viernes, 19 de marzo de 2021

San Juan de Ulúa. La historia de la fortaleza(*). Siglo XIX y XX (Parte V y última)

 

Por Luis Villanueva

(*)
Ensayo ganador del tercer lugar en el 2° concurso regional de ensayo 2015 del Centro INAH Veracruz.

La resistencia española en la fortaleza, 1821-1825

Aunque la independencia de México ya había sido proclamada, en el puerto de Veracruz aun había tropas españolas. Esta fuerza, compuesta por alrededor de 200 hombres, estaban al mando del brigadier José María Dávila, que a la sazón era gobernador del puerto de Veracruz y se negaba a reconocer la independencia. El 26 de octubre de 1821, Dávila decidió atrincherarse en la fortaleza de San Juan de Ulúa, izando allí la bandera española mientras esperaba instrucciones desde la Habana.

Ya en la fortaleza, Dávila recibió el apoyo de 2000 hombres y piezas de artillería procedentes de la Habana y de España. Por su parte, Agustín de Iturbide ordenó la compra de barcos para poder crear una armada, la cual quedó finalmente constituida por una escuadrilla con la que se bloqueó a Ulúa. Esta fuerza estuvo conformada con las goletas Iguala y Anáhuac, junto con nueve balandras cañoneras; sin embargo, la carencia de artillería para enfrentar a los barcos españoles impidió llevar a cabo el bloqueo con efectividad. El 10 de septiembre de 1822, el brigadier Antonio López de Santa Anna se hizo cargo del gobierno de la ciudad de Veracruz. El 24 de octubre de ese mismo año, José María Dávila fue sustituido por el brigadier Francisco Lemaur.

Una celada de Santa Anna hace creer a Lemaur que la ciudad le sería entregada sin resistencia, por lo que desembarca con una fuerte cantidad de soldados. Sin embargo, Santa Anna los ataca e intenta capturar al brigadier español, logrando este reembarcarse junto con sus tropas y llegar a la fortaleza. Una vez allí, lanzó un bombardeo sobre la ciudad la madrugada del 27 de octubre de 1822 como represalia.

Un segundo bombardeo desde Ulúa se dio el 2 de septiembre de 1823. Esto a raíz de que se impidió que la fortaleza recibiera auxilio médico, militar o de alimentos. La escuadrilla mexicana se mantuvo muy activa desde el segundo cañoneo al puerto hasta el mes de noviembre, en que el general Guadalupe Victoria les ordenó dirigirse a Alvarado para refugiarse de los nortes. Estos barcos emplearon la táctica de acercarse a la fortaleza, cañonearla y alejarse, con lo que constantemente hostigaban a las tropas españolas. Además, habían logrado interceptar a varios buques con auxilio para la fortaleza.

El 25 de octubre de 1823 se decretó en forma oficial el bloqueo a Ulúa. Este obligaba a los barcos españoles a abandonar los puertos mexicanos en 24 horas so pena de ser hostilizados por las naves mexicanas. El 18 de marzo de 1824, Lemaur intentó tomar la isla de Sacrificios, pero no pudo concretarlo debido a que sus fuerzas fueron cañoneadas desde la batería de Mocambo. Esto trajo como consecuencia que se diera el tercer bombardeo a la ciudad de Veracruz, misma que concluyó hasta el 30 marzo.

El bloqueo continuó y su persistencia empezó a rendir sus frutos, pues un desertor español que llegó a nado al puerto informó que en la fortaleza se encontraba una guarnición con 270 hombres enfermos de escorbuto y fiebre amarilla, entre ellos a Lemaur. Pero que todavía había 100 hombres sanos y listos para disparar los cañones. También informó que el brigadier español había solicitado ayuda a Cuba, y que si esta no llegaba en 20 días rendiría la plaza. El 28 de enero de 1825 Lemaur fue relevado por el brigadier José Coppinger.

El 16 de agosto de 1825, el capitán de fragata Pedro Sainz de Baranda, fue designado Comandante General del Departamento de Marina de Veracruz. El 11 de octubre de 1825, Sainz de Baranda y su flotilla naval enfrentaron a un convoy español compuesto por dos fragatas de guerra y dos bergantines cargados de víveres. Después de quedar frente a frente ambas fuerzas navales, la fuerza española dio media vuelta y regresó a la Habana.

Al quedar sin apoyo, Coppinger capituló el 17 de noviembre de 1825, siendo arriada la bandera española de Ulúa el 23 de ese mismo mes. El general Miguel Barragán izó entonces la bandera nacional, mientras que una salva triple de 21 cañonazos le rindió honores (SEMAR).

El bombardeo francés de 1838

En el marco de la llamada “Guerra de los Pasteles”, San Juan de Ulúa tuvo uno de los momentos más álgidos de su historia. A las 2:35 p.m. del 27 de noviembre de 1838, el almirante Charles Baudin ordenó hacer descender la señal de ataque a lo largo de la driza de la Nereida en la que se encontraba, al tiempo que la bandera francesa se izaba a tres mástiles en el bauprés de las fragatas que iniciaban el ataque a la fortaleza: la Nereida misma, el Gloria y la Ifigenia. Una nube de humo envolvió a las naves al rugir de la primera descarga cerrada, a la vez que un poderoso grito de ¡Viva el rey!, precedió a la segunda e imponente detonación de un centenar de cañones, recibiendo la fortaleza una lluvia de proyectiles.

El rugir del cañoneo francés se tornó incesante, contundente, quedando la fortaleza envuelta en una espesa humareda. Resaltando entre el humo los tres colores de la bandera mexicana colocada en el Caballero Alto (Blanchard, 1839). Tras la primera andanada francesa, la respuesta de la fortaleza no se hizo esperar; los artilleros dispararon a un mismo tiempo, aunque sólo contestaba con una cuarta parte de su potencial de fuego para hacerlo.

Las fragatas continuaron disparando sin piedad, siendo emuladas algunos instantes después por las bombarderas francesas Cíclope y Vulcano. En pocos minutos el incendio en la fortaleza fue general, haciendo que se perdieran de vista las fragatas entre el humo. La corbeta Criolla al mando del príncipe de Joinville (hijo del rey Luis Felipe de Orleans), tras colocarse al final entre el arrecife de la Lavandera, se unió al combate (Blanchard, íbid).

Un intenso cañoneo partió de la batería baja del baluarte San Miguel contra la recién alineada Criolla, la cual respondió con furia (Blanchard, íbid). Al final, de todos los barcos alineados para el ataque sólo participaron las fragatas Nereida, Ifigenia y Gloria; la corbeta Criolla y las bombarderas Cíclope y Vulcano. Juntas portaban un poder de fuego de 204 piezas, entrando en acción 108 de ellas. Por su parte, la fortaleza de Ulúa contaba con 153 piezas, de las cuales sólo pudieron ser disparadas unas 40 (Bravo, 1953). Las fuerzas francesas mantuvieron su posición durante la tarde, para así aprovechar la luz y alinearse para bombardear el baluarte San Crispín y a la batería baja de San Miguel, situadas al Este de la fortaleza (Graviere, 1888) (Blanchard, Íbid).

En la fortaleza la defensa fue bizarra. Las baterías se encontraban lanzando su incesante fuego, cuando cerca de las cuatro de la tarde, una gran explosión cimbró el aire y el repuesto de la línea de defensa de la batería baja del baluarte San Miguel: una bomba había penetrado en el polvorín, produciendo una estallido tan violento que ahogó al de los cañones, levantando un“¡Bien!” - Gritó con emoción el segundo al mando al príncipe de Joinville- “¡En el Caballero!”, al tiempo que ambos observaron una gran nube blanca en la base y negra en lo alto elevarse lentamente (Joinville, 1893).a gran columna de humo y lanzando por los aires a varios artilleros que cayeron al mar y en los alrededores heridos o muertos. Entre ellos se encontraba el Capitán de Fragata a cargo de esa batería, Blas Godínez Brito, el cual sufrió heridas de consideración que iban desde contusiones en la cabeza, hasta la fractura de la pierna derecha y de varias costillas, además de haber quedado destrozada su muñeca izquierda (Graviere, ïbid) (Blanchard, Íbid).

Con la explosión se perdió la artillería y una gran cantidad de pólvora encartuchada. De los 17 defensores que se encontraban en esa batería baja, 13 perdieron la vida. La línea exterior de este baluarte quedó desecha y abandonada y la línea interior severamente dañada, reduciendo considerablemente la respuesta de la fortaleza.

A las cuatro y media de la tarde, tras una andanada de cuatro tiros de mortero de la Criolla, voló por los aires el Caballero Alto, cayendo parte de su estructura en medio de un torbellino de fuego, humo y piedras en medio de un ruido ensordecedor. Su voladura cubrió con escombros y cenizas a soldados, naves y estructuras circundantes. También salieron por el aire cañones y municiones, junto con otra parte de los defensores de la fortaleza.

“¡Bien!” - Gritó con emoción el segundo al mando al príncipe de Joinville- “¡En el Caballero!”, al tiempo que ambos observaron una gran nube blanca en la base y negra en lo alto elevarse lentamente (Joinville, 1893).

Desde las naves, los franceses pronto vieron que el mirador y parte de la torre del Caballero habían desaparecido; no ocurriendo lo mismo con la bandera mexicana que allí se encontraba, la cual fue respetada por la explosión y aun ondeaba, desafiante, en la sección de pared sobre la que estaba puesta. Dos explosiones más se dieron en los polvorines, una en la zanja exterior del reducto de la media luna y otro en la batería baja hacia el Este. Una cuarta explosión se agregó alrededor de las cinco de la tarde, reduciéndose con ello todavía más el cañoneo defensivo en la fortaleza (Graviere, op. Cit).

Hacia las cinco treinta de la tarde ya casi no había parque en la fortaleza, la mitad de las piezas que apuntaban al enemigo estaban desmontadas, y puestos fuera de combate una gran cantidad de artilleros, sin que hubiera manera de reponer ni a los unos ni a los otros. Mientras tanto, sólo una pequeña parte de los cañones seguía disparando. Hacia las seis de la tarde, viendo el contraalmirante Baudin los estragos causados por su artillería, decidió moverse a la isla Verde a esperar la noche y preparar un posible ataque al día siguiente (Blanchard, op. Cit.). Pero ya no fue necesario, pues la fortaleza capituló la mañana del 28 de noviembre de 1838.

El bombardeo norteamericano durante el sitio norteamericano de 1847

Durante el sitio norteamericano a la ciudad y puerto de Veracruz, la fortaleza de Ulúa estuvo guarnecida por 1030 hombres y 135 cañones. Su imponente estructura fue un formidable obstáculo para las fuerzas de Scott; por lo que el 9 de marzo, la fuerza naval norteamericana se acercó a la fortaleza para bombardearla; sin embargo, infligieron muy poco daño a la plaza. El 23 de marzo fue nuevamente bombardeada por dicha flotilla, pero con el mismo pobre resultado. Por su parte y durante todo el sitio, la fortaleza realizó un efectivo, aunque intermitentemente fuego sobre las baterías norteamericanas situadas al sur de la ciudad. Afortunadamente para las fuerzas de Scott, no fue necesario realizar un ataque formal a San Juan de Ulúa, pues esta capituló junto con la plaza de Veracruz el 27 de marzo de 1847 (Moseley, 2009, pág. 242).

La prisión militar

La fortaleza de Ulúa fue en su momento el único presidio federal, pues en ella fueron admitidos para purgar sus penas los reos condenados de toda la república, siempre y cuando la sentencia así lo hubiera dispuesto. Lo anterior debido a lo colosal de su estructura, que dio mayor seguridad para la custodia de los sentenciados. Si a eso se le une las condiciones de alta temperatura, excesiva humedad y la total carencia salubridad en que se encontraban sus tinajas, se puede tener un perfecto cuadro del nivel de castigo que podía encontrarse dentro de sus muros. Así, esas celdas recibieron nombres, algunos de ellos en forma sarcástica, que denotaron el nivel de sufrimiento que podían vivirse dentro de ellas: “El Infierno, El Purgatorio, La Gloria, El Limbo, El Potro, La Leona, La Cadena, etc.”.

Dentro de sus tinajas también estuvieron presos políticos del gobierno en turno. Allí fueron recluidos Francisco Xavier Clavijero (1767), Melchor de Talamantes (1809), Mariano Michelena (1813), Benito Juárez (1853), Antonio López de Santa Anna (1867), Félix Díaz (1912), entre muchos más.

San Juan de Ulúa dejó de ser prisión militar el 2 de julio de 1915, cuando se expidió el decreto que a la letra dice:

“1.- El castillo conocido con el nombre de “San Juan de Ulúa” deja desde esta fecha de tener carácter de presidio”. Lo anterior debido a “que durante largos años esta fortaleza sirvió para alojar en lóbregas e insalubres galerías a los reos del orden militar y no pocas veces a los procesados políticos acusados de rebeldía y sedición, exponiéndolos a adquirir, como en efecto sucedía, graves enfermedades y dolencias incurables que con frecuencia ocasionaron la muerte de muchos de ellos”.

*****

La fortaleza de San Juan de Ulúa se ha convertido en un sitio emblemático para los mexicanos, debido a que en ella se ha fraguado mucho de la historia del país. Así, desde el descubrimiento del islote por las huestes españolas hasta su utilización como basamento de una fortaleza, pasando por los hechos, heroicos y de armas que en ella se han dado, Ulúa se ha transformado en punto de apoyo y referencia de hitos históricos que, en conjunto, son utilizados por los estudiosos para entender mejor la historia de México. ¡Y como no ha de ser así, si mucho de la historia de esta nación ha iniciado y/o terminado en Ulúa!

Sus húmedos muros han sido testigo de hechos sin precedente desde el México independiente. Así, la capitulación española de la fortaleza en noviembre de 1825 dio paso a la consolidación de la independencia de México; en 1838 a los cañones de a Ulúa les tocó responder con estoicismo a la fuerza naval francesa durante la Guerra de los Pasteles. En 1847, igualmente respondió con dignidad al ataque norteamericanos durante el sitio a Veracruz de marzo de aquel año. También fungió como protector de la República con Juárez al frente del gobierno liberal en Veracruz. Luego, fue testigo de la llegada de la fuerza Tripartita (Inglaterra, Francia y España) en 1862, que inició la etapa de la intervención francesa, para posteriormente saludar la llegada de los emperadores Maximiliano y Carlota en el Segundo Imperio Mexicano. Finalmente, ya en las últimas décadas del siglo decimonónico sería un presido, el más temible de la época porfirista. Muchas conciencias y voces críticas fueron acalladas allí durante la dictadura. No era algo nuevo: en diferentes etapas de la historia de México otros presos políticos conocieron sus tinajas, como fue el caso de personajes como Fray Servando Teresa de Mier o Benito Juárez García.

También sucesos acaecidos entre sus calcáreos muros han dado paso, en variadas ocasiones, a las leyendas. Así, desde la mulata Soledad que escapó de las mazmorras a bordo de un magnífico barco dibujado por ella, hasta el bandido Jesús Arriaga, “Chucho el Roto”, que se evadió del entonces más temible penal porfirista, el imaginario nacional se ha enriquecido en las letras con la presencia de la múcara fortaleza.

Por todo lo anterior, es que su semblanza debe de ser dada a conocer al ciudadano y a las nuevas generaciones, pues representa no solo parte de la historia de Veracruz, sino también de la historia de México. 

 



viernes, 12 de marzo de 2021

San Juan de Ulúa. La historia de la fortaleza(*). Siglo XVIII (Parte IV)

 

Por Luis Villanueva

(*) Ensayo ganador del tercer lugar en el 2° concurso regional de ensayo 2015 del Centro INAH Veracruz.

En 1710, el coronel y castellano de San Juan de Ulúa, don José Ramírez Arellano realizó la obra del Caballero Alto, y como la fortaleza estaba expuesta por el arrecife en su parte norte (lo que trajo muchas críticas a la obra de Frenck), en 1735 el ingeniero italiano Felix Prosperi elaboró algunos proyectos de defensa para reforzar a la fortaleza por aquella zona. Pero sería hasta el después del ataque de los ingleses a Portobelo y Cartagena en 1741, que se decidió la construcción de algunas obras sobre esa zona del arrecife. En 1742, se iniciaron las primeras obras exteriores bajo la dirección de Prosperi, que incluyeron la construcción, en la parte norte del islote, de las baterías bajas de Guadalupe y San Miguel; así como una media luna. Todas estas construcciones fueron erigidas para la defensa de la fortaleza por el frente del mar. Prosperi también clausuró la entrada junto con la dársena interior fabricada por Frenck y finalmente, abrió por el frente la puerta de acceso a la fortaleza y amplió los terraplenes para la colocación de la artillería.

En 1763 llegó a la Nueva Veracruz el ingeniero Manuel de Santiesteban, quien se encargó de realizar una nueva traza en el revellín de San José, en donde agregó polvorines y almacenes para víveres (1769). También amplió la cara y flanco del baluarte del caballero alto, construyó las plazas de armas de Santa Catarina y del Pilar y realizó la ampliación del baluarte de Santiago.

Entre los años 1765 a 1769 se levantó un revellín sobre el baluarte de la media luna, lo que permitió mayor espacio. En el contorno del revellín se excavó un foso y en la parte externa se construyó un terraplén con una pendiente llamado “glacis”. Entre 1774 y 1785, el ingeniero Miguel del Corral edificó dos lunetas a cada lado del revellín y deja una excelente “relación circunstanciada” de las fortificaciones existentes en San Juan de Ulúa fechada en esta plaza el 30 de junio de 1783. Por su interés, se reproduce a continuación:

Castillo de San Juan de Ulua.”


“Al Norte de la Plaza de Vera Cruz, y a distancia de mil varas esta la Ysla de la Gallega, en la que esta fundada este Castillo, abrigo de las nabes, en cuyo frente al Sur Sudueste se amarran, en que solo los Nortes furiosos, pueden molestar su cuidado, si figura es un Trapecio con los lados al Nor=Nordeste, y al Les=Sueste desiguales y divergentes, […]. Su fortificacion era defectuosisima, pero en el dia ha ido corrigiendo convirtiendo en Baluartes enteros, el de Santiago, San Pedro, y San Crispin, uniformando las alturas de parapetos y rampares, de modo que en el dia ya no hai mas parte poco defendida, que la que debe flanquear el Baluarte de San Crispin, (cuya nueba obra queda a la altura del cordon,) siendo este el parage menos temible.”

“Debajo del terraplen del Baluarte de la Soledad, hai siete Bovedas á pueba, destinadas en el dia a Almasen de viberes, y tres mas que son Aljibes. Debajo de la cortina qe sigue desde dicho Baluarte al de Santiago, hai diez y nueve Bovedas a prueba una de ellas que se halla a la mitad de esta distancia, es Puerta de entrada al Castillo, las dos immediatas, á derecha, é izquierda, forman el Cuerpo de Guardia, y las dos contiguas, a estas, son calabozos, los altos y los bajos con los restantes son Pabellon. para Oficiales de la Guarnicion.”

“En el Baluarte de Santiago y bajo su terraplen, hai diez Bovedas a prueba, dos de ellas sirven de Almasen de Polbora, tres de Quart. a las dos Compañias fijas de Presidio, y las cinco restantes Alojam.to de Precidiarios. En la Cortina del citado Baluarte de San Pedro, bajo de su rampa hainuebeBovedas a prueba que son Pabellones.”

“Debajo del terraplen del expresado Baluarte de Sn Pedro están cinco Bovedas abilitadas de Tablados, altos y bajos para alojam.to de Tropa, quatro mas, para Almasen de Viberes, y otras tres, que se les puede dar el mismo destino, hai á mas de estas,quatro pequeñas Bovedas, para calabozos, ú otros fines. En el rampar de esta Cortina, entre este Baluarte y el de San Crispin, solo hai dos Bovedas a prueba que son Aljibe, por estar lo restante masisado. En su Tras.os hai diez de siete var.s en quadro cada una, dos de ellas con sus respectivos fogones, tres, Panaderia con dos Hornos, y las restantes para los fines q.e se tenga por combeniente aplicarlas. Tiene dha Cortina su cortadura qe mediada de un Foso la corre toda, bajo cuyo terraplén hai diez, y seis Bovedas una de ellas es Yglesia, otra, habitacion de Cura, y las demás están abilitadas para tropa. La plataforma de San Crispin tiene bajo su rampa quatro Bovedas, dos de ellas son Aljibes y las dos restantes estan destinadas para Leña. Sobre dho rampar está el Caballero, monta catorse cañones en sus quatro lados, su figura quadrilonga, en uno de sus angulos, tiene una torre que sirve de vigia, bajo de su Bateria, tiene dos Bovedas, la superior es sencilla entablado su piso para Almasen de Polbora, y la inferior es a prueba, su destino Sala de Armas en tmpo de Paz, y en el de Guerra, habitacion del Gefe que manda el Castillo, respecto a que la cassa que sirbe a este finen el de paz es embigada. En la Cortina entre esta Plataforma y el Baluarte de la Soledad, hai diez Bovedas qe la mitad de su longitud, son á prueba, y la otra mitad sencillas.”

“En el frente del recinto principal que mira al Norte, tiene un revellin construido en la forma regular, que monta diez y seis cañons, debajo de esta obra exterior y asessoria ,hai doce Bovedas a prueba, de las que dos son Aljibe, otra paso al Cam. cubierto, y Cuerpo de Guardia, y las restantes Almasenes, y tres mas debajo del pequeño Reducto ó atrincheram.to que tiene en su centro el que monta seis cañones. Tiene esta obra, y el frente referido su correspondiente foso inundado, camino cubierto, plazas de armas atrincheradas, con sus explanadas en ellas, para quatro morteros, siete cañones en la una, y seis en la otra, palisadas, y Glacis, Puentes lebadisos, y durmientes en las Comunicación.”

“Ocupa el lugar de camino cubierto delante de la cara del Baluarte de la Soledad, una Bateria baja llamada Guadalupe, identica a antecedente con veinte y quatro cañones. Los parapetos de ambas bajos y muy descubiertos, pero están, circumbaladas con cinco lineas de estacas a flor de agua, que la preben de un golpe de mano, defiende esta Bateria el canal del Norueste, crusando sus fuegos, con los del Baluarte de la Concepcion de la Plaza de Vera Cruz.”

“En la Plaza de este Castillo, y en el lugar qe ocupaba la Casa antigua del Castellano, se halla construido nuebam.te un Edificio qe consta de quatroBovedas á prueba muidesaogadas y ventiladas, proprias para los mas utiles destinos, de las qe una se halla con su tablado, en disposicion de serbir, y las otras lo estarán en breve” (Maya, 2003).

A mediados del año 1798, el recién fundado Consulado de Veracruz (por Cédula Real del 17 de enero de 1795), tuvo como objetivo, entre otros puntos, la construcción de un fanal giratorio para orientar la entrada de los barcos al puerto. Bajo esa mira, se inició la construcción de una torre sobre el extremo S.O. del baluarte de San Pedro[1]la cual fue concluida el 6 de abril de 1803 para servir de basamento del futuro fanal. Este fanal fue construido en Londres basándose en los planos del astrónomo y matemático español José de Mendoza y Ríos y traído a Veracruz desde el puerto de Cádiz por la fragata mercante Nuestra Señora del Cantonad el 2 de octubre de 1802 (Gazeta de México, 1802, pág. 150).

Con la torre ya terminada, la instalación del fanal duró un año, para así lanzar su primer haz de luz sobre el Golfo de México el 30 de mayo de 1804.


[1] La torre de la farola vino a sustituir a la Torre Vieja.

jueves, 25 de febrero de 2021

San Juan de Ulúa. La historia de la fortaleza(*). Siglo XVII (Parte III)

 

Por Luis Villanueva

(*Ensayo ganador del tercer lugar en el 2° concurso regional de ensayo 2015 del Centro INAH
     Veracruz.

La llegada del nuevo virrey Zúñiga y Acevedo (1595) fue de importancia para Veracruz, pues es él quien concreta el traslado de la ciudad desde río Jamapa a los arenales fronteros a San Juan de Ulúa (1600). Sin embargo, durante su mandato no se realizaron grandes cambios estructurales en la fortaleza. Entre las pocas que llevaron a cabo está la conclusión de un terraplén en la Torre Vieja, que se realizó por ser “obra más forzosa y necesaria” (Hanke, Los virreyes españoles en América durante el gobierno de la casa de Austria, 1977, págs. 231-236).

Así transcurrieron las primeras dos décadas de este siglo sin llevarse a cabo cambios de importancia en la fortaleza. En 1621, fue nombrado Virrey de la Nueva España Diego Carrillo de Mendoza y Pimentel, marqués de Gelves, quien al llegar al puerto de San Juan de Ulúa y por encargo del rey Felipe III, realizó un reconocimiento al fuerte acompañado de algunos peritos en la materia. Esto debido a se tenía proyectado fortificar la fortaleza. Ese mismo año, el virrey envió al ingeniero holandés AdriánBoot como técnico y director de las obras a realizar en Ulúa, pues su fortificación era el de “más importancia y necesidad de este reino” (ïbid, Pág. 40)

El proyecto de Boot (en conjunto con el grupo de peritos que acompañó al virrey en su inspección a Ulúa), consistió en hacer una cortina que partiera desde la Torre Vieja con dirección noreste, para rematar en el borde del canal del norte con un torreón. Esencialmente era el mismo proyecto propuesto en el año de 1600 (ïbid, Pág. 40), pero tampoco se llevó a cabo y de él sólo nos quedó una copia hecha por la empresa Ruffoni de Florencia, de un bello dibujo a color realizado por Boot, en donde se muestra a la Nueva Veracruz (la ciudad de Tablas, de Paso y Troncoso) en un amanecer cualquiera a la sombra protectora de la fortaleza de San Juan de Ulúa.

El 12 de septiembre de 1625, arribó a la Nueva Veracruz el Virrey de la Nueva España, Rodrigo Pacheco y Osorio, el marqués de Cerralbo, para sustituir al marqués de Gelves. Junto con el virrey también viajó el dominico y misionero inglés Thomas Gage. Este personaje nos legó una impresión del puerto y su fortaleza a su llegada.

“La rada está defendida por una roca, donde se estrellan los vientos más furiosos […] Y además en una roca que hay como á distancia de un mosquetazo delante de la población, en donde los Españoles han construido un fuerte o ciudadela y siempre mantienen guarnición aunque corta. En el pueblo no se ve gente de guerra ni fortificación alguna: la roca le sirve de muralla y defensa. Más del amparo que da al puerto contras los vientos del Norte aquella roca, no se atreven los bajeles a fondear en la bahía sino al pie mismo del castillo, y aun allí se creerían mal seguros, como no se amarraran con gruesos cables á las argollas, puestas para ese intento en la roca” (Gage, 1838, págs. 65, 71-72).

La descripción anterior hace ver que, para ese año, la fortaleza seguía manteniendo la misma estructura que a principios de ese siglo. Cerralbo solo dotó a Ulúa con una “muy buena artillería gruesa” traída de Filipinas. El virrey posteriormente expresaría, como justificación ante la poca obra militar: “en la ciudad de Veracruz se ha hecho lo que ha permitido el sitio y terreno…” (Hake, op. Cit. Pág. 269-290).

Con la llegada al gobierno (1635) del virrey marqués de Cadereyta, se continuó con el reparo de Ulúa (Quijano, Op. Cit. pág. 43). En el año de 1658, fue nombrado castellano de la fuerza de San Juan de Ulúa don Francisco Castejón. Una vez en el mando y tras realizar una inspección de la isla, la consideró muy débil, por lo que propuso la construcción de un puesto en el arrecife de La Gallega, en donde podría cruzar fuegos con la fuerza principal de la fortaleza en caso de un desembarque.

En el año de 1669, Fernando de Solís y Mendoza, corregidor de Veracruz y castellano de San Juan de Ulúa, escribió una carta al rey en donde le explica que el castillo carecía de:

las regulares defensas que debiera, por ser una figura trapecie prolongada, aun sin la forma de paralelogramo, con cortinas corridas a fin de que sirva de abrigo para los navíos como muelle […]”.

Para remediar lo anterior propuso levantar una media luna para cubrir la puerta del castillo por su lado norte, así como hacer un foso de extremo a extremo de la isla por donde entrara el mar, entre otras mejoras. Por esas fechas llega a Veracruz el ingeniero militar Marcos Lucio, que por órdenes del virrey debía inspeccionar a Ulúa y revisar los reparos propuestos por el castellano de Ulúa, quedando de acuerdo con la propuesta de este último. La media luna fue terminada a mediados de agosto de 1670. La obra del foso quedaría sin ejecutarse. (Íbid.Pág. 83-84).

El 7 de mayo del año 1681, fondeó en la rada de la Nueva Veracruz el virrey de la Nueva España el conde de Monclova. En 1682, llega al el capitán de Infantería de Alemanes e ingeniero militar Jaime Franck. El 17 de mayo de 1683, se dio el sorpresivo asalto de 800 filibusteros dirigidos por Michael de Grammont, Laurent de Graff (Lorencillo) y Nicolás Van Horn a la población de la Nueva Veracruz. El papel jugado por Ulúa en este hecho no fue preponderante, pues solo fungió como mudo e impotente testigo de las atrocidades cometidas por los bucaneros contra la población inerme. Sin embargo, esto sirvió como detonante para que las autoridades virreinales se abocaran a una mayor fortificación en Ulúa.

Sería el ingeniero Frenck el encargado de transformar, en menos de cinco años, completamente a Ulúa; pasando de ser una muralla entre dos torres, a un recinto abaluartado y cerrado por los tres extremos restantes, para con ello dar lugar a una fortaleza de planta rectangular. En su interior se instalaron un hospital, iglesia y la casa del castellano. Se construyó en el lado oeste una puerta por donde ingresaban los barcos a una dársena construida en el interior de la fortaleza; también erigió dos medios baluartes, el de Santiago y el de la Soledad e igualmente añadió el baluarte de San Pedro Estas obras fueron concluidas en mayo de 1693 (Quijano, Anuario de Estudios Americanos, 1949).




sábado, 20 de febrero de 2021

San Juan de Ulúa. La historia de la fortaleza(*). De 1525 a 1600 (Parte II)

 

Por Luis Villanueva

(*) Ensayo ganador del tercer lugar en el 2° concurso regional de ensayo 2015 del Centro INAH
     Veracruz.

El 15 de octubre de 1535 llegó a tierras americanas don Antonio de Mendoza, primer virrey de la Nueva España. Dentro de las encomiendas que traía, estaba el informar sobre la cantidad de fortificaciones construidas, o por construir, en la Nueva España, por lo que muy al inicio de su cargo realizó una inspección del puerto de Ulúa. Como al rey le urgía la erección de una “fortaleza y reparo para las naos” en el islote, Mendoza mandó levantar una torre de vigilancia, la cual se fue construyendo sin mucha prisa (Quijano, 1984, pág. 6).

La lentitud en la obra fue confirmada por Hernán Cortés, quien pidió residencia contra Antonio de Mendoza (1543). Acusó que el virrey “puso cierta imposición en las mercaderías que van al puerto de San Juan, que pagasen de cada cosa ciertos derechos para hacer un muelle en el dicho puerto, e otros reparos […] y la obra no se hace sino muy despacio.” (Escritos sueltos de Hernán Cortés, 1871, pág. 332).

Casi diez años más tarde, el 12 de febrero de 1544 arribaron a Ulúa el visitador de Nueva España, Francisco Tello de Sandoval y el contador Gonzalo de Aranda. A su llegada inspeccionaron el muelle que el virrey tenía en construcción. Tras pasar la noche en el islote, examinaron la torre para la defensa del puerto, hecha de mampostería y tan alta como un hombre. También observaron el trabajo desarrollado en el muelle, el cual estaba a cargo de un clérigo y empleaba a un numeroso grupo de negros (Aiton, 1927, pág. 162).

Al ser desplazado de su cargo en 1550, Mendoza dejó a su sucesor, don Luis de Velasco, una relación de su gobierno. En ella escribió que dejaba comenzado “un turrion” en San Juan de Ulúa y que este serviría para “que la justicia sea señor de las naves y marineros del puerto”; también asentó que era necesario construir un revellín donde pudiera colocarse la artillería y levantarlo lo que conviniera para que en lo alto jueguen algunas piezas (Portilla, 1873, págs. 24-25).

Entre el 2 y el 4 de septiembre del año 1552, un huracán golpeó a Veracruz y a San Juan de Ulúa.[1] En Veracruz la crecida del río Huitzilapan inundó la ciudad, produciendo graves daños a la infraestructura urbana. En Ulúa se hundieron cinco naos, las barcas de descargo y unas carabelas de Tabasco; los vientos, lluvia y la fuerza del mar (que logró cubrir la isla con sus vaivenes), destruyeron la mayor parte de las casas.[2] en la isla, ahogando a muchas personas (Virginia García Acosta, 2003, págs. 178-179).

El testimonio del receptor de la imposición, Hernando de Vergara, da alguna luz acerca de las obras de fortificación existentes en Ulúa en la fecha en que impactó el huracán. Él hizo referencia a una torre que está empezada a hacer en dicha isla, que está un estado[3] sobre el agua”. También comentó de una “casa grande que está hecha en aquella parte donde los navíos echan las anclas” (Quijano, 1984, pág. 8).

El desastre puso la atención oficial en la reparación y ampliación del puerto y en la fortificación de San Juan de Ulúa. El alcalde mayor, García de Escalante Alvarado ya había propuesto, desde fines de marzo de 1552 y posteriormente a la presencia del huracán, la construcción, para la seguridad de los barcos y protección del puerto, de una muralla de sillería de cal y canto de 20 pies (6 m) de grosor y 2 brazas (1.82 m) de alto, en donde se empotrarían argollas de metal de trecho en trecho para que en ellas se amarren los barcos. Además, se harían puertas y escaleras para la descarga y troneras con su artillería (Viejo, 1978, pág. 452). Por su parte, el virrey decidió la compra de 100 negros para el afianzamiento y construcción de la torre y muro de las argollas. (íbid. pág. 453).

El piloto Diego Gomedel coincidió con García de Escalante en poner el islote en un estado de que evitara la repetición de los sucesos como los ocurridos durante el temporal recién pasado:

“…Que desde el torrioncillo todo lo que duraba el albarrada que estaba hecha de piedra desde la punta hasta la torre por delante de la casa grande que está hecha al canto del arrecife, se haga una pared de cal y canto de catorce  o quince pies de grueso con sus puertas a trechos y escalera a do lleguen los bajeles a descargar y entre las puertas de una a otra, abiertas sus troneras para alguna artillería y defensa del puerto y en la misma pared por de fuera puestos unos argollones gruesos de metal a donde se amarren las naos y ansi mismo le paresce que desde el turrión a la mar dejando abierto una caleta que allí hay donde se meten las barcas se siga la dicha pared adelante conforme a lo que se tiene atrás […] por lo que haciendo esta pared el puerto queda para poder surgir en él muchas más naos de las que al presente pueden surgir y ansi mismo queda abrigado de allí porque con el huracán pasado todo el daño que las naos recibieron fue por allí, porque estaba la mar con gran ímpetu y venía a reventar la mar en las popas de las naos…” (Quijano, 1984, pág. 8)

En 1560, se puso en consideración la petición de trasladar la ciudad de Veracruz al puerto en la isla de San Juan de Ulúa debido a los inconvenientes (entre ellos los climáticos), que se habían estado presentando. “[…] Hacer la carga y descarga en la ciudad y Puerto de Veracruz y las ventajas que resultaría de ejecutarlo por el puerto a la Isla de San Juan de Lúa (Montero, 1997, pág. 52).

En agosto de 1563, el visitador Jerónimo de Valderrama[4] recorrió las obras en el islote e hizo protesta por la lentitud en que se llevaban a cabo. El avance estaba constituido por una muralla de 1000 pasos de longitud, con altura de 25 pies y grosor de 10 pies. Esta llevaría a trechos unos torreones de 60 pies en cuadro con una altura de 34 pies (9 pies por encima del muro). Sin embargo, para junio de 1564 la obra seguía sin concluirse, por lo que el virrey Velasco, junto con el nuevo alcalde mayor Juan Bautista de Avendaño, propusieron hacer el muro de mampostería para acabarla antes. (Ibid., Pág. 453).

Después del fallecimiento del virrey Antonio de Mendoza, es nombrado tercer virrey de la Nueva España Gastón de Peralta, quien arribó a Veracruz a principios de septiembre de 1566. Dentro de las instrucciones que el Rey Felipe II le había dado, estaba el de construir un muelle en San Juan de Ulúa e informarse del estado en que encontraban las obras en dicho lugar y que diera prisa por concluirlas (Hanke, 1976, págs. 164-168).

El 23 de marzo de 1567, Gastón de Peralta informó al Rey que la obra del muelle estaría concluida en cuatro años y que era menester “correr la muralla para la defensa del norte, o si la fuerza del mar es la que hace el daño para que hagamos en los arrecifes algunos reparos donde las olas quiebren” (Ibid., Pág. 169-185). De Peralta no vio cumplida su promesa, pues en 1567 se le ordenó que regresase a España para defenderse de varias acusaciones hechas en su contra.

El 2 de octubre de 1567 se hicieron a la mar en Plymouth, seis navíos bajo el mando de los corsarios ingleses John Hawkins y Francis Drake. Tras un año de “lucrativo negocio” en las Indias Occidentales (las Antillas), una fuerte tormenta de ocho días de duración provocó severos daños en las naves corsarias, por lo que se vieron obligados a buscar refugio para hacer reparaciones y cargar los bastimentos necesarios para su viaje de regreso a Inglaterra.

Tras toparse y capturar a una nave mercante española, inquirieron si había algún puerto cercano. La respuesta de los españoles fue “San Juan de Ulúa”, en la Nueva España y hacia allá se dirigieron los ingleses tras sopesar Hawkins y Drake los riesgos, pues sabían de la llegada a fines de septiembre de la poderosa flota anual española a ese sitio, y no estaban muy deseosos de encontrarse con ella en el lamentable estado en que se encontraban (Sugden, 2006, pág. 32).

Los corsarios llegaron a Ulúa el 15 de septiembre de 1568. La imagen que tuvieron a su arribo fue la de una rada de aproximadamente 250 yardas (228 m) de longitud, situada entre tierra firme y un bajo de coral en donde se encontraba levantada una torre con troneras para la artillería y una cortina para cañones en su parte alta. Esta cortina, parte fortificación y parte muelle, de 300 pies de longitud (91.44 m), se extendía a todo lo largo de la línea de playa (Rare book & special collections reading room, 2010). Esta última ya tenía empotrados varias argollas de metal de buen tamaño en donde las naves podían ser amarradas.

Miles Philips, uno de los corsarios ingleses que desembarcaron junto con John Hawkins en Ulúa, escuetamente coincidió con la descripción hecha líneas arriba, al narrar lo siguiente: “Cuando desembarcamos nosotros, era este puerto una isleta de piedra que en lo más alto no tenía arriba de tres pies (menos de un metro) fuera del agua, y cuya extensión por cualquier parte no pasaba de un tiro de ballesta, cuando más” (Boletín del Archivo General de la Nación, 1950, pág. 295).

Es posible que las construcciones previamente descritas no fueran mejores que las existentes antes del huracán de 1567 y que fueron arrasadas por ese temporal. Incluso, esa torre[5] debió ser la misma que mandó levantar el virrey Mendoza y para esa fecha, al igual que la cortina, aún seguían sin poder concluirse.

En 1568, fue nombrado virrey de la Nueva España, don Martín Enríquez de Almansa. La flota española en la que venía estaba conformada por 13 navíos bajo el mando de Francisco de Luján, llevando como segundo al mando al almirante Juan de Ubilla. A su llegada a San Juan de Ulúa, el 26 de septiembre de 1568, tuvo la sorpresa de encontrar a los corsarios ingleses posesionados del islote y de la fortaleza. Al final, después de un cruento combate naval, la victoria se inclinó al lado español. La participación de Ulúa en este hecho, aunque mínima en lo referente a la batalla, bien podría ser considerado como el bautizo de fuego para la incipiente fortificación.

La batalla de San Juan de Ulúa mostró sus deficiencias, por lo que Ubilla envía una carta al rey en donde da la idea de “mandar a hacer otra torre a la parte del este.[6] Sin embargo, sería el ingeniero militar Cristóbal de Eraso el que concretaría la idea de unir ambas torres (la nueva y la vieja), con una cortina (el muro de las argollas). (Quijano, 1984, pág. 11).

  Cristóbal de Erazo arribó a Ulúa a inicios de 1570, en donde esperó la orden del virrey para iniciar las obras en San Juan de Ulúa según un proyecto realizado por él mismo. Pero tampoco pudo comenzar los trabajos por la carencia de piedra de cantera, la cual tuvo que pedir a Campeche. En lo que llegaba la cantería se dedicó a concluir la llamada Torre Vieja y el lienzo de la muralla, escribiendo en una carta al rey que, si encontraba cantería para otro baluarte, hacerlo he con toda brevedad a mi posible”. (Ibid., pág. 13).

  El 8 de junio de 1570, el virrey Enríquez mandó publicar una serie de condiciones referentes a la obra de fortificación de Ulúa. Entre aquellas estaba que la muralla debía de medir 138 pies (42 m) de largo, 27 (8 m) de alto y 15 (4.5 m) de ancho. Al final de esta, en el extremo sur, se levantaría un baluarte y caballero de igual alto que la muralla. Este baluarte sería construido con paredes de cantería en el exterior de 18 pies (5.4 m) de grosor, 3 (0.9 m) en las interiores que serían construidas de mampostería y las que servirían de base al caballero de 13 (4 m). La altura del baluarte sería de 27 pies, igual que la muralla y contaría con un aljibe en lo alto. Sobre los 27 pies llevaría piezas para las municiones, dotándolo de una solería resistente para colocar piezas de artillería a barbeta. A partir de aquí se elevarían las paredes del caballero a una altura de 18 pies (5.4 m) y con paredes de 13 pies de grosor. Tres de las cuatro paredes llevarían cuatro troneras. En lo más alto del caballero se colocaría un solado resistente para colocar artillería sobre barba por sus cuatro lados. (Ibid., pág. 14). 

  En 1584 desembarcó en San Juan de Ulúa el comisario franciscano fray Alonso Ponce. Él dejó una descripción de Ulúa, el cual parece demostrar que las condiciones dictadas por el virrey 14 años antes habían sido acatadas, si no completamente, por lo menos en parte:

  “La fortaleza tiene dos torres, una á Oriente y otra á Poniente, y entre torre y torre un lienzo ó adárabe muy largo, labrado todo de cal y canto con mucha fortaleza, por el cual se pasa de una torre á otra; la que está á Poniente es pequeña y de no muy buena piedra, que el salitre del agua de la mar la va comiendo poco á poco, aunque con todo esto es fuerte: la de Oriente es mayor y más capaz, tiene una sala de armas muy grande, un caballero y un grande alxibe, una mazmorra y otras piezas, y en las torres y caballero y otras partes hay muchas y muy gruesas piezas de artillería para la defensa del puerto, con un alcaide y soldados y artilleros que tienen de todo cuidado”.

  El franciscano Antonio de Ciudad Real, a su paso por el islote entre los años 1587 y 1588, escribió una muy detallada visión sobre San Juan de Ulúa: 

 “Cinco leguas de Veracruz de mal camino está el puerto e isla de San Juan de Ulúa […] en esta isla está hay una plaza cuadrada, los lienzos de estos cuadros son casas hechas de tablas, en los tres moran los oficiales de la isla y los soldados y muchos negros y negras que tiene el rey allí para el servicio de la fortaleza que allí está edificada y oficiales y soldados de ella, el otro lienzo ocupa la iglesia, en que reside un cura que administra los sacramentos a los de la isla. Sin estos cuatro lienzos hay otras casas, asimismo de tablas, fundadas sobre la misma mar en aquellos arrecifes, que el agua anda debajo de ellas y algunas veces sube arriba; entre estas hay un hospital hecho de la misma manera, en que se curan los enfermos de las flotas y se les hace mucha caridad; este hospital está a cargo de los hermanos de San Hipólito de México […] La fortaleza tiene dos torres, una a oriente y otra a poniente, y entre torre y torre un lienzo o adárabe muy largo, labrado todo de cal y canto con mucha fortaleza, por el cual se pasa de una torre a otra;  la que está a poniente es pequeña y de no muy buena piedra, que el salitre de la mar la va comiendo poco a poco, aunque con todo esto es fuerte; la de oriente es mayor y más capaz, tiene una sala de armas muy grande, un caballero y un grande aljibe, una mazmorra y otras piezas, y en las torres y caballero y otras partes hay muchas y muy gruesas piezas de artillería para la defensa del puerto, con un alcalde y soldados y artilleros que tienen de todo cuidado. Tiene aquel puerto dos entradas o canales muy angostas y peligrosas, y a cada una de ellas mira una de las dichas torres con sus tiros y piezas de artillería, para que sin licencia del castellano no pueda entrar ninguna nao enemiga, ni aun de las amigas si no hiciere su salva. Con estas torres y murallas está el puerto guardado y las naos de él defendidas algún tanto del norte, porque las amarran a unos gruesos aldabones que están muy fijos en ella… cuando se enoja el norte abienta el agua de la resaca sobre ella y pasa por encima de la otra banda. Hay alrededor de esta isla muchos arrecifes y bajos que casi cada día quedan en seco, unas veces más otras menos” (Tratado curioso y docto de las grandezas de la Nueva España, 1992, págs. 81-130).

El 19 de julio de 1589 es nombrado virrey de la Nueva España Luis de Velasco y Castilla y Mendoza “el mozo”. Algunos meses más tarde, por órdenes del rey Felipe II arribó a San Juan de Ulúa (18 de febrero de 1590), el ingeniero militar italiano Bautista Antonelli para hacer una inspección y levantamiento de la fortificación y también para realizar una traza para mejorar sus defensas.

Tras llevar a cabo la inspección, Antonelli tomó el parecer del virrey Luis de Velasco, llegando ambos a la idea de que lo mejor era levantar un par de reparos (baluartes), por ser Ulúa una plaza abierta y mientras el Rey decidía fortificar. Antonelli también justificó que los reparos serían de poco costo, porque sólo tendrían que construirse “dos traversillos” que defiendan las dos torres y el lienzo donde se amarran los barcos, además de que sólo se tendría que adquirir la cal, pues la piedra que se utilizaría para la construcción la tenemos en la isla, pues no hay sino recogerla”. Tampoco tendría que pagarse por los peones, pues con los negros que había allí podría hacerse el trabajo. El reparo tendría una altura de 20 a 22 pies (entre 6 y 7 m), en donde se podría colocar alguna artillería. Sus muros serían en talud con un grosor de ocho pies (2.4 m). Los baluartes llevarían por nombre Santiago (junto a la Torre Vieja) y delante de la Torre Nueva, el de San Felipe (Amirola, 1829, págs. 251-254). El proyecto de Antonelli no fue llevado a cabo debido a diferencias y objeciones sobre la inutilidad de ambos baluartes con el capitán Pedro Ochoa de Leguizamón, quien poco antes de la llegada de Antonelli había realizado un proyecto de fortificación de Ulúa.

Tras llevar a cabo la inspección, Antonelli tomó el parecer del virrey Luis de Velasco, llegando ambos a la idea de que lo mejor era levantar un par de reparos (baluartes) por ser Ulúa una plaza abierta y en lo que el Rey decidía fortificar. Antonelli también justificó que los reparos serían de poco costo, porque sólo tendrían que construirse dos traversillos” que defiendan las dos torres y el lienzo donde se amarran los barcos, además de que sólo se tendría que adquirir la cal, pues la piedra que se utilizaría para la construcción la tenemos en la isla, pues no hay sino recogerla”. Tampoco tendría que pagarse por los peones, pues con los negros que había allí podría hacerse el trabajo. El reparo tendría una altura de 20 a 22 pies (entre 6 y 7 m), en donde se podría colocar alguna artillería. Sus muros serían en talud con un grosor de ocho pies (2.4 m). Los baluartes llevarían por nombre Santiago (junto a la Torre Vieja) y delante de la Torre Nueva, el de San Felipe (Amirola, 1829, págs. 251-254). El proyecto de Antonelli no fue llevado a cabo debido a diferencias y objeciones sobre la inutilidad de ambos baluartes con el capitán Pedro Ochoa de Leguizamón, quien poco antes de la llegada de Antonelli a Ulúa había realizado un proyecto de fortificación para la Ulúa.

En 1595, Gaspar Zúñiga y Acevedo conde de Monterrey es nombrado el noveno Virrey de la Nueva España. Llegó a Veracruz en la flota de Luis Fajardo a mediados de septiembre de ese mismo año. Con Zúñiga también se harían algunos cambios en la fortaleza, de los cuales se hablará en la siguiente entrega.


[1] Carta enviada por el escribano mayor de la real audiencia Antonio de Turcios el 5 de noviembre de 1552 con las declaraciones hechas por García de Escalante sobre la tormenta y el huracán del 2 de septiembre.

[2] Hernado de Vergara declaró que de 10 casas que había en Ulúa, el mar se llevó a ocho, derribando la novena y dejando muy maltrecha la última.

[3] Un “estado” es una unidad de medida de altura que equivale a 6 pies, la altura de un hombre. (Gordillo, 2014, pág. 164)

[4] Desembarcó en San Juan de Ulúa a fines de julio de 1563.

[5] Después sería conocida como la “Torre Vieja” y posteriormente constituiría la base del baluarte San Pedro.

[6]  Esta nueva torre con el tiempo constituiría el baluarte San Crispín.