jueves, 2 de diciembre de 2021

Semblanza del filibustero y corsario Laurens-Corneille Baldran Boudewijn de Graff "Lorencillo". Uno de los principales perpetuadores del ataque de mayo de 1683 a la Nueva Veracruz

 

(*) Este texto es parte de un trabajo que originalmente fue expuesto por el autor en la charla ¡Filibusteros, al abordaje! llevada a cabo en la librería "Mar Adentro" del puerto de Veracruz el 4 de mayo de 2018.

Luis Villanueva

Laurens de Graff nació alrededor de 1653 en Dorth (o Dordrecht), en las Provincias Unidas (Holanda), en el seno de una familia católica acomodada. Sin embargo, en un documento del Archivo General de Indias (AGI) titulado “Obras para la fortificación y defensa del puerto de Veracruz” (1683), se señala que “el capitán Lorenzo era de nación pichilingui”, posiblemente una corrupción de la palabra Flessingue (o Vlissienge), un importante puerto comercial holandés. Falleció el 24 de mayo de 1704 en Cap Français (Cabo Francés, hoy Cabo Haitiano -Cap Haïtien-) en la entonces isla de Saint-Dominque (Santo Domingo).

Aunque hay poca información de su niñez y juventud, pero se sabe que tuvo una buena educación, destacando en el conocimiento de la literatura contemporánea y en el dominio de idiomas extranjeros (hablaba holandés, español, francés y posiblemente algo de ingles)[1]. Su interés en la música era ampliamente conocido, pues tocaba el violín, los tambores y la trompeta. Esto último fue confirmado por el filibustero Alexander Exquemelin, quien escribió que “las trompetas le divertían”.[2] Su preferencia literaria era El Rey Lear de Shakespeare, de quien podía recitar sus obras tanto en holandés como en español.

Tal vez fue su educación católica lo que le hizo abandonar Dort junto con su familia a temprana edad, pues en 1618 un Sínodo realizado en ese mismo lugar reafirmó al calvinismo como corriente religiosa base dentro de la Iglesia reformada universal de los Países Bajos[3]; doctrina que era contraria a la Iglesia católica. Es posible que entonces hubieran emigrado a España, donde el joven de Graff se enroló primero como marinero y posteriormente se especializó como artillero, arma en donde mostró ser muy hábil.

Fue destinado a las Islas Canarias, lugar donde conoció a Petronila de Guzmán, de distinguida familia y con quien se casó en 1674 en Tenerife (Islas Canarias), de donde era originaria. Con el paso del tiempo, la Corona española reconoció su liderazgo, razón por la cual se le dio la responsabilidad de gobernar un barco. Se le comisionó a las Antillas Occidentales junto con la Armada de Barlovento, en donde seguramente tuvo la oportunidad de combatir al filibusterismo francés, quienes a su vez encontraron en él a un digno enemigo. Poco tiempo después fue capturado, lo que le permitió conocer el ambiente libre, pero a la vez agreste y rudo del filibusterismo, mismo que finalmente lo persuadiría para unírsele. No permaneció mucho tiempo como un simple filibustero, pues los franceses lo reconocieron muy pronto como uno de sus principales jefes. Según Sieur de Pouancay, gobernador de la costa de Santo Domingo y la isla Tortuga, sus andanzas iniciaron entre 1675 y 1676 como capitán de un grupo de filibusteros franceses.[4] Para el año de 1679 ya era el comandante de Le Tigre, una fragata con 24-28 cañones que capturó de la flota de Barlovento. En otra ocasión, de Graaf se las arregló para capturar, de la misma flota, otra fragata con 26 cañones y 10 pedreros: el Princesa. Esta nave transportaba los salarios anuales (120 000 pesos de plata), para los soldados en Puerto Rico y Santo Domingo, mismos que de Graff distribuyó entre los 140 filibusteros que componían su fuerza. Luego designó al Princesa como su buque insignia, rebautizándola como La Francesca. Pronto su fama se extendió debido a sus constantes y exitosos golpes, a grado tal que la sola mención de su nombre llenaba de terror las costas españolas. Este miedo era tan genuino, que en las oraciones públicas la gente pedía a Dios que los protegiera de la furia de Laurencillo.[5] No es que él hubiera estado detrás de todos los ataques, pero a menudo los mismos filibusteros hacían correr la voz de que estaba a la cabeza, convencidos de que su sólo nombre contribuiría a la derrota de sus enemigos. Por otra parte, de Graff sabía que los españoles habrían dado todo por capturarlo; y que, de haberlo logrado, hubieran hecho con su persona lo inimaginable. Por ello, no hubo combate en el cual no pusiera a un hombre con una tea encendida cerca de la pólvora, para hacer volar su nave en caso de que fuera a ser capturado.

Las expediciones que de Graaf realizó, en ocasiones fueron llevadas a cabo en compañía de otros filibusteros y corsarios, como sucedió en 1683 cuando se asoció con el también holandés Nicolaas van Hoorn y con el francés Michel de Grammont, dúo con quienes planeó una incursión a la importante ciudad de la Nueva Veracruz, en las costas del Golfo de México. Ellos sabían que en este puerto se almacenaban mercancías provenientes tanto del interior de la Nueva España, como de las Filipinas.[6] Un duelo entre van Hoorn y de Graaf en Sacrificios, isla situada a poca distancia de la mencionada ciudad, dio como resultado que el segundo hiriera levemente en uno de los brazos al primero, herida que finalmente lo llevaría a la muerte un mes más tarde debido a la gangrena.[7] [8] Después de este incidente, de Graaf no se atrevió a mostrarse públicamente por algún tiempo, pero pronto regresó a la mar a seguir con sus correrías.[9] El 6 de julio de 1685 capturó, junto con Michel de Grammont, la villa de San Francisco de Campeche y posteriormente, entre fines de agosto e inicios de septiembre, fue herido en un combate contra tres naves españolas que prefirieron cañonear su barco hasta hundirlo antes que abordarlo. Ese mismo año, el rey Luis XIV le otorgó las cartas de naturalización (oficialmente lo convirtió un corsario al servicio de Francia) y de perdón por la muerte de van Hoorn. En 1686 fue nombrado Mayor por Pierre-Paul Tarin de Cussy, gobernador de la Tortuga y de la parte francesa de la costa de Santo Domingo.[10]

Laurens de Graff fue descrito (no sin cierto dejo de admiración), por Exquemelin en los siguientes términos:

[…] alto de estatura sin ser bóveda[11], la cara bella sin parecer afeminado, cabello rubio dorado sin ser rojo, y un bigote a la española de los más usado en el mundo, difícilmente se ha visto mejor artillero, él con certeza juzga el área donde debe dar un tiro de cañón cuando lo sitúa perfectamente, [y] ese debe ser el lugar donde tira la bala. Es rápido, fuerte y decidido. Resolver, emprender, ejecutar, es lo mismo para él. En verdad es intrépido ante el peligro; más es impaciente, gana y jura demasiado. Además, está perfectamente instruido en la manera de combatir a los españoles; los conoce a fondo, pues ha estado mucho tiempo entre ellos. […] ”[12]

El hecho de que de Graff hubiera sido de talla alta, aunado a que su hipocorístico fuera originalmente Laurencillo, descarrila la versión de que se le llamó así a causa de una supuesta baja estatura; tal y como lo pregonan libros, páginas web e incluso, estudios de investigación histórica. Pero entonces, ¿cómo fue que el apodo derivó en Lorencillo? Elucubro: La pronunciación de este nombre en español es tal y como se escribe: “Laurens”. Si a este se le agrega la terminación del diminutivo cillo, sonaría entonces “Laurencillo”. De aquí a ser pronunciado como “Lorencillo” solo restaba un paso; mismo que se dio muy rápido, pues desde su época al servicio de España ya era conocido de esta manera.[13]

Con respecto a su arrojo, Exquemelin describió un evento que bien pudiera retratar a Laurens de Graff en este ámbito. Sin embargo, es importante dejar en claro que el escritor y filibustero bien pudo haber aderezado su narración con el fin de resaltar las virtudes del holandés, o en su defecto, quien se lo contó pudo también haber exagerado los detalles:

“Su bajel estaba suficientemente equipado con hombres y municiones de guerra y de boca. Navegando, vio [unas] naves que primeramente pensó que eran de los suyos, como el capitán Grandmont o algún otro comandante francés. Cuando finalmente se acercan, él reconoce que eran españoles y que en estas dos naves estaban el Almirante y el Vice-Almirante de Galeones del Rey de España, cada uno con 60 piezas de cañón y mil quinientos hombres. El capitán Laurent sobrepuso la prudencia al valor, reconoció que la partida no estaba igual y que habría allí más temeridad que valor al esperar a estos dos bajeles. Hizo todo lo posible por evitarlos; pero al ver que habían avanzado demasiado, y con eso no había manera de tener éxito en este encuentro, lo único que podía hacer era inspirar a sus hombres para defenderse al extremo. En este punto, el miró a todos los de su buque para descubrir sus sentimientos, y les habló en francés. ‘Ustedes son tropa experimentada’, dijo, ‘no sabemos el riesgo que corremos, y [son] demasiado valientes para [tener] miedo, aquí hay que arriesgar, defenderse y atacar simultáneamente: El valor, la astucia, la temeridad y la misma desesperación, todo tiene que ser usado en ese encuentro, [más] cuando estemos en manos de nuestros enemigos, [enfrentando] cualquier tipo de infamia, y los más crueles de los tormentos, y por último la pérdida de la vida; así que procuren escapar de la barbarie y escapar combatiendo.’ Este discurso dejó una gran impresión en el espíritu de los filibusteros, y nuestro Capitán queriendo disfrutar de la buena disposición cuando, para ponerlos en la última prueba, llama a los más intrépidos entre todos; dio órdenes precisas de prender fuego a la pólvora a la primera señal de él y para éste propósito ordenó estar siempre atentos y con la mecha encendida cerca del polvorín, por lo tanto sabiendo que ellos conocían que no había salvación, sólo la muerte o el coraje; entonces él camina por su navío y ordena de inmediato una andanada de fusilería que fue ejecutada y luego levantó la voz para que todo el mundo escuchara, mostrándoles la mano a sus enemigos: se trata de pasar entre sus naves disparando vigorosamente a [hacia] ellas. Se hizo de esta manera para mantener siempre bajo control a los dos bajeles y ocupar ambos lados [de su nave] para también disparar con la derecha y con la izquierda y evitar de esta manera impactar con él y aplastar [a] su mayoría. De esta forma los filibusteros pasaron entre los dos galeones y pasaron por el fuego de todos los cañones que dispararon una descarga simultánea, era la primera vez los españoles vieron el hundimiento de uno y del otro de sus galeones [y] al menos cuarenta y ocho de sus hombres. El fuego continuó de esta manera, cuando un cañonazo que impactó en el bajel del capitán Laurent le hirió el muslo haciéndolo caer al suelo. Se levantó de inmediato y viendo a sus hombres sorprendidos; para tranquilizarlos exclamó en tono firme, ‘¡esto no es suyo!’, y para persuadirlos mejor corrió a la parte frontal del barco, donde se les apareció a sus ojos, como el enemigos más vigoroso y más formidable que nunca, sosteniendo su espada en una mano y su pistola en la otra. Fue allí cuando realizó con valor cosas que difícilmente podríamos describir. Había observado que el combate de encajamiento se había alargado; deseosos de entregar la suya [su vida] o perecer, le vino a la mente ir a un cañón y apuntar él mismo la pieza cuyo disparo felizmente rompe el mástil del almirante español para que ya no aprehenda más al capitán Laurent. Después del amarre únicamente el comandante no se atrevió en ir al abordaje del barco filibustero, porque sabía que esta gente estaba determinada a perecer por igual y antes que rendirse. Él estuvo algo de tiempo sin hacer nada y el Capitán Laurent tomando ventaja de ese intervalo para escapar gloriosamente a la vista de sus enemigos.”[14]

El hecho de que el texto señale que de Graff fue herido, y que el comandante español no se atreviera a abordar el barco, me hacen pensar que este suceso es el mismo que el filibustero vivió poco después de la captura de Campeche, en 1685; con la diferencia de que en aquella anécdota se enfrentó a tres barcos españoles y su nave sí fue hundida, algo que pienso es más apegado a la realidad que el heroico enfrentamiento arriba narrado.

En 1693 de Graff consiguió la anulación de su primer matrimonio,[15] como se desprende de las decisiones de los tribunales eclesiásticos en Tenerife y Sevilla en los años 1689, 1690 y 1691. Esto tras relacionarse con Anne-Marie (a veces llamada Marie-Anne) Dieu-le-Veut[16] (Marie-Marguerite Yvonne era su verdadero nombre), filibustera y viuda del también filibustero Pierre Le Long, fundador de Cap Français. Según el historiador francés Pierre Margry, Anne era de origen bretón y conoció a de Graff cuando sintiéndose insultada por éste, fue a buscarlo a su casa pistola en mano para reclamarle. Entonces, el filibustero y corsario, considerándola digna de él, la enamoró y casó con ella el 23 de marzo de 1693 en Cap Français.[17] [18] [19] De esta relación nacieron dos hijos: la mayor, Marie-Catherine Baldran de Graff[20] y otro de género desconocido, que falleció a muy temprana edad.[21]

Entre 1694 y 1695, las colonias francesas en Santo Domingo fueron atacadas por un ejército anglo-español, siendo de Graff el responsable de la defensa en Cap Français. Desde el 15 de julio de 1694, la flota aglo-española se hizo a la vela con 4 mil hombres de desembarco. Al llegar a la bahía de Mancenille (Manzanillo), al Este de Cap Français, se les incorporaron ocho naves españolas con 2 mil hombres más, enviados por el presidente de Santo Domingo. El 28 de julio, de Graff intentó capturar junto con su gente, un barco negrero de 300 toneladas y 30 piezas de cañón; pero el capitán, que ya había bajado a los negros, incendió el barco y escapó. El 29 desembarcaron alrededor de mil ingleses en la bahía de Coubé, en donde se atrincheraron. A su encuentro salió una fuerza con de Graff a la retaguardia, la cual tuvo que sortear el constante fuego de la artillería durante su avance; pero tan pronto como estuvo a tiro de fusil, hizo que sus filibusteros abrieran nutrido fuego sobre las trincheras inglesas, para finalmente arrojarlos a filo de espada de sus posiciones. Después de esto, salió a batirse contra 200 jinetes españoles que venían como refuerzo, a quienes rechazó después de un duro combate. Finalmente, se le ordenó regresar a Cap Français para defenderla ante un eventual ataque español por tierra. El 27 desembarcaron y avanzaron más ingleses por la Sabana de la Limonada, sitio en donde fueron avistados por una patrulla que avisó inmediatamente a de Graff. Ese mismo día, la flota aliada entró a Cab Français; sin embargo, las baterías de la plaza los mantuvo a raya, viéndose obligadados a abandonar sus posiciones durante la noche. Entre tanto, la plaza también fue asediada por tierra desde muy temprano; por lo que el 28, de Graff reforzó la defensa con cuatro pequeñas piezas de artillería, de una y dos libras y 300 hombres traídos desde Cape Town. Su decisión dejó prácticamente sin protección a esta última, lo que dio pie a que fuera duramente criticado. Así, cuando los españoles entraron a aquél poblado, se sorprendieron de encontrarla abandonada. Esto llevó a que las tropas del ex filibustero perdieran la confianza y albergara en ellos el temor, pues los peninsulares continuaban avanzando hacia Cab Français sin encontrar resistencia alguna. Por mar, las cosas tampoco estaban mejor: a una orden del comandante de la flota, 18 chalupas se acercaron al puerto para hacer un reconocimiento, sin que las baterías francesas pudieran hacerles algún daño. En ese momento, Cap Français se encontraba protegida por 250 milicianos, una compañía de infantería y de negros, más otra compañía de milicia dirigida por de Graff como apoyo. Además, se levantaron trincheras en la costa para oponerse a los desembarcos; aunque al final estas fueron de poca utilidad.

El 29, la flota se aproximó para cañonear las baterías e iniciar el asalto, pudiendo llegar a tierra 300 ingleses sin problema alguno, pues los franceses huyeron de las trincheras para buscar refugio con de Graff sin importarles que al huir dejaran un barrio llamado Morin sin defensa, sitio por donde finalmente entraron los invasores. Durante la refriega, los ingleses lograron destruir tres cañones y desmontar otro tanto en un cerro. Al día siguiente, los anglosajones continuaron su avance al tiempo que intercambiaban disparos con los franceses. Como su avance se tornó imparable, de Graff y el resto de los defensores se vieron obligados a dejar Cap Français a merced de los invasores, quienes también capturaron el fuerte que les había servido de refugio y una veintena de cañones. Durante la ocupación, la población fue la que más sufrió, pues algunos vecinos y negros fueron masacrados. Por otra parte, hombres, mujeres y niños, entre las que se encontraba Dieu-le-Veut y su hija de pecho, fueron hechos prisioneros. Incendiada la villa, los ingleses y españoles (que habían avanzado por tierra desde Santo Domingo hasta Cap Français), continuaron hacía Port de Paix, sin encontrar resistencia. Incluso, de Graff no volvió a aparecer en ningún momento. Concluida la campaña, la repartición de los prisioneros fue hecha sin dificultad: los hombres fueron entregados a los ingleses y los españoles compraron mujeres y niños, enviando algunos de ellos a la Habana y luego a Santo Domingo. Dieu-le-Veut y su hija estuvieron entre estos últimos, quienes fueron exhibidas como trofeo en esta ciudad temerosa de su esposo desde tiempo atrás.[22]

A raíz de su actuación, a de Graff y a otros líderes se les abrió un proceso. En el caso del holandés, existió la sospecha de que tuvo un acuerdo con el enemigo. Sin embargo, después de analizar la evidencia, se llegó a la conclusión que su forma de actuar se debió más a la cobardía que a otra cosa. De hecho, su temor a caer en manos españolas lo hizo comportarse de aquella manera, además, Monsieur Ducasse, quien le había dado la responsabilidad de la defensa terrestre en Cap Français, lo consideró como un sujeto mediocre en este campo. Con todo y ello, los españoles intentaron recuperarlo, ofreciéndole incluso el grado de Vicealmirante, que de Graff rechazó. Mientras que los ingleses, a quienes no había hecho mucho daño, lo despreciaron después de ver las lamentables maniobras que utilizó como defensa. A raíz de su actuación, perdió el grado de teniente del Rey; sin embargo, fue habilitado con el grado de Capitán de Fragata Ligera, labor en la que fue muy útil por su conocimiento de las costas americanas. En 1696, de Graff visitó la Habana junto con la escuadra del rey de Francia, comandada por Alain-Emmanuel, Marqués de Coëtlogon. Al saber de su presencia, la gente se acercó para conocer al famoso Laurencillo, terror de las Indias Occidentales. Mas el Marqués, sabiendo de los riesgos que podía correr entre los españoles, no le permitió desembarcar.[23]

En octubre de 1698, zarpó de Francia el explorador y Caballero de la Orden de San Luis, Pierre Le Moyne d'Iberville con cuatro naves para explorar las costas de Luisiana. Al llegar a la isla de Santo Domingo, consiguió los servicios de Laurens de Graff; quien se embarcó[24] en el François, una nave de guerra comandada por Louis de Phélypeaux, canciller de Chasteaumoran, y que acompañaba a la expedición como escolta ante el temor de un ataque inglés. De Graff les dio un buen servicio, pues guio a la escuadra por rutas precisas y seguras a través de las Indias Occidentales y el Golfo de México. Con respecto a este personaje, de Phélypeaux escribió:

“El señor de Graff, capitán de una fragata ligera, se embarcó conmigo; ha sido muy útil para mí; pues además de ser un muy buen marinero, conoce todas las rocas y todos los puertos de este país, hasta la entrada a México, teniendo todos los ojos puestos en la ruta.”[25]

Más adelante, compartió la siguiente conversación con de Graff:

“Le pregunté a este piloto español si él no sabía de este río[26]. Me dijo que no, pero que le habían hablado de un río, que se llamaba Río de Canadá, que estaba más allá de las islas de San Diego (isla de Chandeleur), y que [en] la boca no tenía agua. La obstrucción había traído una cantidad tan grande de árboles que había hecho una especie de barra, sobre la cual no podía prever que hubiera más de una braza de agua, además de las terribles corrientes.”

La expedición penetró en la delta del río Misisipi el 2 marzo de 1699 y seguramente de Graff participó en la construcción de un fuerte en Biloxi, al noroeste de la bahía del mismo nombre. Regresó ese mismo año a Cap Français, en donde lo esperaban su esposa e hija,[27] con quienes pasó los últimos años de su vida. Murió el 24 de mayo de 1704,[28] sobreviviéndole Anne-Marie Dieu-le-Veut seis años más.

¿Es Laurens de Graff este personaje?

En mi constante búsqueda de información para este trabajo, fue común encontrar esta imagen como un supuesto retrato de Lorencillo:

Supuesto retrato de "Lorencillo"

Pero al hacer una búsqueda más profunda sobre la pintura, encontré que está basada en un retrato del rey polaco Estinislao II August Poniatowsky, pintado por Louise Élisabeth Le Brun en 1797. Obsérvese que sólo cambiaron el rostro, manteniendo los demás detalles. Aunque no localicé la fuente original del retrato, válgame la expresión, “pirata”, no me sorprendería que fuera un autorretrato moderno de alguien que quiso verse a la usanza de fines del siglo XVIII.

Retrato del rey polaco Estinislao II August Poniatowsky, 
pintado por Louise Élisabeth Le Brun (1797)


[1] Benerson Little, The Bucaneer’s realm: Pirate life of the spanish main, 1674-1678, Potomac Books, Washington, D.C., 2007, p. 149

[2] Alexandre Olivier Exquemelin, Historie des avanturiers flibustiers, Chez Jacques Le Febvre, Paris, 1699, p. 361

[3] “Dort, sínodo de”, en Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo (sitio web), consultado el 7 de julio de 2018, http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_dort

[4] “Laurens de Graff”, en Wikipedia (sitio web), 8 de junio de 2018, consultado el 8 de julio de 2018

[5] Este era el sobrenombre que de Graff había tenido desde sus tiempos al servicio de España, algo que no sorprende se considera la costumbre ibérica de hacer diminutivos con algunos nombres propios (hipocorísticos).

[6] La Nao de China partía hacia Acapulco desde las Filipinas. Al llegar a aquel puerto, la mercancía era descargada y transportada por tierra hasta Veracruz, para ser nuevamente embarcada y transportada a España junto con los productos americanos.

[7] Cees Esseboom, “Laurens Cornelis Boudewijn de Graaf”, en Regional Archief (sitio web), enero de 2015, consultado el 29 de junio de 2018, https://www.regionaalarchiefdordrecht.nl/biografisch-woordenboek/laurens-cornelis-boudewijn-de-graaf/ 

[8] Pierre-François-Xavier de Charlevoix, Histoire de l’isle Espagnole ou de S. Domingue. Tome Second, François Didot, Paris, 1731, p. 204-205

[9] Ibíd., p. 140

[10] Ibídp. 201-202. 290-291

[11] O sea, sin jorobarse.

[12] Exquemelin, op. cit., ibídem

[13] Otra hipótesis dice que fue apodado así como ironía o burla a su gran estatura; tal y como sucedió con el “Pequeño Juan”, sobrenombre usado por Robin Hood con su enorme amigo. Benerson Little, op. cit., p. 35

[14] Exquemelin, op. cit., ibídem

[15] Jean-Jacques Seymour, Les chemins des proies: une histoire de la flibuste, Ibis Rouge, 2010, p. 299

[16] “Si Dios lo quiere”. Era conocida de esta manera por su piadosa costumbre de usar la frase constantemente.

[17] “Laurent Baldran de Graff le filibustier”, Geneanet (sitio web), consultado el 27 de junio de 2018, https://gw.geneanet.org/pierfit?lang=en&p=laurent&n=baldran+de+graff

[18] de Charlevoix, op. cit., p. 270-271

[19] Pierre Margry, Relations et mémoires inédits pour servir à l'histoire de la France dans les pays d'outre-mer, tirés des archives du ministère de la marine et des colonies, Challamel, Paris, 1867, p. 282 https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k5835882x/f299.item.r=De%20Graff.texteImage

[20] Según Magry, Marie-Catherine fue digna heredera del carácter fuerte de su madre, pues se enfrentó a un joven cuyo cortejo no le agradó.

[21] GH de la Caraïbe, Généalogie et Histoire de la Caraïbe - no 231, éd. Généalogie et Histoire de la Caraïbe, décembre 2009, p. 6158

[22] de Charlevoix, op. cit., p. 260-284

[23] Ibíd., p. 289-292

[24] Elizabet McCann, “The early history of Louisiana as recounted by the Chronicler Andre Penicaut 1699-1704”, Tesis de maestría, Loyola University Chicago, 1943, p. 5-6 https://ecommons.luc.edu/cgi/viewcontent.cgi?referer=https://www.google.com/&httpsredir=1&article=1646&context=luc_theses

[25] Se embarcó en el puerto de Léogâne, al suroeste de Cap Français.

[26] Hablaban del río Misisipi.

[27] Anne-Marie Dieu-le-Veut y su hija, fueron liberadas por orden del Rey de España y llevadas a Santo Domingo en noviembre de 1698. Ann Mézin, Correspondance commerciale de Madrid (1665-1792), Archives Nationales, Francia, 2015, p. 199 https://www.siv.archives-nationales.culture.gouv.fr/siv/rechercheconsultation/consultation/ir/pdfIR.action?irId=FRAN_IR_053733

[28] “Laurent Baldran de Graff le filibustier”, op. cit.

domingo, 12 de septiembre de 2021

Semblanza del pirata, filibustero y corsario François de Grammont de la Motte, Michel de Grammont. Uno de los cabecillas en el ataque de mayo de 1683 a la Nueva Veracruz(*)

 

Sieur de Grammont, Entering the Fort, from the Pirates of the Spanish Main series (N19) for Allen & Ginter Cigarettes. Publisher: Allen & Ginter Cigarettes.

(*) Este texto es parte de un trabajo que originalmente fue expuesto por el autor en la charla ¡Filibusteros, al abordaje! llevada a cabo en la librería "Mar Adentro" del puerto de Veracruz el 4 de mayo de 2018.

Luis Villanueva

François de Grammont de la Motte, pirata, corsario y filibustero. Fue un caballero francés conocido como Michel de Grammont, (Granmont, Agramont o monsiur Ramón por los españoles). Nació en París, Francia hacia 1645[1] (aunque otras versiones dan como fecha 1625). Huérfano de padre desde muy pequeño, estuvo al cuidado de su madre, quien volvió a casarse. Siendo un niño, un oficial se enamoró de su hermana, pero al observar que el trato que le daba a ella no era el mejor, le reclamó. Como el pretendiente lo trató como el menor que era, Grammont, indignado, tomó una espada y con tres certeras estocadas lo hirió de muerte. Con todo, antes de fallecer el oficial le perdonó.

Ya con más edad ingresó al servicio en el Real Regimiento Naval, distinguiéndose y adquiriendo reputación en las diferentes campañas en las que participó, lo que le valió recibir el mando de una fragata, Le Hardi, para hacer el corso a favor de Francia y con derecho a un quinto de las ganancias. En esta actividad capturó cerca de la Martinica una flota de barcos holandeses con un cargamento valorado en 40 mil libras. Llevó la mercadería a Santo Domingo, en donde perdió en el juego y en el despilfarro no solo su parte sino también la de sus socios, por lo que no se atrevió a regresar a Francia. Fue entonces cuando decidió convertirse en filibustero; en donde su buen temple, franqueza y amabilidad, conquistaron desinteresadamente a muchos. Con estas virtudes, Grammont pudo haber logrado los más grandes honores que la guerra da, pero su afición por las mujeres y el vino fueron un gran impedimento.[2]

La descripción anterior, del jesuita e historiador François de Charlevoix no es muy diferente, por lo menos en cuanto a la parte positiva se refiere, a la del también historiador León Guérin:

“Hombre que poseía el arte de cautivar, de arrebatadora elocuencia, de gracia distinción en las formas, de brillante valor, héroe ídolo de los filibusteros franceses.”[3]

Alrededor de 1675, el gobernador de Tortuga dio a Grammont una patente de corso, demostrando desde el principio que estaba al nivel de otros capitanes de renombre, como el inglés Henry Morgan.[4] Cuando en mayo de 1678 estalló la guerra franco-holandesa, Grammont se unió a la flota comandada por Jean II, Conde d’Estrées, quien planeaba atacar la isla holandesa de Curaçao. Pero la flota, compuesta por 12 fragatas, tres navíos incendiarios, dos transportes, un barco hospital y 12 barcos filibusteros, naufragó debido a un error de navegación, en los arrecifes del archipiélago Las Aves (actual Venezuela), pereciendo 300 hombres en el desastre.[5] [6]

En junio de 1678, Grammont, al mando de una flota de seis navíos y 700 hombres, atacó y capturó los territorios españoles de Maracaibo y Gibraltar, adentrándose en tierra firme hasta la localidad de Trujillo en una correría que duró seis meses, pero sin obtener muchas utilidades.[7] Cuando se firmó la paz entre España, Francia y Holanda en agosto de ese año, Grammont se retiró a la isla Tortuga, sede de los Amigos de las Costa, (Les Frères de la Côte) y se dedicó a la piratería.[8] El 14 de mayo de 1680 tomó la isla Blanca, situada al NO de la isla Margarita, en Venezuela. El 18 envió desde este sitio gente a tierra en búsqueda de piraguas. Le llevaron siete el día 25 y las equipó para combatir. Entre tanto, mandó a capturar algunos lugareños para obtener información. Le fueron presentados algunos hasta el 3 de junio y supo por ellos que en la parte baja de los cerros donde se encontraban los fuertes de Goüaire (La Guaira, al Este del punto donde se encontraban), se habían levantado tres reductos con 22, 18 y 12 cañones y que en Puerto Cabello había otro, con 40 bocas de fuego y 800 negros para tratar. Concluidos los preparativos Grammont reactivó su plan, contando para ello con 180 hombres. Al día siguiente, se embarcó con su grupo en una sola nave y envió al resto que siguieran las piraguas por tierra. Así avanzaron cuatro leguas hasta que, al caer la noche, todos sus hombres subieron a las barcas para hacer el resto del trayecto a remo. Al llegar a una pequeña ensenada a media legua de La Guaira, una de las piraguas se hundió, muriendo ahogado uno de sus hombres. Esto debido a que las barcas no estaban hechas para el transporte de grandes cantidades de gente. Una hora antes del anochecer, desembarcaron y avanzaron hacia las inmediaciones del poblado. A 300 pasos de la villa, sorprendieron a cuatro hombres de la guardia, los cuales alcanzaron a disparar antes de que fueran desarmados, alertando con sus tiros a la ciudad. Se dio entonces la alarma con un cañonazo y con el tañer de las campanas, lo que obligó a Grammont a acelerar su ataque. Así llegó a la puerta oriental a tambor batiente y con la bandera desplegada; y aunque estaba defendida por 12 cañones, entró sin hallar resistencia. No se detuvieron en este punto, sino que siguieron hasta un fuerte situado a unas 100 yardas de la ciudad, atacándolo un par de veces con Grammont al frente de sus hombres, quienes se introdujeron en el fuerte a través de las troneras. En el combate mataron a 26 de los 38 soldados de la guarnición, rindiéndose el resto. Entonces, Grammont levantó su bandera en el fuerte y gritó con fuerza: VIVE LE ROI!, grito que intimidó tanto a los 42 hombres que componían la defensa del siguiente baluarte, que el gobernador salió a recibirlo y se entregó como prisionero junto con su gente. Según de Charlevoix, todo esto fue realizado con solo 47 hombres, pues el resto no pudo seguirle el paso cuando el jefe filibustero aceleró el ataque tras ser descubierto.

Luego que todos los franceses estuvieron concentrados en un punto de la villa, colocó guardia en los sitios donde consideró necesario hacerlo; arrasó con las posiciones defensivas españolas, clavó los cañones y se retiró a los fuertes. El 27 pasó a la ciudad, de donde hizo varias salidas para enfrentar a los españoles que los hostigaban por todas partes. Al día siguiente, enterado de que se aproximaban 2 mil hombres desde Caracas para recuperar La Guaira, Grammont ordenó que todos sus hombres retornaran a los barcos. Como sabía que serían atacados durante el repliegue, el capitán francés se quedó en la orilla junto con 300 de los más aguerridos filibusteros, defendiendo el reembarque del resto de sus hombres durante dos horas. En los enfrentamientos, Grammont fue herido peligrosamente en la garganta de un espadazo, mientras que uno de sus oficiales resultó con un brazo roto y seis de sus soldados se quedaron en la playa durante la defensa. Grammont se embarcó con el gobernador y 150 prisioneros, por quienes esperaba cobrar un rescate que le permitiera, al menos, compensar sus gastos. El 28 partió a Las Aves para hacer la aguada; pero como su herida fue de gravedad, a grado tal que se temió por su vida, puso a sus hombres bajo el mando del capitán Pin, su teniente, manteniendo con él a uno de los cautivos de los fuertes de La Guaira. Finalmente se recuperó y el 13 de agosto navegó a Petit-Goâve, pero una tormenta hundió su barco y a otra nave de guerra que se encontraba en el fondeadero.[9]

Durante la primavera de 1683, Grammont atacó San Agustín (Florida) y el fuerte de la isla San Pedro (hoy Cumberland, Georgia), saqueando las misiones de San Felipe de Alave y la de San Pedro de Mocama.[10] El 17 de mayo, como teniente del pirata y corsario Nicholas van Hoorn y con el apoyo del filibustero Laurens de Graff, Laurencillo (como era conocido originalmente el filibustero), participó en el ataque a la Nueva Veracruz, situada en el Golfo de México. Durante el asalto, capturaron y encerraron a toda la población en la parroquia de la ciudad, donde los tuvieron amenazados para que entregaran todos los valores. El botín que obtuvieron fue considerado uno de los más grandes en la historia de la filibustería, pues en las bodegas de la ciudad se encontraban almacenadas las mercancías provenientes de toda la Nueva España, de la Capitanía General de Venezuela y del Virreinato de Nueva Granada; mismas que esperaban la flota de Indias para ser llevada a España. Estando aun en Veracruz, Lorencillo hirió en un brazo a van Hoorn en un duelo con espada. Esta herida se infectó y gangrenó, llevándolo a la muerte en junio de ese año. Grammont, que estaba asignado como teniente de van Hoorn por el gobernador de la Tortuga y costa de Santo Domingo, criticó a de Graff por lo sucedido. Su juicio fue tan severo, que, si no hubiera cabido la cordura en Lorencillo, las fuerzas de ambos líderes hubieran terminado enfrentándose. Por otra parte, antes de fallecer, van Hoorn dejó su fragata a Grammont, para que este la cuidara mientras el hijo de aquél alcanzaba la edad para heredarla. Pero el francés no pudo llevarla a Santo Domingo inmediatamente, sino hasta que limpió todos los lazos expuestos al mar. Posteriormente, durante el trayecto a la isla padecieron de una hambruna tan severa, que murieron las tres cuartas partes de sus prisioneros.

Muy pronto, Grammont se hizo nuevamente a la mar con los holandeses de Graff y Jonqué (Janke o Yankey Willems). El gobernador español de Cartagena, a sabiendas de que los tres piratas (como eran nombrados por los españoles) estaban merodeando por su puerto, envió dos fragatas con la orden de capturarlos vivos o muertos. Una de las naves estaba armada con 48 cañones y 300 hombres; y la otra, con 40 cañones y 250 hombres. Además, los acompañaba otro barco con 12 pierriers (morteros) y seis cañones. Los filibusteros solo contaban con tres navíos, treinta cañones y cuatrocientos hombres; sin embargo, después de hora y media de combate, abordaron las fragatas españolas y acabaron con todo tipo de resistencia. Entonces, la tripulación superviviente fue enviada a tierra con una carta firmada por los tres capitanes capturados, en donde los filibusteros agradecían al gobernador el envío de las dos excelentes fragatas (que en conjunto no valían nada) y rogaban, si todavía tuviera algunos buenos barcos, los enviara; y que, si no los tenía, lo podían esperar quince días. Pero, sobre todo, le recomendaban que lo hiciera con las naves cargadas de dinero, pues ellos no tenían y lo necesitaban. Se dice que esta irónica carta le dolió más al gobernador que la pérdida de sus dos fragatas.[11]

A fines de 1683, una fragata inglesa con 30 cañones se encontraba navegando entre Port de Paix y la isla Tortuga. El teniente del Rey y gobernador de la Tortuga y la costa de Santo Domingo, M. de Franquesnay,[12] que se encontraba en Cabo Francés en ese momento, fue informado inmediatamente, por lo que envió un barco para que averiguara con el capitán inglés qué es lo que buscaba. El capitán respondió que solo navegaba, pues el mar era libre y que no tenía ningún motivo para dar mayores explicaciones. Entonces, el gobernador mandó armar una barca, puso en ella a 30 filibusteros y los envió a tomar la fragata. Sin embargo, los ingleses ya los esperaban, defendiéndose con tal ahínco que a los franceses no les quedó más remedio que retirarse con algunas pérdidas. Esto irritó a los galos, por lo que el teniente del Rey mandó a llamar a Grammont a Cabo Francés, en donde lo esperaba un barco armado con 50 cañones para vengar la afrenta. El capitán aceptó la comisión con gusto y 300 filibusteros se embarcaron con él. Al poco encontró al capitán inglés regocijado en su victoria; sin embargo, Grammont abordó a la fragata y pasó por la espada a toda la tripulación, con excepción del capitán, a quien tomó prisionero y lo llevó a Cabo Francés.[13]

El 30 de abril de 1684, arribó a Petit Goâve el nuevo gobernador de la de la Tortuga y la costa de Santo Domingo, Pierre-Paul Tarin de Cussy. No bien había llegado, cuando Grammont se acercó a él con otros filibusteros, en demanda de comisiones contra los españoles.[14] Tal pareciera que ansiaban este tipo de encargos.

El 5 de julio de 1685, 1100 filibusteros nuevamente a las órdenes de Granmont y Lorencillo, anclaron sus naves y desembarcaron en las playas de Champotón. A las dos de la mañana del día siguiente dejaron el lugar a 900 de ellos en 22 canoas, cada una enarbolando su propio pabellón. Así, remando silenciosamente y en orden, llegaron a las cinco de la tarde a tiro de cañón de San Francisco de Campeche. La mañana del 7, Grammont, que era el comandante en jefe, ordenó el desembarco con el apoyo del barco más grande de la flota y dos más que llegaron durante la noche, dando pie a que toda la tropa fuera desembarcada a un mismo tiempo. Inmediatamente se prepararon para la batalla, pues los españoles estaban a la vista. Pero estos solo se concretaron a lanzar algunos cañonazos desde un buque que estaba a la vera de los revellines. Inesperadamente, un incendio se apoderó de esta nave, haciéndola saltar por los aires cuando el fuego alcanzó la pólvora almacenada en sus bodegas. La aparente docilidad de los españoles hizo a Grammont actuar con cautela. Después de caminar un cuarto de legua, se encontró con una emboscada,[15] en donde un grupo de soldados les hizo una descarga de fusilería que mató a dos e hirió a cinco o seis franceses. Como a los filibusteros no les agradaba mucho el uso de los fusiles, enfrentaron a los españoles con espada en mano y los persiguieron hasta la ciudad, lugar a donde entraron en pos de los españoles. Ante la embestida, los habitantes se atrincheraron en todo sitio donde hubiera un cañón, además de ocultarse entre las intersecciones de la villa. Grammont, que no deseaba perder a ningún hombre, ordenó colocar fusileros en los balcones de las casas, para disparar contra aquellos que servían a los cañones. Esto tuvo el efecto esperado, pues pronto las baterías quedaron abandonadas, capturando los filibusteros 40 bocas de fuego. Luego se volcaron sobre la ciudad, emborrachándose y haciendo desmanes. Así, antes del mediodía Campeche estaba sin artillería y en manos de los filibusteros; algo por demás inusual, pues con una buena defensa la villa hubiera podido soportar un mes de sitio. Entonces Grammont dio tres días de descanso a su gente y se preparó para tomar una de las fortalezas de la ciudad, en donde se habían atrincherado 400 hombres de la guarnición con 18 cañones de a 24 y seis más pequeños. Mandó traer de su barco 100 balas de cañón y pólvora suficiente; montó diez piezas de cañón que tomó de la ciudad y las colocó en la prisión, que estaba cerca de la fortaleza. Cuando todo estuvo listo, ordenó que se hiciera fuego constante de mosquetería sobre el fuerte, para evitar que apareciera algún soldado español. Sin embargo, no sucedió igual con los cañones, que no hicieron mayor daño en el reducto, por lo que el asalto tuvo que posponerse para el día siguiente. Grammont, desesperado por capturar el fuerte, buscaba alguna estratagema para conseguirlo cuando un inglés, que se encontraba adentro, gritó al cuerpo de avanzada de los Niños perdidos (Enfans perdus),[15] que podían entrar en el reducto, pues se encontraba abandonado. El jefe filibustero, desconfiando de lo dicho, pidió al inglés que disparara todos los cañones al aire.[17] Este así lo hizo, con lo que se supo que estaban cargados con metralla. Pero como era muy tarde, Grammont pospuso nuevamente la toma de la fortaleza. Tan pronto como amaneció, Lorencillo dio la orden de que 80 hombres tomaran el fuerte; encontrando en este solo al inglés, a un artillero y a un insignia, quienes habían preferido exponerse a todo antes que huir con los demás. El inglés era un hombre fuerte, de buena condición, valiente y lleno de honor; por lo que Grammont lo liberó, devolviéndole todo lo que le pertenecía y agregando, además, unos regalos muy buenos.[18]

Como los españoles tenían la posibilidad de movilizar hasta 3 mil hombres en poco tiempo, los filibusteros tomaron las medidas necesarias para la defensa de la villa. Pero no ocurrió nada. Más relajado en este aspecto, Grammont alojó a sus soldados en las mejores casas de la ciudad, donde vivieron hasta el día 26 de agosto. En cuanto al botín conseguido, este fue poco considerable.

Por precaución, Grammont enviaba patrullas que recorrían todos los días entre 10 y 12 leguas a la redonda, encontrando solo a algunos naturales. Pero un día de esos, 130 jinetes cayeron en una emboscada, llevada a cabo por un numeroso grupo de españoles enviados por el gobernador de Mérida. Su descarga fue tan oportuna, que murieron 20 franceses y dos más fueron hechos prisioneros. Al día siguiente, Grammont envió una carta al gobernador de aquella ciudad, en donde pedía que le devolviera al par de capturados y a cambio, él prometía liberar a todos los prisioneros, incluyendo al gobernador de Campeche y a los oficiales. También agregó que, si no aceptaba tan ventajosa oferta, mataría a todos y quemaría la ciudad. El gobernador respondió que podía quemar y masacrar lo que quisiera, pues tenía el dinero para reconstruir la ciudad y hombres para repoblar y luchar contra él. Grammont no contestó de inmediato. Tomó de la mano al mensajero y lo llevó a la ciudad, en donde sus hombres prendían fuego en todas partes; además, cortó la cabeza a cinco españoles y se las envió al gobernador, ordenándole al correo que dijera que el Maître estaba ejecutando sus órdenes y que estaba a punto de terminar. Sin embargo, no siguió derramando sangre inocente, con todo y que el gobernador le dio una respuesta nuevamente tan altanera como la primera, pero sí redujo la ciudad a cenizas e hizo volar la fortaleza. El día de San Luis (26 de agosto), mandó a quemar en honor al Rey de Francia 200 mil escudos en madera de Campeche, que era lo mejor de su botín y partió a la costa de Santo Domingo.[19]

El 30 de septiembre de 1686, Grammont fue nombrado teniente del Rey a petición de Tarin de Cussy, quien buscaba aliarse con él y con Laurens de Graff, que a su vez fue nombrado Mayor.[20] La intención del gobernador era darle a Grammont la comandancia de la costa del Sur, pero esto no pudo concretarse, pues al saber el filibustero que el Rey le había otorgado aquel importante cargo, quiso hacer una última correría: preparó su barco, llamado Le Hardi (El Audaz),[21] con 180 hombres y zarpó, sin que los franceses volvieran a saber algo de él. Esto representó una gran pérdida para la colonia francesa, pues era considerado un hombre valiente e intrépido y a nadie se le comparaba cuando de dar un consejo o de conducir un negocio se trataba.[22]

Los franceses ignoraban que después de hacerse a la vela aquel día, Grammont se reunió con el también filibustero francés, Nicolas Brigaut (conocido como Braha o Abraha), con quien conspiró para atacar los asentamientos españoles de San Agustín, en Florida. Brigaut, enarbolando los colores españoles, ancló en la entrada de la bahía de Matanzas (Cuba), para recabar información; mientras que Grammont se ocultaba al sur de la Florida. Engañados por el ardid de Braha, fueron capturados y torturados varios españoles, los cuales informaron sobre la situación defensiva del objetivo y en eso se encontraba cuando aparecieron en la playa tropas españolas para enfrentarlo. A la mañana siguiente intercambiaron disparos, con el agravante de que una fuerte tormenta hizo encallar el barco de Brigaut en un banco de arena. Al día siguiente, sus hombres bajaron a la orilla e hicieron trincheras en la playa, lanzando nutrido fuego contra las tropas españolas. Brigaut entonces envió un aviso a Grammont, en donde le pedía que se moviera 40 millas más al sur, a la bahía Mosquito (Cuba) y lo recogiera en cinco días. Sin embargo, el capitán filibustero no recibió la petición de ayuda, pues el mismo vendaval que hizo encallar a la nave de su compinche, lo empujó hacia el norte, hundiendo al Le Hardi con Michel de Grammont y sus 150 filibusteros muy cerca de Guale, en la costa SE de la actual Georgia, EE. UU.[23]

¿Es Michel de Grammont este personaje?

            En la búsqueda de información para el desarrollo de la investigación, fue recurrente encontrar esta pintura como de Michel de Grammont.


Sin embargo, al hacer este escribidor e historiadorcillo un escrutinio más profundo, encontré que es un retrato de Antoine III Agénor de Gramont, Duque de Gramont (1604-1678). Militar y diplomático francés. Marshal de Francia, virrey de Navarra y Béarn, y gobernador de Bayonne.



[1] “French pirate Michel Grammont”, Geni (sitio web), consultado el 10 de julio de 2018, https://www.geni.com/people/Michel-Grammont/6000000048469301580

[2] Pierre-François-Xavier de Charlevoix, Histoire de l’isle Espagnole ou de S. Domingue. Tome Second, François Didot, Paris, 1731, p. 202-203

[3] Cesareo Fernández Duro, Armada española. Tomo V., 1972, p. 176 http://www.armada.mde.es/html/historiaarmada/

[4] Jules Lacroix de Marlès, Histoire descriptive et pittoresque de Saint-Domingue (Haití), A. Mame et Cie, Tours, 1862, p. 171

[5] de Charlevoix, op. cit., p. 118-119

[6] Jemes Burney, History of the buccaneers of America, Swan Sonnenschein & Co., London, 1891, p. 89

[7] de Charlevoix, op. cit., p. 122

[8] Carlos Villalobos León, “Piratas y corsarios en el lago Maracaibo (S. XVII), en Presente y pasado. Revista de Historia, V. 6, n. 11/12, enero-diciembre, 2001, p. 74

[9] de Charlevoix, op. cit., p. 128-130

[10] Jonh E. Worth, The struggle for the Georgia Coast, American Museum of Natural History, Georgia, 1995, p. 36. digitallibrary.amnh.org/bitstream/2246/270/1/A075a00.pdf

[11] Lacroix de M., op. cit., p. 172-173

[12] Sucesor de Jacques Nepveu de Pouancey en 1683.

[13] de Charlevoix, op. cit., p. 132-133

[14] Ibíd., p. 139-140

[15] Xavier de Charlevoix escribió que la emboscada fue con 800 hombres, algo que considero por demás, exagerado.

[16] Los Niños Perdidos era un grupo de infantería ligera que servía como exploradores.

[17] Una buena decisión, pues para cargar los cañones con rapidez, se requería un mínimo de seis a ocho personas. Una sola no habría podido cargar un cañón antes de ser capturado o muerto.

[18] de Charlevoix, op. cit., p. 199-200

[19] Ibíd., p. 201

[20] de Charlevoix, op. cit., p. 202

[21] Posiblemente este barco haya sido el San Nicolás, mismo que Nicolaas van Hoorn dejó al cuidado de Grammont antes de fallecer.

[22] Ibíd., p. 202-203

[23] David Marley, Pirates and Privateers of the Americas; ABC-CLIO, Santa Barbara, 1994 http://www.blogstaugustinelighthouse.org/april-30-1686-pirate-raid-on-the-oldest-port/


viernes, 27 de agosto de 2021

Semblanza de Nicolaas van Hoorn: el negrero, pirata y corsario que ideó el ataque de mayo de 1683 a la Nueva Veracruz(*)

 

Van Horn, “Striking down a coward”, from the Pirates of the Spanish Main series (N19) 

for Allen & Ginter Cigarettes.

(*) Este texto es parte de un trabajo que fue originalmente expuesto por el autor en la charla ¡Filibusteros al abordaje! llevada a cabo en la librería Mar Adentro, del puerto de Veracruz, el 4 de mayo de 2018.

Luis Villanueva

Nacido en Flushing (Zeeland, Países Bajos), su padre aparentemente fue Cornelis Nicolaaszoon van Hoorn y su madre, Levina Timmermans. Alrededor 1671 contrajo matrimonio con una francesa llamada Lucrèce Le Roux, hermana de un exagente de Nantes de la French West India Company (Compañía Francesa de las Indias Occidentales), con quien procreó dos hijos a los que puso por igual el nombre de Nicolaas. El filibustero Alexander Exquemelin brevemente detalló sobre este personaje:

“Van-Horn era de cara morena y de baja estatura: del tipo que no parecía ni bueno ni malo. Todo esto es poco porque no juzgamos a los hombres por el espíritu; también es capaz de comandar igualmente bien en el mar y en tierra, buen piloto y gran capitán, y su proceder lo reflexiona mucho en todas las circunstancias o al hacer una empresa y sobre la manera de conseguirla […]” [1]

Según el historiador marítimo francés Jacques Gasser, van Hoorn posiblemente aprovechó los contactos de la familia de su mujer para relacionarse con Antoine Le Fèbvre de la Barre, gobernador de la colonias francesas de Cayena[2] (Guayana Francesa) y de las Antillas, quien en una carta fechada en 1681 lo nombró “coronel”.[3] Sin embargo, esta versión no es del todo válida, pues en un cruce de datos realizado por este escribidor e historiadorcillo, encontró que Le Fèvbre no ejercía dicho cargo en aquél año, además de que tanto la Guayana como las Antillas Francesas, tenían cada una su propio gobernador.[4] Lo anterior lleva a elucubrar que el grado militar que le otorgó a van-Hoorn, pudo haber sido con el único fin de dotarle de jerarquía dentro del negocio de la trata de esclavos. Como van Hoorn buscaba proveer a Cayena con estos, Le Fèbvre invirtió 21 mil francos en el negocio, mientras que “un desconocido mercader de París” proporcionó otros 15 mil junto con la promesa de una licencia para comerciar en territorio español los negros que no se vendieran en la Guayana. Un tercer inversionista, cuya exacta participación se desconoce, fue el burgomaestre[5] de Flushing (Países Bajos), Jan van Hoorn, un posible un familiar de Nicolaas. Además, se sabe por una carta del gobernador español de Cartagena (hoy en Colombia), que uno de los dos negreros que tenían el monopolio comercial en los dominios españoles (un mercader genovés llamado Nicolas Porzio o Porcio), también se acercó a van Hoorn para comerciar con los esclavos. Con ese proyecto en sus manos, el ahora negrero se trasladó a Inglaterra en 1681. Allí adquirió el María y Martha, un viejo bajel de la Armada Británica al que rebautizó como San Nicolás y que acondicionó según sus planes. De la correspondencia de Sir Thomas Lynch (gobernador de Jamaica) y su declaración jurada, se desprende que en Inglaterra también consiguió el apoyo de otro par de inversionistas: los coroneles John Bawden y John Strode. El primero, miembro de la Real Compañía de África y el segundo, con intereses financieros en las Indias Occidentales Británicas.[6]

Una descripción de las correrías de van Hoorn por las costas africanas puede leerse en las Declaraciones bajo juramento de James Nicolas y otros marineros del San Nicolás (comandada por Nicolas van Hoorn), realizadas ante el capitán Reginald Wilson (oficial naval), Port Royal (Jamaica), 4 de marzo de 1683. Misma que a continuación se reseña:

Van Hoorn se embarcó en el San Nicolás (400 ton. 40 cañones y 120 hombres de los cuales 50 eran ingleses), con su hijo menor, su cuñado Balthazar Le Roux y un desconocido comerciante de París. En 1681 zarpó de Inglaterra hacia Cádiz, sitio donde se le unió otro bajel (160 ton., 12 cañones y 23 marinos ingleses). Al pasar por la bahía de Vizcaya, la nave de van Hoorn perdió el trinquete y su bauprés, viéndose obligado a entrar en Burnisse (Francia), en donde desertaron 25 de sus hombres[7]. De allí navegaron a la Coruña, en Galicia, donde estuvieron dos días para luego viajar a Cádiz alrededor de la Navidad. Allí van Hoorn desembarcó a 36 hombres sin pagarles su salario y pretendió, infructuosamente, obtener una licencia para tratar en territorios españoles. También bajó a tierra a dos de sus comerciantes por razones desconocidas. La noche antes de partir de Cádiz, van Hoorn envió una barcaza con alrededor de 20 hombres para capturar cuatro pedreros de bronce españoles. Viajaron posteriormente a Lanzarote, en las Canarias; lugar donde robó alrededor de 40 cabras, no sin antes asesinar durante el trayecto a un inglés llamado Nicolas Browne. De este punto se dirigieron a Santiago, una de las islas de Cabo Verde, donde hicieron la aguada. En ese sitio permanecieron cuatro días, situación que aprovecharon cinco de sus hombres para desertar. Navegaron por la costa de Guinea, en Royal Derista [así en el original], sobre la Gran Costa, para abastecerse de leña y agua; luego navegaron siguiendo la línea costera, intercambiando oro por pólvora y armas. Al llegar a Castle de Maind, van Hoorn divisó dos barcos holandeses, a los cuales sorprendió y abordó con el apoyo de sus maestres. Una de las naves venía vacía, por lo que fue despedida; la otra llevaba cargamento diverso, perteneciente a la Compañía de las Indias Occidentales y valuada en 30 mil dólares. En otra acción, van Hoorn sacó por la fuerza a un negro de una nave inglesa y se apoderó de una canoa que venía de Cape Coast (Ghana Central), con bienes de los negros, matando a tres de ellos. En la costa, el pirata comerció con la mercancía robada a la nave holandesa y a los africanos, obteniendo a cambio un centenar de negros y gran cantidad de productos. Posteriormente navegó hacia la costa de Weeda, pues sabía de la presencia de un barco portugués con 700 negros capturados; pero al tener noticias de van Hoorn, la nave se retiró de la zona. Al no encontrar nada, el negrero y pirata se dirigió a la Costa de Chapa, donde desembarcó cerca de 60 hombres y dos grandes cañones. En 28 días lograron capturar alrededor de 600 negros bajo los colores ingleses. También quemaron todas las casas y destruyeron las cosechas, el aceite de palma y el arroz que los negros habían almacenado. 14 días más tarde, hacia fines de abril de 1682, van Hoorn capturó cuatro canoas con cerca de 20 negros: a una de ellas le disparó y al resto las abordó. Posteriormente fueron a Santo Tomás (Islas Vírgenes), para provisionarse de agua; pero naves portuguesas lo interceptaron, perdiendo en el intento un cañón y dos de sus negros y falleciendo durante la refriega el segundo de a bordo de van Hoorn. A fines de octubre se dirigió a Cayena, donde desembarcó a seis ingleses más. En este lugar adquirió una habitación y dejó 80 negros al cuidado de un cuñado de su esposa. De Cayena viajó, a fines de noviembre por Trinidad, Cumaná y Santo Domingo con 300 negros para comerciar. Durante su estancia en este último puerto, el presidente español[8] le decomisó los pedreros de bronce robados en Cádiz; y como se enteró del asalto a los navíos holandeses, hizo pagar a van Hoorn lo hurtado. Por esas mismas fechas, un capitán Johnson fue enviado por el General de Jamaica en búsqueda de un barco llamado El Engañoso, nave pirata que había entrado al puerto y que podría haber hecho contacto con van Hoorn; pero el presidente no le permitió a Johnson entrevistarse con aquél. Finalmente, en diciembre de 1682 Nicolaas van Hoorn fue expulsado de Santo Domingo, haciéndose a la vela con alrededor de 20 hombres y algunos negros.[9] [10]

Hasta aquí el documento.

El investigador Raynal Laprise detalla que, en enero de 1683, el negrero y pirata buscó vengarse de los españoles y para ello se dirigió a Petit-Goâve[11], el principal puerto de francés en La Española. Allí el gobernador Jacques Nepveu de Pouancey le concedió una patente de corso y autorizó que alrededor de 280 hombres de la colonia (principalmente bucaneros y corsarios), se embarcaran con van Hoorn. También le dio como teniente a uno de los más famosos capitanes filibusteros de aquellos tiempos: el francés Michel de Grammont, con quien van Hoorn inició una fuerte amistad.

Las declaraciones de James Nicolas y las investigaciones de Laprise, son coincidentes con lo escrito por Exquemelin, quien al respecto detalló:

“Por su lado [Nicolas] Van-Horn comerció con negros en Santo Domingo, lo que produjo la molestia de los españoles quienes retuvieron sus negros por derecho, dijeron, de represalias, alegando que Van-Horn los había robado; esto no era cierto y no hubiera ocurrido algo similar si hubiera él concurrido para quejarse; aun así, estaban en un error estos caballeros. Dado que no se está en condición para resistirlos ellos no tienen ningún reparo en hacer todo esto sin analizar si tienen el derecho de hacerlo; y cuando no hay razón no les falta pretextos para hacer lo que les acomoda. Van-Horn indignado por esta injusticia, abandona el lugar amenazándolos; pero ellos hicieron poco caso de sus intimidaciones, algo que después traería terribles consecuencias. Él llegó a Petit-Goâve, donde solicitó al señor de Poincy Gobernador de la región una comisión contra los españoles y después de haberla obtenido, equipó su bajel con todo lo necesario para una gran empresa; reunió a la mayor cantidad de gente posible, y juntó casi trescientos hombres de los más bravos, el Capitán Grammond estaba al mando de otros filibusteros, porque un huracán lo había hundido en la costa de Santo Domingo; su bajel llevaba 52 piezas de cañón y todo lo que él tenía entonces. Por lo que había perdido todo, menos el coraje, que no lo abandonó jamás.”[12]

El jesuita Pierre-François-Xavier de Charlevoix, también da su versión de estos mismos hechos, aunque difiriendo en algunos detalles de Exquemelin.

“A inicios de este año [1683] o a fines del precedente, un cierto Vand-Horn nativo de Ostende [13] quien toda su vida sirvió a los franceses; pero quien, de acuerdo con los corsarios comunes, había corrido más de una vez los navíos de esta nación cuando tuvo la oportunidad de hacerlo; Vand-Horn, digo yo, habiendo ido a tratar negros a Santo Domingo, el presidente le retuvo toda la carga en represalia por haber saqueado a los súbditos del Rey Católico. Indignado por este proceder, juró venganza y se fue a Petit-Goâve, y tomó, dice en Historia de los Filibusteros, una comisión de M. de Pouancey, para hacer el corso en contra de los españoles; pero, de hecho, al parecer el autor se equivocó en esto, o bien esta comisión era mucho más antigua, y no lo da a entender así; pues desde años antes el corso estaba prohibido, como dijimos; y fue un crimen contra los bucaneros de la expedición, de los cual vamos a hablar. A pesar de que él, Van Horn reunió a unos trescientos bucaneros valientes, entre los cuales se encontraba Granmont, que había perdido por una ráfaga de viento un barco con 52 piezas de cañón, y todo lo que poseía en el mundo, quiso servir bien como voluntario; más como Van Horn no pretendía mantenerse en el simple corso, que no lo hubiera vengado lo suficiente, buscó compañeros con quienes pudiera hacer una empresa de gran tamaño, y pronto encontró algunos.”[14]

En abril de 1683, van Hoorn capturó a dos grandes naves españolas en el Golfo de Honduras y los llevó a la isla Roatán, situada en el golfo del mismo nombre. Allí unió fuerzas con otros capitanes piratas y filibusteros comisionados por el gobernador de Pouancey[15] o que fueron contactados por van Hoorn, como fue el caso de Laurens de Graff, Lorencillo.

En conjunto con estos líderes, van Hoorn dejó Honduras y navegó hacia Yucatán. El 18 de mayo capturaron el rico puerto de la Nueva Veracruz, lugar en donde obtuvieron uno de los botines más grandes en la filibustería del siglo XVII. Sin embargo, no vivió para disfrutar de tales riquezas, pues en junio de 1683 murió a causa de una herida mal tratada, misma que le infligió Lorencillo en un duelo que sostuvieron en la isla de Sacrificios. Fue inhumado en un pequeño cayo llamado “Logrette” por Exquemelin (posiblemente el cayo Loggerhead[16] [17]), situado a 14 km de Cabo Catoche y a 25 km de Isla Mujeres.



[1] Alexandre Olivier Exquemelin, Historie des avanturiers flibustiers, Chez Jacques Le Febvre, Paris, 1699, p. 379

[2] En francés Cayenne. Ciudad francesa en América del Sur, capital del departamento de ultramar de Guayana Francesa y del distrito de igual nombre.

[3] Jacques Gasser, Les mystérieuses disparitions de Grammont in "L'aventure de la flibuste", Hoëbeke Éditions, Paris, 2002, pp. 211-259

[4] Joseph Antoine Le Fébvre de la Barre fue gobernador de la Guyana Francesa (incluyendo a Cayena), en los años 1664-1665 y en una segunda ocasión, entre 1668 y 1670. Fue gobernada posteriormente por François Le Fébvre de la Barre, entre 1687 y 1691 (otra versión da 1688 como año de inicio del mandato). En cuanto a la isla Tortuga y la costa de Santo Domingo, en 1681 fueron gobernadas por Jacques Nepveu de Pouancey (1676-1681), François Depardieu de Franquesnay (1681-1682) y nuevamente por de Pouancey entre mayo de 1682 y principios de 1683. Fuentes: “Secrétariat d'État à la Marine - Correspondance à l'arrivée en provenance de la Guyane française”, en irel anom. Archives netionales d’outre-mer (sitio web), 17 de mayo de 2010, consultado el 18 de junio de 2018, http://anom.archivesnationales.culture.gouv.fr/ark:/61561/uy306cwy3ys, “Liste des administrateurs coloniaux en Guyane”, en Wikipédia. L’encyclopedie libre (sitio web), 18 de febrero de 2018, consultado el 19 de junio de 2018, https://fr.wikipedia.org/wiki/Liste_des_administrateurs_coloniaux_en_Guyane, “Liste des gouverneurs françois de Saint-Domingue”, Wikipédia. L’encyclopedie libre (sitio web), 11 de junio de 2018, consultado el 19 de junio de 2018, https://fr.wikipedia.org/wiki/Liste_des_gouverneurs_fran%C3%A7ais_de_Saint-Domingue y “Governeurs français de l’île de la Tortue et de la côte Saint-Domingue”, Le diable volant (sitio web), consultado el 19 de junio de 2018, http://membre.oricom.ca/yarl/listes/adm/tortue.html.

[5] Primera autoridad municipal de algunas ciudades alemanas, holandesas, suizas, etc., con funciones análogas a las de los alcaldes de otros países.

[6] Gasser Jacques, op. cit., p. 211-259

[7] En el documento se lee que esta deserción se debió a que “se habían dado cuenta que van Hoorn era un truhan”.

[8] El presidente era Francisco de Segura Sandoval y Castilla, maestre de campo (1679-1684). https://www.geni.com/projects/Gobiernos-Coloniales-de-la-isla-Espa%25C3%25B1ola/39577

[9] “The nefarious exploits of Nicolaes Van Hoorn, privateer”, Crommelin Family website… (sitio web), consultado el 22 de junio de 2018, http://www.crommelin.org/history/Biographies/1647Daniel/1681VanHoorn/VanHoorn.htm

[10]“Affidavits of Vanhorn's piracies”, Crommelin Family website… (sitio web), consultado el 22 de junio de 2018, http://www.crommelin.org/history/Biographies/1647Daniel/1681VanHoorn/1683VanHorn.htm

[11] Comuna de Haití, situada en el distrito de Léogâne, del departamento Oeste.

[12] Exquemelin, op. cit., p. 387

[13] Provincia belga de Flandes Occidental.

[14] Pierre-François-Xavier de Charlevoix, Histoire de l’isle Espagnole ou de S. Domingue. Tome Second, François Didot, Paris, 1731, p. 133.

[15] “The nefarious…”, op. cit, ibídem

[16] Ibíd.

[17] Hoy en día el cayo Loggerhead es conocida como Contoy. La investigadora Ana Elvira Cervera Molina, en su trabajo: “El bucanero reformado como creador de geografías: espacio y territorio en la costa peninsular yucateca”, piensa que Loggerhead es la actual isla Holbox, algo que en lo personal no coincido.