exigía que las declaraciones provisionales fueran cumplidas, en el entendido que debían de regir en la República sin necesidad de aprobación del Congreso mexicano.

En 1837, durante el gobierno del general Anastasio Bustamante, llegó a México el ministro plenipotenciario de Francia, el Barón Antoine Louis Deffaudis; con la tarea de concluir el Tratado entre los dos países y resolver las demandas (indemnizaciones), de los súbditos franceses acumuladas durante más de diez años. Esto último debido a los constantes cambios de gobierno y a la inestabilidad política; así como también a las evasivas y dilaciones que daba el gobierno mexicano tanto a este asunto como a otros.

Anastasio Bustamante. presidente de México
durante la "Guerra de los Pasteles"

Entre estas reclamaciones francesas se encontraban el saqueo y destrucción de propiedades durante los disturbios, préstamos forzosos obtenidos por medio de la violencia, la denegación de justicia y finamente, por juicios ilegales y carentes de validez realizadas por las autoridades administrativas, civiles o militares del país. (Supremo Gobierno, 1838, p. 5).

Como Deffaudis había tenido una actitud arrogante e inflexible, que acogía las reclamaciones de sus compatriotas sin realizar examen alguno o sin ceder a las inconsistencias de los casos y a las explicaciones del Ministerio mexicano, el gobierno decidió instruir a don José Máximo Garro, que a la sazón era Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Francia[1], para que expusiera la inadecuada conducta y desvaneciera los cargos realizados por el ministro francés en contra del gobierno mexicano. (Lerdo, 1857, p. 429).

Garro, después de varios intentos infructuosos, fue recibido por el gobierno francés hasta el 17 de noviembre de 1837, cuando ya estaban en marcha las órdenes de bloqueo y en camino los buques de guerra que lo llevarían cabo, lo que hizo pensar en una mala disposición del Rey Luis Felipe I de Francia para con México (Bravo, 1953, p. 486).

Por su parte, viendo Deffaudis que el gobierno mexicano no daba solución a sus demandas, se embarcó en Veracruz en el bergantín de guerra Laperouse el 16 de enero de 1838, para ir a informar al Rey sobre el estado de las negociaciones. Sin embargo, al poco de partir se encontró con el bergantín Laurier, que le llevaba pliegos de su gobierno, por lo que regresó a Veracruz a bordo de dicha nave. (Lerdo, 1857, p. 429).

El rey Luis Felipe I de Francia. 
Priorizó la guerra contra México en el año de 1838.

*****

El 6 de marzo de 1838, fueron avistadas desde temprano cuatro naves de guerra francesas: una fragata (inicialmente las versiones indicaron que era una corbeta) y tres bergantines (Capitanía del puerto de Veracruz. Entradas, 1838) (Interior. Departamento de Veracruz, 1838).

A su llegada, estos barcos rechazaron el auxilio del práctico que les fue enviado desde el puerto de Veracruz y dieron fondo en Antón Lizardo. La aproximación de esta escuadra de guerra movilizó a la gente de las rancherías vecinas al lugar, quienes se presentaron en la plaza de Veracruz pidiendo que se les empleara en el cuidado de aquél litoral. Por igual motivo se reunieron y armaron los vecinos de la Boca del Río y lugares aledaños (Interior. Departamento de Veracruz, 1838). Las naves permanecieron en aquella zona hasta el día 10 de marzo, para posteriormente desplazarse al fondeadero de Sacrificios, en donde ya se encontraban anclados dos bergantines llegados desde muchos meses atrás “para proteger el comercio francés” (Interior. Departamento de Veracruz, 1838) (Francia, 1838).

El Barón Deffaudis, a bordo de la fragata L' Herminie fondeada en Sacrificios, dirigió el 21 de marzo de 1838 un ultimátum al Gobierno mexicano en forma por demás altanera, en donde exigía la destitución de algunos funcionarios mexicanos que “habían agraviado” a varios ciudadanos franceses y el pago de $600 000 de indemnización por reclamaciones[2]. El ultimátum finalizaba diciendo que, si la respuesta fuera negativa sobre un solo punto o si tardase más del 15 de abril de ese año, las acciones pasarían a manos del comandante de las fuerzas navales de S.M., el señor Charles Louis Joseph Bazoche y que este oficial pondría en marcha las órdenes que había recibido. “Nada podía tratarse sobre el contenido del ultimátum mientras no se retirasen de nuestras costas las fuerzas navales francesas”, respondió en una misiva el gobierno mexicano a través del Ministro de Relaciones don Luis G. Cuevas el 26 del mismo mes (Bustamante, 1842, pág. 107).

Luis Gonzaga Cuevas. Ministro de Relaciones del gobierno 
de Anastasio de Bustamante durante la "Guerra de los Pasteles".

Al no darse una respuesta positiva del gobierno mexicano, el comandante Bazoche dio inicio al bloqueo del puerto de Veracruz y notificó a través de un oficio al general Manuel Rincón[3], Comandante General del Departamento del mismo nombre, que habían concluido las relaciones entre México y Francia, quedando bloqueados todos los puertos, aunque permitiendo a los pescadores el libre ejercicio de sus labores. Y agregó: “…que la Francia no quería descargar sobre México el peso de su poder que la aniquilaría, pues ningún odio personal se había suscitado entre ambos pueblos” (Ministerio del interior. Circular, 1838).

Charles Louis Joseph Bazoche. 
Inició el bloqueo al puerto de Veracruz.

El general Rincón desde la ciudad de Veracruz, con dignidad respondió: "Los términos en que el ultimátum está concebido, las indemnizaciones exageradas que abraza, y lo que es todavía peor, las pretensiones depresivas que en él se fijan para que las relaciones entre México y Francia continúen en lo sucesivo, son de tal naturaleza que han conducido inevitablemente las cosas al punto en que hoy se ven. [...] Muy apreciables son la amistad y buena correspondencia de la nación francesa, pero lo es mucho más el honor nacional, al cual nada se puede anteponer.

El general Manuel Joaquín Rincón y Calcáneo. Comandante General del Departamento de Veracruz durante la "Guerra de los Pasteles".

Este intercambio epistolar dio principio a siete largos meses de bloqueo francés al puerto de Veracruz (Cambas, 1871).

Fuentes:

  • Bravo, J. B. (Abril-junio de 1953). El conflicto con Francia de 1829 - 1839. Historia mexicana II, 477-502.
  • Cambas, M. R. (1871). Historia antigua y moderna de Jalapa y de las revoluciones del Estado de Veracruz. México: Imprenta de Ignacio Cumplido.
  • Capitanía del puerto de Veracruz. Entradas. (15 de Marzo de 1838). Diario del gobierno de la República Mexicana, pág. 2.
  • Francia. (7 de Febrero de 1838). El Cosmopolita, pág. 3.
  • Interior. Departamento de Veracruz. (15 de Marzo de 1838). Diario del gobierno de la República Mexicana, pág. 2.
  • Interior. Departamento de Veracruz. (16 de Marzo de 1838). Diario del gobierno de la República Mexicana, pág. 3
  • Lerdo, T. M. (1857). Apuntes históricos de la ciudad y puerto de Veracruz. México: Imprenta de Vicente García Torres.
  • Parte no oficial. (12 de febrero de 1838). Diario del gobierno de la República Mexicana, pág. 2.
  • Suplemento. (31 de marzo de 1838). Diario del gobierno de la República Mexicana. México: Imprenta de Galván.

Foto de encabezado: Bloqueo francés al puerto de Veracruz,

[1] Recibió este nombramiento el 19 de junio de 1837, presentando sus cartas credenciales ante el gobierno francés el 2 de octubre de 1837. https://es-academic.com/dic.nsf/eswiki/813616 https://acervo.sre.gob.mx/index.php/embajadores-de-mexico?id=156

[2] Es interesante hacer notar que dentro del ultimátum no se hace referencia alguna a los pasteles de Tacubaya, que supuestamente dieron origen al nombre con el que se conoce a este suceso histórico: La Guerra de los Pasteles. El almirante francés Charles Baudin, en su nota a Gorostiza del 22 de marzo de 1839, se queja de que se haya intentado poner en ridículo las reclamaciones francesas presentándolas como formadas “solamente por algunos pasteleros”. Por su parte, Mathieu de Fossey explica de la siguiente manera cómo pudo haber surgido la leyenda de los pasteles: «El hecho es que un fondero francés llamado Remontel, fué víctima de un robo ejecutado en Tacubaya por algunos oficiales, malas cabezas, en la víspera de la partida de las tropas que mandaba Santa Anna en 1832, cuando este general renunció á la esperanza de tomar á México y se dirigió á Puebla. Tomaron aquellos la precaución de dar de beber en exceso al fondero y á sus criados, y de encerrar luego á todos ellos. Cuando despertó al siguiente día, pudo advertir, ya muy tarde, que se habían apoderado de los productos de la venta de varios días, de parte de la vajilla, de los vinos y aun de la batería de cocina. Quejóse ante el encargado de negocios de Francia, señor Barón Gros, quién reclamó una suma de 800 pesos como indemnización. Esto fue origen de tantas exageraciones y burlas de la prensa. Todavía hoy (1857) no hay cien personas en México que rehúsen dar crédito a la reclamación de $30,000 por el consumo de pastelillos». (Le Mexique, París, 1857, p. 287). Por su parte Carlos Pereyra, en su obra De Barradas a Baudin, comenta al respecto de lo dicho por Mathieu de Fossey: “Excusado es decir que el viajero francés [Fossey] no puede ser autoridad, por falta de comprobación de sus afirmaciones y que la verdad de la reclamación solo se encuentra en la reclamación misma”. José Bravo Ugarte en El conflicto con Francia, 1829-1839, comenta también sobre lo dicho por Fossey: “Tales datos no son exactos, por lo menos en lo relativo al citado movimiento militar de Santa Anna, que no fue en 1832 sino en 1844; pero nada hemos podido hallar, para corregirlos, en los documentos del Archivo de Relaciones.”

[3] Rincón y Calcáneo, Manuel Joaquín (1784-1849).  General mexicano nacido en Perote, Ver. A mediados de 1837 fue nombrado Comandante General del Estado de Veracruz, defendiéndolo contra la intervención y bombardeo francés durante la primera etapa de la llamada Guerra de los Pasteles. En 1843 fue nombrado Comandante General de México y al año siguiente Gobernador Constitucional del mismo. Participó en la defensa de Churubusco en 1847 contra los invasores norteamericanos. En tres elecciones intentó alcanzar la Presidencia de la República, pero en ninguna obtuvo la mayoría. Siendo Senador de la República, muere en la Ciudad de México el 24 de septiembre de 1849.


martes, 5 de julio de 2022

Johann Moritz Rugendas

 

Retrato de Moritz Rugendas (1852). De Franz Hanfstaengl – Fuente: Wikipedia

Por Luis Villanueva.

    Johann Moritz Rugendas (Augsburgo, Alemania, 29 de marzo de 1802. Weilheim an der Teck, Alemania, 29 de mayo de 1858), fue un pintor costumbrista y dibujante reconocido por los paisajes, retratos y escenas cotidianas tomados en diversas partes de Latinoamérica. Llegó a la república mexicana en julio de 1831, pintando durante su estancia en la ciudad y puerto de Veracruz "Vista del mar hacia Veracruz y el Pico de Orizaba", "Vista de Veracruz, desde los médanos tierra adentro", (ambas con la técnica óleo sobre cartón). También realizó “La plaza de Veracruz”, “Camino de Veracruz a Medellín”, “Manga de Clavo. Hacienda del general Santa Anna”, “El puerto de Veracruz con el castillo de San Juan de Ulúa”, “Patio de una casa en Veracruz”, “Doña  Manuela Pérez, de Veracruz” (hermoso retrato con una fuerte influencia de Goya), “Isla y castillo de San Juan de Ulúa cerca de Veracruz” y “Patio de una casa de comercio en Veracruz”, entre otras. Mauricio Rugendas (como fue mejor conocido en el país), estuvo en México hasta el año de 1834 en que fue expulsado después de estar encarcelado por algunos meses, debido a que se vio involucrado en un fallido golpe de estado contra el presidente Anastasio Bustamante. Muere en Alemania el 29 de mayo de 1858, dejando tras de sí un acervo de más de 5 mil obras, las cuales se conservan en el Staatliche Graphische Sammlung München.

Moritz Rugendas. Vista del mar hacia Veracruz y el Pico de Orizaba (1831). Fuente: Europeana Collections.

Moritz Rugendas.Paisaje cerca de Veracruz; vista desde el este de la ciudad portuaria y la isla de San Juan de Ulúa (a la luz del día) (1831). Fuente: Europeana Collections.

Moritz Rugendas. La plaza de Veracruz (1831). Fuente: Europeana Collections

Moritz Rugendas. Manga de Clavo. Hacienda del general Santa Anna (1831). Fuente: Wikipedia (Kuperferstichkabinett, Staatliche Museen zu Berlin)

Moritz Rugendas. Camino de Veracruz a Medellín (1831). Fuente: Europeana Collections.

Moritz Rugendas..El puerto de Veracruz con el castillo de San Juan de Ulúa (1831). Fuente: Europeana Collections.

Moritz Rugendas. Interior de una casa enVeracruz (1831).

Moritz Rugendas. Isla y castillo de San Juan de Ulúa cerca de Veracruz (1831)
Fuente: Europeana Collections.

Moritz Rugendas. Doña Manuela Pérez, de Veracruz (1833). 
Fuente: Biblioteca Nacional Digital de Chile.


domingo, 3 de julio de 2022

Los nopos

 

Nopos tomando el sol en los alrededores del puente de río Medio (Foto: Mario Jesús Gaspar Covarrubias)

Por Luis Villanueva

 A lo largo de la historia de la ciudad y puerto, un personaje ha aparecido reiterada e inevitablemente en las narraciones, litografías, grabados y fotos. Lo anterior debido a que esta criatura despertaba tal admiración (o repulsión) cuando se le veía en las calles y techos o sobrevolando los edificios y casas, que su imagen quedó plasmada entre las cientos de líneas que se escribieron sobre la Nueva Veracruz durante los siglos XVII al XIX.

El nopo (Coragypsatratus), es uno de los miembros más abundantes de la familia de los buitres del Nuevo Mundo. Tiene una envergadura de 1.67 m. y un plumaje de color negro, con cuello y cabeza gris y en el caso de los machos, sin plumas. Es un carroñero, pero también se alimenta de huevos, crías de animales y de desechos humanos arrojados en basureros. Pone sus huevos en cuevas, árboles huecos o simplemente en el suelo, y generalmente tiene dos crías al año que alimenta por regurgitación. Esta ave carroñera es conocida con el nombre de “nopo” en la región oriente del estado de Veracruz, siendo su etimología incierta, pero podría proceder del vocablo maya “chombo” (ch’om), que significa “zopilote”.


Coragypsatratus. Es conocido en el puerto de Veracruz y sus alrededores con el nombre de "nopo".

La Nueva Veracruz, desde el siglo XVII hasta fines del siglo XIX, fue una ciudad rodeada de médanos y manglares. Era un recinto amurallado con una población hacinada, que sufría constantemente de la carencia de agua potable. También era lugar en donde existía un deficiente sistema de desalojo de aguas negras, pues este consistía en canales o acequias de desagüe construidos a mitad de calle, las cuales aprovechaban el poco declive del suelo para desembocar los desechos orgánicos al mar a través de unas alcantarillas hechas en la muralla.

Estas acequias estaban casi siempre pestilentes, lodosas y con agua estancada debido a que la gente tiraba en ellas todo tipo de inmundicias, lo que contribuía a que la ciudad estuviera siempre envuelta en un aroma pestilente a aguas negras, putrefacción y basura. El manejo de los desechos sólidos tampoco fue de lo mejor, pues eran tirados por la población en la vía pública, generando con ello la proliferación de moscas, cucarachas y olores desagradables. Los animales que morían en las calles eran dejados a la intemperie, sin que nadie se tomara la molestia de enterrarlos, o por lo menos llevarlos a los médanos que rodeaban a la ciudad.

El clima tampoco era de gran ayuda, pues estando el puerto en una zona de clima tropical húmedo, el calor y el alto nivel de humedad contribuían a la rápida descomposición de la materia orgánica y con ello, a la proliferación de enfermedades; mientras que en las aguas estancadas dentro y fuera de la ciudad, se reproducían los zancudos de la especie Aedes aegypti, portador del virus de a la temida fiebre amarilla (vómito negro o prieto) y del dengue. Así como también de la especie anófeles, transmisora del paludismo.

Zopilote en los alrededores del puente del río Medio (2016). Foto: Enrique Espinosa.


La somera descripción dada líneas arriba sirve para dar una ligera idea de cómo eran las condiciones de salubridad en la ciudad de Veracruz en aquellos siglos. Condiciones idóneas para que el nopo se reprodujera a sus anchas, debido a la enorme cantidad de alimento que la urbe le proporcionaba. Así las impresiones que dejaron los viajeros de antaño sobre este carroñero son tanto invaluables como constantes. Una de las primeras descripciones que se conocen de esta ave y de su labor, la dio el capuchino Francisco de Ajofrín a su llegada al puerto en noviembre de 1763:

Se crían unas aves que limpian la ciudad de inmundicias y llaman zopilotes, algo parecidas a los avestruces”. (Ajofrin, 1958:33).

Otro relato, publicado en la Édition Numérique Collaborative et Critique de l’Encyclopédie (1751), describe a los nopos de la siguiente manera:

“SUPPILOTES, (Hist. nat.)​​ oiseau du Mexique & des autres parties de la nouvelle Espagne ; ils sont de la grosseur d’un corbeau. On en distingue deux especes, les uns ont une crête de chair sur la tête, les autres ont une hupe de plumes. Ces oiseaux ne vivent que de charognes & d’immondices, & par cette raison il est défendu de les tuer à la Veracruz, dans l’idée où l’on est qu’ils contribuent à purifier l’air.” (Diderot, 1751: V. XV, 671)

“ZOPILOTES, (nat. Hist.) Ave de México y otras partes de la nueva España; Son del tamaño de un cuervo. Hay dos especies, algunas tienen una cresta de carne en la cabeza, otras tienen un plumaje esponjado . Estas aves viven solo de carroña y basura, y por esta razón está prohibido matarlas a la Veracruz, en la idea de que contribuyen a purificar el aire.”

Mientras que, en el Diario Noticioso Universal, publicado en el año de 1781 detalla lo siguiente al respecto de estas aves:

Los Suppilotes son unos pájaros del tamaño de un cuervo; de los que se distinguen dos especies; la una, que tiene sobre la cabeza una cresta de carne, y la otra un penacho de plumas. Estos pajaros se alimentan con animales muertos, y inmundicias. En Veracruz está prohibido matarlos, porque se juzgan utiles para purificar el ayre; […].” (Historia General de los Viajes, 1781:295).

Es importante hacer notar que por lo menos desde la segunda mitad del siglo XVIII estaba prohibido matar a los nopos, situación que se mantendría durante los siguientes 150 años, como se desprende de un par de textos expuestos en el transcurso de este trabajo.

 También existe una ligera exposición de la ciudad y sus zopilotes, que nos legó el capitán y explorador inglés George Francis Lyon, a su paso por Veracruz en el año de 1826:

Realicé algunas caminatas siguiendo el perímetro de la muralla, la cual rodea a la ciudad impidiendo la libre circulación del aire; esto puede en gran medida incrementar, sino es que producir, la pestilencia que cada año ocasiona muchos estragos. La costumbre de dejar a los animales muertos junto a la muralla se ha ido dejando; sin embargo, algunas veces son dejados cerca de los caminos, en donde son comidos durante el día por una numerosa cantidad de buitres y por la noche, sus hermanos carroñeros, los coyotes (o chacales), llegan por los restos del festín y los estridentes gritos y gruñidos que hacen al deleitarse del cuerpo, puede escucharse a gran distancia.  (Lyon, 1826:215-216).

Litografía de un nopo aparecida en la obra de Frederick A. Ober "Travels in Mexico and life among the Mexicans" (1882).

Por su parte, el explorador y viajero inglés, George Augustus Ruxton, en pleno bloqueo norteamericano al puerto de Veracruz (1846), nos dice al respecto del ave:

Dondequiera acecha el zopilote, único inquilino de estas calles, alimentándose de la basura y la carroña que abunda en cada esquina (Ruxton, 1846:13).

La viajera inglesa Victoria Lady Welby en 1850, complementa la descripción anterior con detalles por ella observados durante su visita al puerto:

El centro de la plaza está bastante cubierto de hierba y usualmente poblada de zopilotes (buitres carroñeros), acechando los alrededores en búsqueda de su abominable alimento. Estos zopilotes pululan en inmenso número en Veracruz; están tan domesticados que difícilmente se dignan salir del camino conforme usted avanza por la acera. Al anochecer ellos se posan por centenares en las cúpulas y torres de las iglesias como si de un gallinero se tratara (Welby, 1850:164).

Cinco años más tarde, el prisionero de guerra francés Ernest Vigneaux, en el año de 1855 escribió con ironía:

Las calles son amplias y bien pavimentadas. El cuidado de su limpieza, que no deja nada que desear, es competencia exclusiva de los zopilotes (Vigneaux, 1863:550).

Con la llegada y desembarco de las fuerzas del general Prim al puerto de Veracruz, comenzó a circular información en los periódicos españoles sobre la ciudad. Así, una nota aparecida en el Almanaque del Panorama Universal (1863), relata:

Hemos dicho que sobre las azoteas se ven revolotear continuamente una prodigiosa cantidad de zopilotes, asquerosas aves que han llegado á familiarizarse hasta tal punto con la población, que cuando descienden a la calle apenas se toman la molestia de desviarse de la acera algunos pasos para dejar el paso libre á los transeúntes. La población los mira por otra parte con la mayor consideración. Y se hacen en realidad dignos de ella, como que à su único cargo corre la limpieza de las calles, donde cada habitante es dueño de arrojar lo que se le antoje. La protección que se les dispensa llega al estremo de haberse en mas de una ocasión espedido edictos en su favor, castigando con una multa de veinticinco pesos al que se atreviera a matar uno de ellos, ni siquiera para estudiarlos anatómicamente”. (Veracruz, 1863:.20).

En diciembre de 1864 arribó al puerto el teniente mayor del servicio sanitario Ferdinand Karl Neuman. Este croata naturalizado, era parte del Cuerpo austriaco de voluntarios que venían a apoyar a Maximiliano de Habsburgo en su nuevo Imperio. Neuman, al respecto de los nopos, escribió:

4 de enero de 1865. Un espectáculo muy especial lo ofrecen los zopilotes; aves de rapiña que se parecen a nuestros cuervos, de 60 centímetros de altura, que por millares, habitan en la ciudad y sus alrededores. Estas aves ejercen aquí el servicio de la policía sanitaria, al comerse los cadáveres que se encuentran en las calles: cadáveres de perros, gatos y mulas, tal como se ve en Santiago de Cuba. Es muestra de la indolencia española ya que mantener las calles y los caminos en buen estado, significa para ellos una carga superflua. Eso explica que matar un zopilote se castigue con una multa de cinco pesos. (Neuman, 1969).

En el año de 1869, el escritor y explorador norteamericano Albert S. Evans, a su paso por la ciudad de Veracruz en camino de regreso a los Estados Unidos, detalló:

Los Zopilotes fueron mis amigos; pero para ellos yo debería haber tenido algún entretenimiento u ocupación por horas.”

“Deberías haber visto la alegre fila que logré hacer, lanzando un puñado de basura hacia ellos desde un restaurant, y entonces un perrito surgió entre ellos, espantándolos y haciendo volar sus plumas.”

“Nadie sabe dónde crían, y aunque se han hecho investigaciones sobre el tema durante tres siglos y medio, aún es un misterio […].” (Evans, 1873:478-479).

Una descripción más amable sobre el zopilote en Veracruz la da el escrito norteamericano William Henry Bishop, en 1881:

Largos caños para desalojar el agua se proyectan desde lo alto de la casas blancas y amarillas con techo plano y sobre éstas, se posan solemnes los zopilotes. Todo el mundo sabe que la limpieza de las calles de Veracruz está a cargo de los cuervos, o buitres. Lo que no todo mundo conoce es con qué dignidad estos grandes zopilotes, de una negrura brillante, a menudo se posan sin moverse en los aleros, contrastando contra el azul profundo del cielo. Podrían haber sido tallados como ornamento. Cualquier servicio de limpia sería menos escultural y tal vez menos eficiente.  (Bishop, 1883:19).

El ornitólogo y escritor norteamericano, Frederick A. Ober, cuando transitó por Veracruz con rumbo a Xalapa alrededor del año de 1882, nos comparte sus impresiones sobre el puerto y sus nopos, junto con una sencilla litografía de estas aves carroñeras:

Las calles blancas y limpias son drenadas por canales igualmente libres de suciedad; y si algún desecho escapa del ojo de las autoridades sanitarias, los otros miembros del ministerio de salud, los buitres, lo recogerán y llevarán lejos o lo devorarán en el acto. Estás invaluables aves son vistas por cientos, parados en cada azotea y contoneándose por las calles. Son llamados zopilotes, de la palabra azteca zopilotl, y pertenecen al género Cathartes, -de la que se desprenden dos grupos, aura, o gallinazo y atratus, el buitre negro(Ober, 1885:177-178).

Diez años más tarde, otro naturalista norteamericano, Frank Collins Baker, al respecto escribió:

Las estrechas calles que se mantienen escrupulosamente limpias, están pavimentadas con piedras, y tienen un canal que corre por la mitad. Los carretones de basura hacen su recorrido dos veces al día, recogiendo todos los desperdicios. Hay otro carroñero perspicaz, no obstante, que es un recolector mucho más eficiente que los primeros; son los buitres de plumaje oscuro, o zopilotes (Catharista atrata), que siempre en alerta para recoger y devorar cualquier clase de desechos que se encuentre en las calles o cerca de las casas. Incluso pelean entre ellos por las codiciadas piezas en lo alto de los carretones, y frecuentemente este es vaciado hasta la mitad antes de alcanzar el área de depósito. Los buitres están ampliamente protegidos por la ley y se impone una multa por matarlos. Nubes de estas aves pueden ser vistas pasando la noche sobre los aleros de las casas, en los campanarios de las iglesias y en todos los balcones descubiertos. A la puesta del sol, los buitres se congregan en los domos de las iglesias, hasta que finalmente están literalmente negras de ellos. Hay misterio con respecto a estos pájaros que los naturalistas están tratando de resolver, a saber, sus lugares de crianza. Nadie sabe a dónde se dirigen para hacer sus nidos y criar a sus polluelos. (Baker, 1895:142

El viajero norteamericano Michael Weinbugh a fines de la década de los 70s del siglo XIX, hizo una descripción de los nopos cuando los vio en la aun amurallada ciudad:

Inmensas bandadas de buitres conforman el Ministerio de Salud y mantienen las calles más limpias que nuestro departamento de Salud en los Estados Unidos; estas aves son muy estimadas por la gente, más especialmente  por su poco costo al erario público.”

“Cinco dólares es la multa impuesta a cualquiera que mate a un buitre, ya que esta ave no es muy apreciada por los sibaritas, ninguno ha buscado lastimarlos.”  (Wineburgh, 1879:20)

Ya en el siglo XX, conforme las obras de saneamiento del puerto y salubridad fueron librando al puerto de desechos en las calles, los nopos fueron perdiendo su medio de sustento, por lo que tuvieron que desplazarse a los lugares donde fueron ubicados los rellenos sanitarios municipales.

Hoy en día los nopos siguen siendo una especia protegida; pero no por su eficiente sistema de limpia, del cual dieron muestra por más de dos siglos en el puerto de Veracruz (actividad de la cual fueron “jubilados” hace aproximadamente cien años), sino porque es una especie enlistada en la Convención para la Protección de Aves Migratorias y Mamíferos de Caza; pero además porque ha sido partícipe de la historia de la ciudad y puerto de Veracruz desde por lo menos el siglo XVIII.


Nopo en el edificio del Registro Civil de Veracruz (2012). Foto: Mario Jesús Gaspar Cobarruvias. 

Bibliografía y hemerografía:

·         Ajofrin, F. d. (1958). Diario de viaje del padre fray Francisco de Ajofrín. Madrid: Maestre.

·         Baker, F. C. (1895). A naturalist in Mexico. Chicago: David Oliphant.

·         Bishop, W. H. (1883). Old Mexico and her lost provinces; a journey in Mexico, southern California, and Arizona, by way of Cuba. New York: Harper & Brothers.

·         Didderot, DÁlembert (1751). Édition Numérique Collaborative et Critique de l’Encyclopédie. París: Briasson, David l’ainé, Le Breton y Durand. [http://enccre.academie-sciences.fr/encyclopedie/]

·         Evans, A. S. (1873). Our sister republic: a gala trip through tropical Mexico in 1869-70. Adventure and sight-seeing in the land of the Aztecs, with picturesque descriptions of the country and the people, and reminiscences of the empire and its downfall. San Francisco, California: Columbian Book Company.

·         Historia General de los Viajes. (5 de Julio de 1781). Diario Noticioso Universal, pág. 295.

·         Lyon, G. F. (1826). Journal of a residence and tour in the Republic of Mexico in the year 1826 : with some account of the mines of that country. London: John Murray.

·         Neuman, F. K. (1969). Siguiendo la pista de un manuescrito. Ferdinand Karl Neuman. Revista de la Universidad.

·         Ober, F. A. (1885). Travels in Mexico and life among the Mexicans. Boston: Estes and Lauriant.

·         Ruxton, G. F. (1846). Adventures in Mexico and the Rocky Mountains. Londres: John Murray.

·         Veracruz. (1863). El Panorama Universal.

·         Vigneaux, E. (1863). Souvenirs d'un prisonnier de guerre au Mexique, 1854-1855. Paris: Librairie de L. Hachette et Cia.

·         Welby, V. L. (1850). A young traveller's. Journal of a tour in North and South America during the year 1850. Londres: T. Bosworth.

  • Wineburgh, M. (1879). Where to spend the winter months. A birdseye view of a trip to Mexico, via Havana. New York: M. Wineburgh & Co.

sábado, 25 de junio de 2022

El puente de río Medio

 

Por Luis Villanueva

Situado al norponiente de la ciudad de Veracruz, sobre el antiguo camino real que comunicaba al puerto con Xalapa y México, el puente colonial de Río Medio hoy en día conecta a la colonia Las Granjas con el fraccionamiento Río Medio II.

Este puente empezó a ser construido a base de piedra de sillar, mampostería de piedra múcara y ladrillo por el consulado de Veracruz cuando realizaba la obra del camino real de Xalapa. Desafortunadamente durante el año de 1812, los insurgentes que pululaban por los alrededores lo destruyeron cuando estaba cerca de ser concluido,[1] aunque posteriormente sería reconstruido.

Con el pasos de los años, el puente raramente recibió mantenimiento. Sin embargo, se tiene el registro que en 1846 fue empedrado en su pavimento y se colocó una estacada en sus muros para evitar su deterioro.[2] Con todo, su fuerte estructura lo mantuvo sin grandes cambios, de tal forme que para inicios de la década de los 80 del siglo XIX, presentaba la vista mostrado en la imagen de encabezado. Este grabado, aparecido en el libro de Frederick A. Ober Mexican Resorces. A guide to and through Mexico, muestra el caudal suave y bajo del río Medio, así como una de las barandas con sus bocanas ojivales. Las dovelas son aquí aun visibles, situación que en la actualidad no sucede debido a que están recubiertas por una capa de mortero.

Hay otro grabado, pero este realizado a principios del año de 1863, en donde puede observarse a la brigada de artillería del general Bertier atravesando la zona de Río Medio. Aunque el dibujo no puede considerarse completamente realista (baste comentar que el puente está representado con un estilo medieval conocido como “lomo de asno” que en realidad no tiene), da una idea de cómo era esa zona durante la intervención francesa y el Segundo Imperio.


L´artillerie de la brigada de Bertier Doublant ses attelages a río Medio, entre Vera-Cruz et Santa-Fé. (L’illustration, Journal Universel Vol. XLI, 7 de febrero de 1683, p. 83)


Este puente, a más de doscientos años de su construcción presenta un gran deterioro, entre los que se cuenta la pérdida de ambas barandas (las cuales aún podían verse casi completas en las décadas de los 70s y 80s del siglo pasado).


Fotografía por Joako Ortiz Huerta (Ca. 1974-1975). El puente muestra un buen estado.



Imagen que muestra una foto del puente en el año de 1985. La estructura está aparentemente completa y rodeada de monte, señal de que aún se encontraba alejada de la mancha urbana y que era poco utilizado por los automotores. El barandal se observa completo. (Foto atribuida a Javier Méndez Gómez).


Imagen por Luis Monroy del puente de río Medio (Ca. Principios de los 90 del siglo pasado). La casa a la izquierda fue una de las primeras en ser construidas en esa zona.


Foto del puente tomada en 2001. En ese año estaba a punto de cumplir doscientos años de construido y aún trataba de mostraba su mejor cara. Sin embargo, ya empezaba a mostrar algunos daños. Nótese la pérdida de una sección de aproximadamente dos metros y medio de baranda y como era utilizado tanto por camiones como por automóviles. Foto: Crédito a quien corresponda.

Otra fotografía del 2001. Se observa la zona limpia y el río dragado. Aquí es muy notoria la pérdida de parte de la baranda. (Foto: Crédito a quien corresponda).


Esta imagen tomada a inicios del 2012 muestra lo que quedaba de las barandas: una sección de aproximadamente 2.5 m de longitud. (Foto: Cortesía de Mario Jesús Gaspar Covarrubias).

Imagen tomada en abril del 2014. La pérdida de ambas barandas es evidente, así como también el nivel de agua que excede a su capacidad de desalojo. (Foto por Luis Villanueva).

Paso de un camión urbano por un puente construido solo para el paso de personas, animales de tiro y carretas (2014). (Foto por Luis Villanueva).

Es posible que estos daños se hayan debido principalmente a la vibración y a los impactos directos de camiones y automóviles que diariamente circulan por él, lo que habría repercutido finalmente en la solidez e integridad de esta estructura diseñada para soportar únicamente la circulación de animales de tiro y peatones. Sin embargo, tengo el testimonio de Bernardo Carrera B. quien vía Facebook (marzo de 2015) arroja más luz con respecto a la destrucción de las barandas:

“En el año 1995-1996 compre una vivienda mediante un crédito de Infonavit en el fracc. Los Torrentes apenas estaba la primera manzana de casas y por el mencionado puente era el paso obligado para no dar toda la vuelta por la carretera Veracruz-Xalapa y llegar al retorno a la altura del basurero municipal y entrar por las Granjas para llegar al fracc. Entonces entraba yo todos los dias por el puente y todavía estaban aunque deteriorados los barandales y en varias ocasiones por las mañanas me toco ver maquinaria pesada que hacia trabajos de desasolve del rio al pie del puente y dichas máquinas apenas si cabian al pasar el puente y por si fuera poco al dar la vuelta para hacer los trabajos de desasolve del río a la izquierda y/o derecha de ida y/o regreso es muy reducido y por lo mismo derribaban poco a poco lo que quedaba del valioso e histórico barandal...”[3]

Por otra parte, la acidez de las aguas negras que hoy en día fluyen por el río de Enmedio (así se llamó originalmente), aunado al aumento en su caudal (el puente fue originalmente construido para sortear un río de poco afluente) y la erosión, también han contribuido en su deterioro.

Así, desde humildes ciudadanos y tropa (tanto mexicana, como de diversas nacionalidades), hasta generales y presidentes, han salvado el río Medio al transitar sobre él (Antonio López de Santa Anna lo cruzó muchísimas veces, ya que era camino obligado para ir a su hacienda de Manga de Clavo y el presidente Benito Juárez, lo recorrió por lo menos una vez cuando dejó el puerto, entonces sede de su gobierno para trasladar nuevamente los poderes a la ciudad de México). Los diseñadores y constructores de este puente jamás imaginaron que su obra trascendería a través de los siglos, por lo que es imprescindible buscar la manera de rescatarlo y, por ende, conservarlo. Es lo menos que se debe hacer por el viejo puente de Río Medio.


El puente de río medio en 2014. Comárese con el grabado del siglo XIX. (Foto por Luis Villanueva)


[1] Miguel Lerdo de Tejada, Comercio exterior de México desde la conquista hasta hoy, México, Impreso por Rafael Rafael, 1853, p. 19

[2]  “Remitido. Dirección del camino de Perote a Veracruz”, Diario de Gobierno de la República Mexicana, 17 de octubre de 1846, p. 3

[3] Luis Villanueva, “El puente de Río Medio”, 1 de marzo de 2015, [actualizado de estado en Facebook], recuperado de https://www.facebook.com/media/set?set=oa.939826376049891&type=3, [consultado el 26 de junio de 2022]